La primera es fundamental y en buena parte del Gobierno de Alberto Fernández se la consideró un problema mayor aún que el de las retenciones para el sector agropecuario. Es que, la distancia, por momentos obscena, entre el valor del dólar oficial y el blue escaló hasta cerca del 200%. El 24 de octubre de 2023, mientras el oficial cotizaba a $365 el blue escalaba a $1.100. ¿Por qué eso era tan gravoso para el campo? Básicamente porque el oficial sólo regía el comercio internacional; es decir, sólo se aplicaba para importaciones y exportaciones. Como permanecía planchado y lejos del valor real que creía el mercado, eso intensificaba importaciones y frenaba exportaciones, lo que dañaba seriamente la balanza comercial. Pero a su vez, el dólar era un ancla para evitar una hiperinflación que a esa altura parecía demasiado cercana. Entonces, ese era el dólar que recibía el productor, al que luego había que quitarle retenciones. Con todo, en esos momentos el dólar agro era de $244,6. Sin embargo, enfrente debía afrontar costos ajustados por dólar libre. Entonces, cada vez que la brecha se estiraba, generaba una tensión extrema en la ecuación productiva.
Con la desaparición de la brecha y la unificación cambiaria ese gran problema productivo desapareció. Fue uno de los primeros objetivos que el campo aplaudió del Gobierno de Milei. El otro fue la baja de derechos de exportación de manera permanente anunciada el sábado en Palermo. Entre ambas medidas, a los productores les significó una recomposición en sus ingresos muy significativo. El economista Fernando Marull lo puso en relación a las pizarras de Chicago: “Sin brecha y retenciones del 26% en soja, el productor recibe el 74% de Chicago en dolar libre”, explica el economista haciendo referencia a lo que percibía como dólar blue en la gestión anterior y lo que percibe ahora con el único valor del dólar. En aquel momento, recibía apenas el 30% de lo que cotizaba el dólar informal en la Argentina.