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El todoterreno de Rivadavia

Gustavo Vincenti afirma que no conoce "otro pueblo de menos de 5 mil habitantes tan futbolero como Arroyo Cabral. Los de Rivadavia decimos que nacimos primero, fuimos campeones primero y jugamos torneos superiores primero"

Gustavo Vincenti lo logró. No necesitó cambiar su personalidad, ni agregarle otra apariencia, ni verborragia. Es el “Guty” del pueblo.

Generoso como pocos a la hora de correr y meter, claro a la hora de jugar, reconoció siempre que ser un todoterreno que estaba al servicio del equipo, no le quitaba ningún mérito. Al contrario, ese rubio que llevaba la 5 con orgullo, podía tirarse a los costados como lo hacía para barrer desde el piso, o saltar líneas con un pase quirúrgico, para demostrar que lo suyo no sólo era el corte, sino también la confección de juego.

Tan valioso adentro como afuera de la cancha, valorado y querido por los hinchas, los compañeros, los DT y los dirigentes. Muy buena gente. Por eso Gustavo Vincenti es un emblema del “verde”.

“Mi familia está muy identificada con Rivadavia. Mis abuelos formaban parte de las carrozas que se hacían en el club para la Fiesta de Carnaval. Mi viejo siguió esa línea y se hizo hincha de Rivadavia, pero sus hermanos, en cambio, fueron de Colón”, resalta.

Explica la situación porque “no es anormal que suceda, por los amigos que te da la vida. Mi papá era amigo de Alcalino, Degiovanni y gente de Rivadavia. Mis tíos, en cambio, se hicieron amigos de gente de Colón en el pueblo”.

Aclara: “Mi hermano jugó al básquetbol, yo al fútbol, y mi hijo juega actualmente en Primera. Mi vieja siempre estuvo colaborando con las comisiones, y toda mi familia lo hace actualmente. Esta rama, somos muy de Rivadavia”.

Y agrega: “Mis primos son de mi edad, y aunque no jugaron al fútbol, son hinchas de Colón. Mi hermano y yo somos los únicos que estamos del otro lado de la vereda”, sonríe.

Resalta también: “Jamás perdí el respeto por Colón y su gente. Quizás porque tengo parientes muy queridos y cercanos. Entendí la rivalidad deportiva y la disfruto, porque es muy especial Arroyo Cabral, un pueblo muy futbolero”.

“Me tocó jugar en Defensores de Arroyo Cabral un año. Desde afuera se ve diferente, y entiendo que una alianza nos daría a los cabralenses un poderío superior, al unir las fuerzas. Pero debo ser sincero: no conozco otro pueblo con una rivalidad tan grande entre los dos clubes, y que siga vigente con los años”.

Agrega que “muchas veces sucede que en algunos pueblos con menos de 5 mil habitantes como Arroyo Cabral, un club deja de hacer fútbol u otro deporte. Pero en Arroyo Cabral lo que mantiene vivo a los dos clubes es precisamente la gran rivalidad que existe. Los potencia a los dos”.

“Por suerte se ha entendido bien el folklore del fútbol, y se enciende la rivalidad la semana del clásico, pero después no hay desbordes. Se terminó el clásico, existe la cargada de la semana, y se acabó. Yo no me animé nunca a cargar a un hincha de Colón. Y tengo amigos de Colón como Ariel Menta, pero él tampoco me vino a cargar nunca. Existe el amor por los colores, pero no la enemistad para toda la vida”, reseña.

Un pueblo con dos pasiones

Acepta igualmente Gustavo Vincenti que “la comparación es permanente, pero eso es bueno, porque mejora a los dos. Sé que antes era más marcada, y que el de Rivadavia compraba en el local comercial de Rivadavia, y el de Colón iba al de Colón”.

Luego señala: “Mi otro abuelo era hincha de Rivadavia, pero formó parte de la fundación de Colón. Los que sentían que no tenían tanta participación en el club o en los deportes en Rivadavia, decidieron fundar a Colón”.

Su historia no tuvo giros inesperados, pero “me tocó jugar un torneo Provincial en Colón. La pasé bien, fue una experiencia similar a cuando fui a Alumni o a Alem, más allá que las vivencias fueron otras en esos clubes. Mi sentimiento siempre estuvo en Rivadavia”, dice.

Insistió en que “Arroyo Cabral no participó de la Liga de Baby Fútbol, por eso mis inicios fueron en torneos regionales en La Palestina, Pasco, Ticino. Allí dimos la mayoría los primeros pasos con ‘Pity’ Degiovanni, que fue un gran dirigente de Rivadavia, con un amor muy especial por los chicos”.

Recuerda: “Luego fui a All Boys, donde los dos primeros años fui arquero con Jorge Alamo. Recuerdo que como defensores jugaban Claudio Arzeno y Germán Delpino. Me hacían pocos goles”.

Tras lo cual agregó: “Cuando me tocó jugar en inferiores, ese año había terminado con la valla invicta en All Boys. Todos me tenían como arquero en Rivadavia, pero cuando empecé a practicar en los enormes arcos de cancha grande me hacían goles de todos lados”.

“Así cambié rápidamente de decisión. Empecé a jugar de 5 también en la Liga de Baby, y siempre jugué con los colores verdes en All Boys y en Rivadavia, donde debuté en primera a los 17 años”, dijo.

“Mi puesto era volante central. En Alumni aprendí a jugar como marcador central, porque Iván Miranda jugaba con líbero y stopper, y le fui útil en esa posición, en la que también terminé jugando muchos partidos en Rivadavia. Otro puesto en que me ubicaron fue de volante por derecha en varias ocasiones, como cuando compartí con Carlos Bonaveri, con quien fui campeón”.

Los dos títulos en Primera

Gustavo Vincenti resalta: “Pude dar dos vueltas olímpicas en mi club, y siempre las recordaré muy especialmente”.

En la primera oportunidad “Rivadavia no podía ser campeón desde el año 1974. Si bien estábamos cerca, lo consigue recién en 1991, cuando a mí me había salido la oportunidad de jugar en Alumni”, sostiene.

Sostuvo que “fue un incentivo volver a Rivadavia y ganar el bicampeonato en 1992 con Ramón Rufino Conti”. Y recalca: “Luego vuelvo a salir campeón en 1995 con Juan Carlos Giacri, en aquella final tan recordada en Plaza Ocampo contra Hipólito Yrigoyen de Tío Pujio”.

Primero el “verde”

Resaltó que “los hinchas de Rivadavia siempre decimos que primero se fundó Rivadavia, y después Colón. Que primero salió campeón Rivadavia en la Liga Villamariense de Fútbol, y después Colón. Primero Rivadavia jugó un torneo superior (Provincial y un Argentino B), y después Colón”.

Consideró: “No es para ofender. Soy de Rivadavia, y como les dije, respeto mucho a Colón. La verdad es esa, pero Colón también es un grande, y ganó más títulos que Rivadavia”. Explicó que “esa rivalidad bien entendida es una forma muy linda de sentir el fútbol cada día en Arroyo Cabral”.

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