Con respecto a su segunda vuelta olímpica con el “verde”, Gustavo Vincenti reseña que “la base era la misma, pero el equipo se estaba cayendo cuando asumió Juan Carlos Giacri, y le encontró la vuelta”.

Recuerda: “Con Pablo Requena como DT merecimos ser campeones en 1994, pero perdimos la final contra River Plate, en la ‘Batalla de los Requena’. Me dejó una gran enseñanza: no siempre gana el mejor en el fútbol”.

Dice: “Al otro año parecía que todo nos costaba el doble. Me acuerdo que Pablo Requena me había convencido de que podía jugar de 8, con Carlos Bonaveri como 5, y Osvaldo Gómez por izquierda, con Julio Villagra como enlace. Hice muchos goles en ese torneo”.

Declara: “Siempre lo cargo a Pablo (Requena), porque nuestros hijos juegan hoy en la Primera del club. Le recuerdo que me dejó en la final contra River Plate y perdió esa final. La verdad es que yo no estaba para jugar, porque venía de una lesión, pero jugué un rato”.

“Perdimos un partido raro, pero River Plate tenía un equipazo, siempre tuvo cada jugador que mamita mía, pero les faltaba orden. A nosotros se nos escapó, porque habíamos hecho todo bien”, señala.

La segunda vuelta en la Plaza

Rivadavia refutó aquella creencia que los equipos de pueblo no podían salir campeones en Plaza Ocampo: “Siempre fuimos campeones en Plaza Ocampo. En mi caso, la segunda vuelta la dimos contra todos los pronósticos en 1995”.

“Ese año ya jugaba Germán Balbas, y había venido como refuerzo el ‘Flaco’ Favole. Teníamos buen equipo, muy buenos jugadores, pero nos costó llegar a esa final, en la que enfrentamos a Yrigoyen”.

Remarca: “Nadie apostaba por Rivadavia después de empatar en Arroyo Cabral, porque Yrigoyen había derribado a Colón y tenía un equipo muy joven y veloz”.

Indica: “Tanto habían dicho que nos iban a pasar por arriba físicamente, que entramos tan bien mentalizados en que no nos podían ganar un mano a mano, que jugamos nuestro mejor partido”.

“Nos tocó el orgullo que dijeran que en Plaza Ocampo no teníamos chances. Éramos unos leones, y nos dio más fuerzas. En Plaza Ocampo no gana el más rápido, gana el que mejor juega esos 90 minutos. Y Rivadavia jugó mejor que Yrigoyen esa tarde”, sostiene.

El legado de sangre “verde”

Vincenti remarca: “Rivadavia siempre quería jugar los torneos Provinciales. Teníamos una base propia, y los dirigentes sabían que no cobrábamos porque era una forma de darnos un premio, y a la vez prepararnos para la Liga”.

“En el Argentino B que jugamos nos tocó dejar afuera a Atenas de Río Cuarto y 9 de Julio de Río III. Se agarraban la cabeza los dirigentes, porque luego enfrentamos a Sarmiento de Chaco, Ben Hur de Rafaela, Escuela de Oberá y Alumni, que se quedó afuera porque le empatamos”, resalta.

Agrega: “En Misiones jugamos a las 15. Hacía como 50°. En Chaco íbamos a jugar un sábado, pero el árbitro fue mal notificado, y recién viajó el domingo. ‘Gordo’ Manfredi y ‘Pepe’ Menta se enteraron, y viajaron con sus hijos el sábado a las 22. Al día siguiente se jugó a las 11. No me olvido nunca más de ese torneo. Era como la Champions League para nosotros”.

Recuerda: “En Alumni me tocó jugar en el ‘91 con Manzanares, Santoni, Molina, Rapetti, Coria, Mondadori, Sigifredo, Arbarello. Aproveché esa experiencia, y no me arrepiento de ese desafío”.

Precisa: “Era un cambio grande, porque Alumni trabajaba más profesional, en el que todos entrenan igual, y hay 22 listos para entrar a la cancha. Jugaba en la Liga de Córdoba, y los amistosos fueron con Ferro y Talleres. Había buenos jugadores en la Liga, pero faltaba darles oportunidades. A mí me llevó Claudio D’Ambrosio”.

Comenta: “Mi hijo Andrés tiene más amor y pasión que yo por el club y por el fútbol. Lo veo organizando los asados, pintando la cancha. Juega bien, tiene condiciones. Sufro cuando lo veo. Ojalá disfrute como yo. Al igual que a mi hija Ángeles, con mi señora Karina los alentamos en todo lo que hagan”. Tienen luz “verde” para triunfar.

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