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La sombra de Rohrer: dos testigos ratificaron que vieron el auto de "El francés" en Río Cuarto

Aplomados, sin titubear, los productores agropecuarios Juan Silvestre y Carlos Willberg reiteraron ayer lo que vieron hace quince años y declararon en su momento en los Tribunales locales: que el viernes 24 de noviembre de 2006, un Audi rural gris los pasó como una exhalación cuando volvían de Buenos Aires, por la ruta nacional N° 8, a la altura de Las Acequias, con destino a Río Cuarto.

-Mirá, ahí va Michel -le dijo en aquel momento Willberg a Silvestre.

¿Cómo sabía que era el “francés” si el auto iba a más de 150 kilómetros por hora, era de noche y llovía? “Porque en esa época había solamente dos Audi en Río Cuarto; el de Guillermo Gonella y el de Rohrer”, precisó Willberg al ser interrogado tanto por el fiscal Julio Rivero como por el defensor Marcelo Brito.

Los testigos coincidieron en su relato: salieron de Buenos Aires a media mañana, pararon en el Unicenter a almorzar y refrescarse –era un día particularmente caluroso- y se encontraron con Gonella y su esposa, que los invitaron a almorzar en un campo de la localidad de Pilar, donde –curiosamente- estaría Rohrer. Rechazaron amablemente el convite y a eso de las tres de la tarde emprendieron el regreso a Río Cuarto. Ya entrada la noche, vieron cómo el Audi rural que identificaron como el vehículo de Rohrer los pasaba a toda velocidad a la altura de Las Acequias, donde el “francés” tiene su campo familiar denominado “Cacique Bravo”.

-Yo vi la parte de atrás del auto y puse las luces bajas, porque iba con las altas-, aclaró Silvestre, que iba al volante. Y precisó que si bien no pudo ver la patente, recuerda que el limpiaparabrisas trasero estaba activado y el vehículo estaba lleno de barro.

Willberg dijo que un año y medio después de su declaración en Tribunales recibió en su casa la inesperada visita del mismísimo Rohrer, quien le pidió explicaciones sobre lo que le había dicho al fiscal. “Le dije la verdad: que había declarado que vi su auto esa noche”, precisó. Pero ante la actitud desafiante y prepotente del “francés”, le advirtió que si tenía algo que ver con la muerte de Nora Dalmasso, no esperara su protección: “Declaré que vi tu auto. Pero si te hubiera visto a vos, te hubiera denunciado, por más amigo que seas”.

Tres años después de ese episodio, Willberg recibió un llamado telefónico de Rohrer. El “francés” le advertía que enviaría a su abogado para que le contara que había declarado en la causa. Pero que el abogado nunca apareció, ni se comunicó con él.

Al ser consultados sobre su relación con el imputado, los testigos dijeron ser pacientes de Marcelo Macarrón. Pero mientras Willberg dijo que su único interés en la causa era que se hiciera justicia, Silvestre pidió “que se termine este calvario para la familia del imputado”.

-¿Qué quiere decir con que se termine el calvario? ¿Usted sabe lo que se está juzgando acá? -le preguntó Rivero.

-Me parece que lo están pasando mal, que está incómodo. Cualquiera sea el resultado que tenga, pero que esto se termine -contestó el testigo, mirando de soslayo a Macarrón, que se esforzaba por derramar alguna lágrima.

Tras el protagonismo casi excluyente del vocero Daniel Lacase las últimas semanas del juicio, la fugaz incursión por la sala de los testigos vinculados a la fallida hipótesis de la violación –que ayer evocó dramáticamente el “perejil” Gastón Zárate- habría llegado a su fin: a pedido de Brito, el tribunal consintió no citar a declarar a seis testigos vinculados a Zárate e incorporar por lectura sus testimonios al debate oral. El abogado de Zárate, Enrique Zabala, sí será citado a declarar. Pero su comparecencia podría estar más orientada al papel del vocero que a su defensa del “perejil”, que ayer lo relevó del secreto profesional.

A la espera del informe sobre el legajo de Daniel Lacase–ya informaron que está “limpio” tres de las cinco fiscalías consultadas-, las audiencias volverían a encaminarse hacia la figura preferida del imputado: su (ex) amigo Miguel Rohrer. ¿Se concretará hoy el postergado testimonio de Ricardo Araujo, a quien Willberg definió ayer como “la mano derecha” del “francés”? El tribunal tiene la última palabra.

Hernán Vaca Narvaja. Especial para Puntal