La familia del transportista asesinado en Arias cree que cayó en una trampa
Desde el mediodía del miércoles empezará a escribirse en los tribunales de Río Cuarto la sentencia de Maricel Angiolini, detenida desde diciembre de 2017 por el crimen de su expareja, el transportista Juan Carlos Romero (44).
Ese día serán los alegatos y, después de un debate entre los jurados populares por un lado y los jueces técnicos por el otro, llegarán a un veredicto.
¿Hay alguna chance de que el jurado morigere la acusación de homicidio calificado por el vínculo y privación ilegítima de la libertad? ¿O las cartas ya están echadas y Angiolini va camino a una prisión perpetua?
Ni las pruebas materiales, ni los testimonios recogidos en el juicio celebrado en la Cámara Segunda del Crimen favorecieron a la acusada, una mujer de 45 años, de un 1,50 metro de estatura y 45 kilos, a la que los testigos describieron como una persona calculadora y con tendencia a la fabulación.
Juan Carlos Romero, el camionero de la localidad santafesina de Casilda que desde al menos un año antes de su muerte mantenía una relación sentimiental con la acusada, fue encontrado sin vida el 7 de diciembre de 2017 en el pozo de bombeo de agua de la vivienda de Maricel Angiolini.
La mujer que se encargaba de distribuir garrafas de gas en su pueblo, Arias, vivía sola en la vivienda de la calle San Juan 1234, pues hacía años se había separado de su esposo y su único hijo vivía con su abuela, por la mala relación que existía entre ellos.
Todos en su familia la describieron como una mujer astuta y muy cuidadosa. Detalles que hacen prácticamente imposible que alguien haya podido plantarle un cadáver en el patio de su casa sin que ella lo supiese.
Puntal pudo seguir al detalle el caso porque, si bien se trata de un juicio que se desarrolla sin presencia de público, los responsables de la Cámara tomaron todas las previsiones para que la prensa pueda desarrollar sus tareas.
Los primeros dos días de la audiencia que marcó el regreso de los juicios por jurados populares en Río Cuarto estuvieron destinados a recoger los testimonios de los allegados de Angiolini; y la tercera jornada del juicio, la del jueves pasado, estuvo abocada a receptar vía videollamada la palabra de los familiares de Juan Carlos Romero: una de sus hermanas, su hija Solange y Gabriela Lorena Yuran, la última novia que tuvo el camionero.
Todas ellas dieron a entender que a fines de 2017, cuando en forma imprevista, Juan Carlos Romero viajó desde Casilda a Arias, la relación de pareja con Angiolini estaba terminada y ella habría ideado una maniobra para hacerlo regresar.
Nadie se explica cómo lo convenció, luego de la traumática odisea que Romero había vivido seis meses atrás en la casa de Angiolini.
El camionero nunca le contó con detalles a su familia aquel calvario. Con el tiempo fueron enterándose de que a mediados de 2017 Romero había sido dopado en la casa de Angiolini y obligado a permanecer postrado durante días, sin posibilidad de reaccionar.
“¿Cómo alguien que vivió semejante experiencia fue capaz de volver al lado de la mujer que presuntamente lo mantuvo secuestrado?”, le preguntó el fiscal de Cámara Julio Rivero a Solange Romero, la hija de la víctima fatal.
La imagen que la testigo proyectaba en el monitor era de desconcierto. “No tengo idea de por qué mi papá volvía con ella”, dijo.
En su testimonio, Solange confió que horas antes de que su padre desapareciera de Casilda, ella había visto algunos mensajes de texto que Maricel Angiolini le mandó desde Arias.
“Mi padre había dejado su teléfono cargando en casa y yo le miré los mensajes. Le pedía que viajara para allá sin decirle nada a nadie. Mi papá le respondía que sí iba a ir, pero que iba a ser la última vez, y para lo único que iba era para estar en la cama con ella, porque ya no la quería para otra cosa”, comentó la testigo.
Finalmente, sería la propia Angiolini quien, a fines de noviembre de 2017, viajaría en su auto, un Suran color gris, para buscar a Romero. Un camionero que lo conocía confió a la Justicia que vio el momento en que Romero se subía al auto de la mujer bajita y de cabellos rubios. Fue esa la última vez que lo vieron en Casilda.
Tras el alerta que dieron sus familiares a la Policía y luego de que investigadores de la localidad santafesina coordinaran tareas con sus pares de Arias, el cadáver de Romero fue encontrado en el patio de la casa de Angiolini, con signos de llevar varios días oculto en el pozo de agua, tapado con una pesada plancha de hormigón.
¿Pudo Angiolini haber actuado sola y haber manipulado el cuerpo sin ayuda de nadie? Es el otro interrogante al que intentará responder el jurado, el miércoles cuando dé a conocer el veredicto.
Un hombre pacífico
Tanto los familiares de Juan Carlos Romero como los de la acusada coincidieron en describirlo como una persona pacífica y de buen trato.
Ninguno de los testigos sospechó siquiera que ejerciera algún tipo de violencia sobre su expareja Maricel Angiolini.
La última novia que tuvo, Gabriela Yuran, lo mencionó como una persona tranquila y trabajadora. Aseguraron también que era muy cuidadoso con su camión, por eso llamó la atención cuando lo vieron salir de apuro junto a Angiolini, sin asegurar con llave su vehículo.
Alejandro Fara. Redacción Puntal