El recuerdo está más vivo que nunca. Siempre y cada 2 de abril se hace presente en cada argentino la conmemoración para los vetereanos y caídos en Malvinas.
Erik Walter Langer es de Córdoba pero a los 7 años llegó junto con su familia a Villa María. Realizó la primaria en la escuela José Ingenieros, la secundaria en Rivadavia y luego se graduó en el profesorado de Educación Física.
Tiene 58 años, está casado con Silvia y tiene tres hijos (Tomás, Dina y Bruno) y estos tienen dos nietos: Dante y Victorio.
La vida de este hombre ha sido marcada para siempre. Su juventud ha sido atravesada por la Guerra de Malvinas en 1982. Pero antes de la misma, Erik fue rugbier de Jockey Club, deporte y club que eligió luego de práctica vóley, básquet y fútbol pero sin demasiado entusiasmo. “Recuerdo que iba a sexto grado y un compañero de mi hermana me invitó a entrenar porque les faltaba gente y me enganché, era 1974 y tenía 12 años. Ahí hice todos mis amigos y compañeros hasta el día de hoy”, recuerda Langer sobre sus comienzos en la institución hípica.
Cada 2 de abril es un volver a vivir, el aplauso, la emoción, el recuerdo, el honor y el agradecimiento eterno a los veteranos y excombatientes. Pasaron 38 años y el villamariense cuenta su historia: “Era el año 1981 termino el secundario en el Colegio Rivadavia y ya en 1982 me llega la cédula de notificación que me tenía que presentar el 2 de febrero en el Servicio Militar obligatorio. Así que a mediados de enero nos vamos de vacaciones con mis viejos a Mar del Plata y yo me vuelvo el 29 de enero para presentarme al servicio. El 2 me presento en Río Cuarto. Fuimos con Richard López , Héctor Cobas y Gustavo Espina, también de Villa María”.
-¿Cuál fue la designación en ese momento?
-Mi destino fue en Sarmiento, Chubut. El Regimiento de Infantería 25, ahí comencé el Servicio Militar. Fui elegido para formar parte de la sección AOR (aspirante oficial de reserva). Éramos 35 soldados. Allí me volví a encontrar con Fabricio Carrascull y Horacio Giraudo (murieron en Malvinas), dos chicos de Hernando que me había hecho amigo en la revisión médica. Fueron mis grandes aliados, mis compinches.
Allí nos dijeron que era una sección muy exigente pero que íbamos a estar 6 meses y nos volvíamos de baja.
-¿Cómo siguió la historia?
-El 2 de abril, un día como hoy, participamos del desembarco en Malvinas. Nosotros nos enteramos dos días antes mientras navegábamos en el Almirante Irizar. Recuerdo que nos reunió el teniente Estevez a todos en la bodega y nos dijo: “Lo que estamos realizando es el Operativo Virgen del Rosario y consiste en la recuperación de las Islas Malvinas”. Ahí nos enteramos de que nos íbamos a Malvinas. Las palabras de Erik se hacen un nudo en la garganta y sólo puede decir “pensaba en mi familia”.
-¿Se daban cuenta dónde estaban?
-Nosotros nunca pensábamos que íbamos a estar en guerra. Sí, preparábamos las posiciones. Hacíamos la limpieza y rezábamos todas las noches. Vivíamos en pozos de zorros y lo más importante era hacer llegar noticias a nuestros padres.
-¿Qué significa el 2 de abril en un excombatiente?
-Es un día especial por el desembarco, pero para mí el más importante es el 28 de mayo, ese día combatimos a las fuerzas inglesas y en el que lamentablemente perdieron la vida mis compañeros.
Con un hilo de voz, Erik recuerda al teniente Estevez, al cabo Castro, Arnaldo Zavala y sus inseparables Fabricio Carrascul y Horacio Giraudo.
-¿Cómo fue su reencuentro con la familia?
-A mi familia la vi recién el 12 de junio después de estar prisionero en un barco. Al momento de verlos no reaccioné. Cuando se fueron sí, en realidad estaba shockeado. El regreso a Villa María fue medio duro, vos veías como que todo seguía igual. Como si la guerra no hubiera exisistido. Fue complicado.
-¿Qué papel jugó el deporte tanto en guerra como en la posguerra?
-El rugby me ayudó a respetar a nuestros líderes, trabajar en equipo, a ser compañero. Eso fue fundamental. Y después pasó mucho por lo personal.
-Pasan los años y la lucha por los derechos continúan. ¿Cómo están hoy los vetereanos y excombatientes?
- Estamos muy bien económicamente y también en condiciones de salud. Muchos chicos se han quitado la vida, por el desinterés.
Por ahí faltaría más atención psicológica.
-¿Creés que hoy se los reconoce más que años atrás?
-Con el paso de los años tomo a la Guerra de Malvinas como algo que tenía que pasarme. Fue el destino. Tuve 10 años que no hablaba del tema y después comencé a hablar. Fue una terapia. Muchos no soportaron la presión. Por más que algunos no estuvieron en combate no fue fácil. Particularmente tuve un gran apoyo de mi familia que me vio mal y empecé con tratamientos pero otros no lo tuvieron y terminaron con su vida.
Sin apoyo de sus seres queridos, del Estado y la sociedad en general los llevó a no reinsertarse.
-¿Qué le genera dar una charla a la sociedad?
-Nosotros no queríamos hablar para no hacer daño. Yo no quería hablar ni con mi familia.
Es muy gratificante hablar y dar charlas a los más chicos.
Ir a un colegio y hablar con alumnos y docentes es realmente muy lindo. El reconocimiento es muy valedero.
-¿Que le produjo en su momento volver a jugar al rugby con tus amigos?
-Volver a jugar al rugby fue volver a la vida. Fue mi terapia. Reinsertarme de nuevo en el grupo. Si bien nunca me separé fue el gran soporte. Volver, ser aceptado y compartir con los compañeros, fue una ayuda inmensa en el proceso de recuperación y voy a estar agradecido siempre.
Erik Walter Langer, un héroe de Malvinas que dejó su memoria y su historia de vida a 38 años de la guerra.

