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“Si no podemos generar buenos encuentros y vínculos familiares la escuela va a ser muy difícil”

La pedagoga Liliana González advierte que hemos perdido el registro del otro y que la relación fluida entre padres e hijos en la casa puede ayudar a que los chicos interactúen mejor en el aula

La relación con los hijos y los estudiantes en tiempos de urgencia y tecnología es la temática que aborda Liliana González en su décimo libro, que acaba de publicar, Volver a mirarnos. González es psicopedagoga, columnista de medios radiales y televisivos y, además, brinda talleres para padres y docentes. 

-¿Qué implica volver a mirarnos?

-Desde que nacemos se produce el encuentro con el otro, no hay vida posible sin el otro. Entonces, Volver a mirarnos es una invitación a realizar un turismo interior para ver qué nos está pasando como sujetos, ciudadanos, habitantes de esta planeta, qué lugar tiene el otro en nuestras vidas y cuánto tiempo le estamos dedicando. Hay gente demasiado imbuida en su mundo, en su narcicismo, en un repliegue hacia dentro de sí mismo y el otro parece desaparecer. En esos contextos es muy difícil ser feliz y hacer feliz a alguien.

 -En el libro vos criticás que “los chicos no pasen de las pantallas del contraturno a las nucas de los compañeros”. ¿Cuál es el rol de la escuela y la familia?

-La escuela tiene que hacer muchos cambios: el docente no es el dador de la información para que los chicos la repitan en una prueba escrita. La información está en Google, en Wikipedia. Hoy tenemos que enseñar a investigar y para eso nada mejor que la metodología del trabajo cooperativo, con mesas de cuatro, cinco, rotando los grupos, investigando sobre todos con temas interdisciplinarios donde historia, matemática, geografía se pregunten y se contesten entre ellas. Sentarlos hoy en filas es realmente pasar de las pantallas a las nucas y por lo tanto, no producir el encuentro con el otro. En casa hay que ayudar, obviamente, la casa es de todos, nos miramos, nos escuchamos, comemos sin pantallas, si no podemos generar buenos encuentros y buenos vínculos interfamiliares la escuela va a ser muy dificíl, porque allí hay que interactuar con gente que uno no conoce, con docentes que entran en la vida de los chicos, y si no se hizo en casa ese ejercicio de la mirada, la palabra y la escucha, la escuela va a ser muy difícil.  

-¿Qué sucede con los niños que que hoy comen y crecen frente a las pantallas? 

-Soy enemiga de las generalizaciones. No digo que las pantallas enfermen, no dejen crecer o aprender, lo que creo es que el exceso de pantallas es nocivo para los chicos, para su salud psicofísica y para sus aprendizajes. Un chico con exceso de pantalla no juega con otros, no mueve su cuerpo, se transforma en alguien sedentario, pendiente de la imagen, sin posibilidad de ficción, imaginación y encuentros reales con el otro.  Esos chicos ya están creciendo con dificultades, ya están pasando por el consultorio, con problemas de lenguaje tardío, empobrecido y con  dificultades para socializar. 

-Ahora que comenzaron las clases, ¿es aconsejable que realicen actividades extracurriculares o mejor que estén en casa?

-Los padres tienen que conocer a sus hijos, descubrir sus capacidades y talentos, y a medida que puedan -porque está dificil hoy- fomentar deportes, artes, música, danza, lo que les guste. No se trata de mandarlos a hacer actividades para llenar la agenda para cansarlos, hay que ir escuchando sus deseos y poder acompañarlos. 

-¿Cómo se puede a ayudar a los hijos a encontrar sus pasiones?

-Hay padres que acompañan a los chicos en sus pasiones, en sus deseos y otros no pueden y piensan que a sus hijos nada les apasiona o interesa. Si piensan eso, hace falta ayuda psicológica, porque los deseos, y los anhelos están, pero a veces no los pueden poner en palabras y ahí hace falta ayuda.

-De los talleres que realizás con familias y maestros, ¿cuáles son las preocupaciones que surgen?

-En la infancia, lo que más sale en los talleres y en el consultorio es el problema del aburrimiento en la escuela y resistencia a la lectoescritura. En la adolescencia, la falta de proyectos una vez que terminan la escuela.  En este sentido, creo que el desafío de los padres jóvenes es equilibrar los tiempos del afuera con los del adentro, los tiempos laborales, profesionales, estéticos, deportivos, con los familiares. Hay que poder estar en casa estando, tratar de llegar con algún resto para jugar con los hijos al menos media hora por día, escucharlos. Cuando el papá se angustia y consulta, hay más posibilidad que se produzca algún cambio que con los papás relajados que han tercerizado la crianza en dispositivos.



Magdalena Bagliardelli.  Redacción Puntal

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