Un matrimonio de Sampacho que recorre el país alambrando campos
Judith Bianconi y Marcelo Suárez se dedican a este oficio desde hace más de una década. Desafían el frío y la rudeza de esta actividad tradicional campera. Con mucho trabajo por delante, comparten su experiencia
Marcelo Suárez y Judith Mabel Bianconi son un matrimonio de Sampacho que desde hace 28 años no sólo comparten la vida cotidiana, sino el oficio: son alambradores y recorren el país realizando esta ardua tarea.
Esta actividad que se remonta a los inicios propios de la fundación y conformación del país, y es una parte sustancial en el motor productivo de la región, requiere de mucho esfuerzo físico y de exposición a las más adversas condiciones climáticas.
Hace poco estuvieron trabajando en un campo de Mendoza, se fueron con la casilla porque el trabajo demandaba varios días y hubo jornadas de 8 grados bajo cero, pero la tarea se realizó igual.
"Este es un trabajo como cualquier otro. Sólo hay que ser honesto y responsable para que el patrón no tenga ningún problema. Si nosotros brindamos confianza y hacemos las cosas bien, el dueño del trabajo queda conforme", reflexionó Marcelo Suárez, oriundo de Sampacho.
Judith es una de esas mujeres que le hacen frente a la vida trabajando codo a codo con su esposo.
"Son cerca de diez años que somos alambradores. A algunos les llama la atención. Nosotros necesitamos trabajar y a la vez dar trabajo", señalan.
Al momento de la entrevista con Puntal, un fuerte viento helado proveniente de las sierras trataba de impedir cualquier intento de labor al aire libre. Sin embargo, para el matrimonio de alambradores esto no es obstáculo.
"Yo estoy acostumbrada. En mi zona del paraje Laguna Seca, cercana a Achiras, los vientos corrieron siempre y en invierno las corrientes de aire son heladas, así que no me voy a preocupar ahora por eso", comentó Judith.
Mientras dice esto, su esposo alza un grueso poste de madera y Judith, a pura pala, hace el rellenado con tierra para afirmarlo.
Una caja de herramientas por acá, dos o tres palas de distinta forma, un tractor, la camioneta con un acopladito para llevar las herramientas y el trabajo cotidiano de cercar los campos con alambrados.
El matrimonio de Marcelo y Judith no sabe de fatigas. Desafiando el frío, la llovizna o intensos calores, recorren la zona donde son contratados y, por los comentarios de los productores, estos alambradores gozan de prestigio tanto en el sur de Córdoba como en San Luis y Mendoza.
"Hemos sido invitados a participar de un concurso de alambradores en la Rural de Río Cuarto. Ya tenemos experiencia en esto y hace unos cuatro años, obtuvimos un segundo puesto entre varios como nosotros que como yo saben hacer su trabajo", explicó el hombre.
Cuando a Judith se le consulta sobre esta elección de desarrollar un trabajo tan duro y no elegir la calidez de la casa, sin dudarlo señala que es lo que quiere hacer “y hay que darle gracias a Dios porque tienen mucho trabajo”.
Su historia de pareja comenzó hace cerca de 30 años, se conocieron en un baile de 20 de Junio de Sampacho, donde se reunían las familias de toda la región.
"Hace 28 años que estamos casados. Vivimos bien, nos llevamos bien, nos respetamos y por ahí tenemos una discusión como todo el mundo, pero estamos atentos a nuestro trabajo porque lo debemos hacer bien", comentó este hombre quien habla orgulloso de sus dos hijas, de las cuales la más chica estudia para ser contadora en la UNRC y tienen tres nietos.
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Esta actividad que se remonta a los inicios propios de la fundación y conformación del país, y es una parte sustancial en el motor productivo de la región, requiere de mucho esfuerzo físico y de exposición a las más adversas condiciones climáticas.
Hace poco estuvieron trabajando en un campo de Mendoza, se fueron con la casilla porque el trabajo demandaba varios días y hubo jornadas de 8 grados bajo cero, pero la tarea se realizó igual.
"Este es un trabajo como cualquier otro. Sólo hay que ser honesto y responsable para que el patrón no tenga ningún problema. Si nosotros brindamos confianza y hacemos las cosas bien, el dueño del trabajo queda conforme", reflexionó Marcelo Suárez, oriundo de Sampacho.
Judith es una de esas mujeres que le hacen frente a la vida trabajando codo a codo con su esposo.
"Son cerca de diez años que somos alambradores. A algunos les llama la atención. Nosotros necesitamos trabajar y a la vez dar trabajo", señalan.
Al momento de la entrevista con Puntal, un fuerte viento helado proveniente de las sierras trataba de impedir cualquier intento de labor al aire libre. Sin embargo, para el matrimonio de alambradores esto no es obstáculo.
"Yo estoy acostumbrada. En mi zona del paraje Laguna Seca, cercana a Achiras, los vientos corrieron siempre y en invierno las corrientes de aire son heladas, así que no me voy a preocupar ahora por eso", comentó Judith.
Mientras dice esto, su esposo alza un grueso poste de madera y Judith, a pura pala, hace el rellenado con tierra para afirmarlo.
Una caja de herramientas por acá, dos o tres palas de distinta forma, un tractor, la camioneta con un acopladito para llevar las herramientas y el trabajo cotidiano de cercar los campos con alambrados.
El matrimonio de Marcelo y Judith no sabe de fatigas. Desafiando el frío, la llovizna o intensos calores, recorren la zona donde son contratados y, por los comentarios de los productores, estos alambradores gozan de prestigio tanto en el sur de Córdoba como en San Luis y Mendoza.
"Hemos sido invitados a participar de un concurso de alambradores en la Rural de Río Cuarto. Ya tenemos experiencia en esto y hace unos cuatro años, obtuvimos un segundo puesto entre varios como nosotros que como yo saben hacer su trabajo", explicó el hombre.
Cuando a Judith se le consulta sobre esta elección de desarrollar un trabajo tan duro y no elegir la calidez de la casa, sin dudarlo señala que es lo que quiere hacer “y hay que darle gracias a Dios porque tienen mucho trabajo”.
Su historia de pareja comenzó hace cerca de 30 años, se conocieron en un baile de 20 de Junio de Sampacho, donde se reunían las familias de toda la región.
"Hace 28 años que estamos casados. Vivimos bien, nos llevamos bien, nos respetamos y por ahí tenemos una discusión como todo el mundo, pero estamos atentos a nuestro trabajo porque lo debemos hacer bien", comentó este hombre quien habla orgulloso de sus dos hijas, de las cuales la más chica estudia para ser contadora en la UNRC y tienen tres nietos.