Horas antes de que los vecinos de Marcos Juárez fueran a las urnas, en el peronismo provincial sabían que les esperaba una derrota. Lo que no imaginaban era la magnitud. Incluso los encuestadores oficiales les aseguraban a los dirigentes del PJ que la diferencia no sería amplia.
Al final, fueron más de 15 puntos.
Hace cuatro años, cuando Pedro Dellarossa ganó por primera vez, aquella elección municipal adquirió relevancia nacional. Era el nacimiento de Cambiemos, su debut en una zona productiva. Después, esa fuerza encabezada por el Pro no hizo más que ganar en la provincia. Incluso, en 2017 derrotó con contundencia al peronismo de Juan Schiaretti, al que le sacó 16 y 18 puntos en las legislativas.
¿Es Marcos Juárez una anticipación de lo que vendrá, una muestra de que Cambiemos, que gobierna el país y está aquejado profundamente por la crisis económica, en Córdoba no ha perdido tanto caudal electoral como se esperaba? ¿Tiene que revisar Unión por Córdoba su estrategia para el año próximo? Son preguntas que rondan en el universo peronista por estas horas.
El año pasado, después de las derrotas abultadas contra el macrismo, el PJ inició una estrategia para cimentar el proyecto de reelección de Schiaretti. Apostó, principalmente, a las obras públicas.
Pero la crisis nacional hizo más que el corte de cintas. Con el correr de los meses, el peronismo comenzó a sentirse más cómodo porque entendió que el macrismo había perdido gran parte de su empuje. Mientras las encuestas reflejaban una caída en la imagen del Presidente, los índices de Schiaretti se mantenían o bajaban mínimamente.
Ayer, con los resultados en la mano, había dirigentes del peronismo que reclamaban que se revise la estrategia o, al menos, la lectura del escenario electoral y, como consecuencia, la respuesta ante el calendario que se viene.
Sin embargo, en el schiarettismo le quitan dramatismo a lo que ocurrió enMarcos Juárez. Circunscriben la lectura a un resultado meramente municipal, no provincializable. La intención es, por supuesto, encapsularlo.
Ayer, en su visita a Río Cuarto, el gobernador no quiso hacer una evaluación de la elección. “Ya me expresé en Twitter”, dijo a la pasada.
Por esa red social, Schiaretti había felicitado a Dellarossa y había agregado: “Su triunfo confirma que cuando se elige intendente se hace pensando en el futuro de la ciudad más allá de las valoraciones que tengan de los gobiernos provincial o nacional”.
Con ese tuit, el mandatario provincial, por un lado, intentaba encapsular la elección en Marcos Juárez. Se trata de un triunfo de un intendente al que la gente valora y apoya, fue el razonamiento del gobernador. Pero, además, habló de valoraciones de la Provincia y la Nación.
Con ese dato Schiaretti apuntaba a las encuestas que tiene el gobierno provincial y que aseguran que Macri tuvo un fuerte deterioro en la zona de Marcos Juárez, agrícolamente rica y políticamente conservadora. Paralelamente, aseguran en el gobierno, el gobernador mantiene altos índices de aprobación. En el Panal se atan a esos datos para sostener que en 2019, cuando se pelee por el premio mayor, la situación será distinta.
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Hace cuatro años, cuando Pedro Dellarossa ganó por primera vez, aquella elección municipal adquirió relevancia nacional. Era el nacimiento de Cambiemos, su debut en una zona productiva. Después, esa fuerza encabezada por el Pro no hizo más que ganar en la provincia. Incluso, en 2017 derrotó con contundencia al peronismo de Juan Schiaretti, al que le sacó 16 y 18 puntos en las legislativas.
¿Es Marcos Juárez una anticipación de lo que vendrá, una muestra de que Cambiemos, que gobierna el país y está aquejado profundamente por la crisis económica, en Córdoba no ha perdido tanto caudal electoral como se esperaba? ¿Tiene que revisar Unión por Córdoba su estrategia para el año próximo? Son preguntas que rondan en el universo peronista por estas horas.
El año pasado, después de las derrotas abultadas contra el macrismo, el PJ inició una estrategia para cimentar el proyecto de reelección de Schiaretti. Apostó, principalmente, a las obras públicas.
Pero la crisis nacional hizo más que el corte de cintas. Con el correr de los meses, el peronismo comenzó a sentirse más cómodo porque entendió que el macrismo había perdido gran parte de su empuje. Mientras las encuestas reflejaban una caída en la imagen del Presidente, los índices de Schiaretti se mantenían o bajaban mínimamente.
Ayer, con los resultados en la mano, había dirigentes del peronismo que reclamaban que se revise la estrategia o, al menos, la lectura del escenario electoral y, como consecuencia, la respuesta ante el calendario que se viene.
Sin embargo, en el schiarettismo le quitan dramatismo a lo que ocurrió enMarcos Juárez. Circunscriben la lectura a un resultado meramente municipal, no provincializable. La intención es, por supuesto, encapsularlo.
Ayer, en su visita a Río Cuarto, el gobernador no quiso hacer una evaluación de la elección. “Ya me expresé en Twitter”, dijo a la pasada.
Por esa red social, Schiaretti había felicitado a Dellarossa y había agregado: “Su triunfo confirma que cuando se elige intendente se hace pensando en el futuro de la ciudad más allá de las valoraciones que tengan de los gobiernos provincial o nacional”.
Con ese tuit, el mandatario provincial, por un lado, intentaba encapsular la elección en Marcos Juárez. Se trata de un triunfo de un intendente al que la gente valora y apoya, fue el razonamiento del gobernador. Pero, además, habló de valoraciones de la Provincia y la Nación.
Con ese dato Schiaretti apuntaba a las encuestas que tiene el gobierno provincial y que aseguran que Macri tuvo un fuerte deterioro en la zona de Marcos Juárez, agrícolamente rica y políticamente conservadora. Paralelamente, aseguran en el gobierno, el gobernador mantiene altos índices de aprobación. En el Panal se atan a esos datos para sostener que en 2019, cuando se pelee por el premio mayor, la situación será distinta.

