Entrevista a Ricardo Forster: "Un sector grande mira al otro desde el prejuicio, más cuando ese otro es excluido"
“La pandemia nos permite descubrir cantidad de cuestiones que antes estaban muy solapadas, incluso en nuestra vida cotidiana”, sostuvo el filósofo Ricardo Forster, quien agregó: “El hecho de cambiar costumbres, ver que se puede vivir con mucho menos de lo que creíamos que necesitábamos para vivir, son enseñanzas interesantes que ojalá se logren cristalizar en transformaciones políticas y culturales, que pensemos de otro modo”.
El pensador analizó el contexto actual en relación a la pandemia del Covid-19 en todo el mundo y en especial en Argentina, mientras que se refirió a las actitudes de la oposición, las movilizaciones en cuarentena y el pensamiento individualista.
“Sin dudas estamos en un momento extremadamente difícil; a veces tenemos luces que abren el optimismo, y en otras tantas mayoritarias regresa la oscuridad de la incapacidad de los seres humanos, de ir más allá de sus propias limitaciones”, sostuvo Forster al ser consultado sobre su análisis del contexto actual. En este sentido, destacó: “Cuando la pandemia estalló y descubrimos cómo se corría el velo de un sistema depredador de los seres humanos y la naturaleza, hubo expectativas, cierta mirada optimista que resultó ser un poco bucólica al imaginar que era posible aprender de esta pandemia, con su origen que no fue en una casualidad, sino que fue producto del capitalismo liberal, la deforestación salvaje, las megagranjas”.
En tanto, el filósofo consideró que “hay un aprendizaje, estamos llevando al planeta a un límite. El daño ecológico es gigantesco, el calentamiento global ya no es un problema del futuro sino que es lo que nos ocurre en el presente”. Y ejemplificó: “Los incendios, más allá de los intencionales, están recorriendo el planeta como ha pasado en California o en Australia, son producto directo de lo que algunos llaman ‘la era del antropoceno’, que es la intromisión del ser humano quebrando todos los límites de los recursos naturales, el uso a destajo de los combustibles fósiles durante dos siglos”.
Pese a esta realidad, el pensador sostiene que no se ven cambios en esa mentalidad del hombre, que “las grandes potencias están cada una tratando de ver cómo complicarle la vida al resto y avanzan en su ceguera de consumo masivo y crecimiento productivo”, comentó Forster.
- ¿Este aprendizaje nos conducirá a un mejor escenario con cambios de fondo o nos mantendremos en una rueda eterna?
- Hay días en los que uno se levanta con optimismo y, sobre todo, ve a las nuevas generaciones que critican a la sociedad del hiperindividualismo, al consumo abrumador, al capitalismo liberal que lleva a la humanidad a uno de los momentos más oscuros de la historia, pues nunca el crecimiento económico fue dirigido a tan pocos: hoy un puñado de multimillonarios son dueños de tres cuartas partes de la riqueza que genera toda la humanidad y más de 4 mil millones de seres humanos viven excluidos sin posibilidad de acceder a ningún tipo de trabajo. Entonces, o vamos a un cambio profundo, radical, que reformule la vida de nuestras sociedades, o nos acercamos paulatinamente a una zona abismal. En términos civilizatorios estamos en una encrucijada gravísima. A veces esto abre oportunidades. Creo que esta pandemia ha planteado algo fuerte, desde el terreno de lo político, cultural y económico, que es poner en evidencia la criminalidad del sistema neoliberal a nivel planetario.
- ¿Cómo se ve reflejado esto en nuestro país?
- En Argentina creo que eso se ha puesto en evidencia de un modo claro cuando descubrimos el daño inmenso de los cuatro años de macrismo, que dejó dañado al sistema de salud, que endeudó al país como nunca en su historia, y que, a su vez, hacía un puente con el ciclo de 25 años de neoliberalismo crudo en el país desde la dictadura hasta la década de los ’90 menemista, que hizo un daño tremendo y no alcanzó el tiempo para recomponerlo. Bueno, ahora para una parte importante de la sociedad queda claro que el Estado tiene que ocupar un rol fundamental, que sin Estado no hay salud pública, educación, acceso a la vivienda digna. Pero tampoco sin el Estado que regule las actividades económicas, bajo la lógica de la mano invisible de Adam Smith, es depredadora, implica solamente la maximización de la riqueza de unos pocos. Es un aprendizaje importante, porque hay que recuperar parte de la memoria saqueada durante la culturalización neoliberal de la sociedad. Es muy profunda porque se basa en una remodelación integral de la vida individual y colectiva.
En este marco, Forster valoró como positivo el accionar del Estado nacional de “volcar los recursos para reconstruir el sistema de salud, para salir a la ayuda inmediata de los sectores más débiles y más dañados por la pandemia, para poner una gran cantidad de dinero para que pequeñas y medianas empresas pudieran subsistir en medio de una crisis económica global, lo que implica reformular nuestra mirada de la economía y la relación entre lo público y lo privado”.
- ¿Sorprenden actitudes de ciertos sectores opositores respecto de un cuestionamiento a esta apuesta por el cuidado de la salud?
-No, porque Argentina tiene una historia que nos permite entender cómo se han movido algunos sectores de la sociedad. Hay una parte significativa que avaló golpes de Estado, dictaduras, se desarrolló cultural, política y económicamente en detrimento de una mirada más universal, inclusiva y democrática. La dictadura del ’76 tuvo el aval de una parte de la sociedad. El menemismo que transformó al peronismo en un brazo ejecutor de políticas neoliberales y el desguace del Estado, quita de derechos, privatización, extranjerización de la economía, también tuvo el aval de una parte importante de la ciudadanía. Con las elecciones de 2003, entre Carlos Menem y Ricardo López Murphy sumaron más del 42% de los votos, después de la peor crisis social de la historia argentina. Hoy tenemos un sector que ha logrado captar a una parte importante de la clase media, incluso a un sector popular, que se identifica con una visión neoliberal del mundo, que está atravesado cultural y subjetivamente con la idea del individuo como centro de toda referencia de la vida, y que hace que mire al otro desde el lado del prejuicio, del rechazo cuando el otro es el pobre, el excluido, el inmigrante. Mientras que su mundo de valores está estructurado bajo la lógica de la meritocracia, el emprendedurismo y los exitosos. Son décadas de usar a destajo la industria cultural y los grandes medios de comunicación para generar sentido común. La sorpresa grata, en realidad, es que hay un sector grande de la sociedad que no avala esas posturas, allí está mi optimismo.
Forster señaló que hay un gran sector que cuenta con “conciencia social y política, memoria, y cuando se mira la respuesta en general de la mayoría de la sociedad sobre las decisiones que ha venido tomando el gobierno de Alberto Fernández sobre la cuarentena, ve que hay una mayoría que apoya el privilegiar el cuidado de la salud a la maximización de la rentabilidad económica, incluso el DNU respecto de las comunicaciones también ha tenido un apoyo grande”, consideró.
- Una lectura de los grandes medios y el uso de las redes sociales por parte de la ciudadanía, ¿podría regresarnos a creer en aquella antigua teoría comunicacional de la “aguja hipodérmica”?
- Es parte de la cultura contemporánea, la muerte de la argumentación, el debilitamiento de la reflexión crítica, la fake new como gran mundo de sentido, la masificación de la mentira, la incapacidad de cotejar con la experiencia propia, de poder descubrir que hay hechos de la vida real, que no son invenciones. Creo que hay una parte de la sociedad que ha dejado de pensar, que está actuada y pensada por otros. Tiene que ver con una sociedad del hiperconsumo, de un individualismo grosero y amoral, no es crítico ni reflexivo, donde se pueda discutir qué valores puede plantear, sino que es una falsa ilusión de ser único mientras se es parte de una masa consumista.
No obstante, el filósofo consideró que las sociedades permanecen en disputa en su interior, y ejemplificó: “Hace no muchos años no hubiéramos imaginado que la lucha de los feminismos hubiera tenido una potencia como para penetrar incluso la cuestión del lenguaje y el sentido común, pero hoy hay cosas que están prohibidas en el vínculo entre los jóvenes, ya casi no tienen lugar en estas generaciones las reuniones misóginas de los chicos; eso tiene un impacto, muestra que es posible cambiar formas de subjetivación, formas culturales, valorativas, como el peso del patriarcado, y nos devuelve cierta expectativa”, dijo Forster, e indicó que lo mismo sucede en las nuevas generaciones en relación a las cuestiones ambientales.
- En un contexto preocupante de la pandemia, con más de 11 mil casos nuevos por día, ¿qué opinión le merecen convocatorias a marchas como las realizadas por Mauricio Macri desde Europa?
- Me parece una locura. Creo que deberíamos volver a un ciclo de al menos dos semanas a una cuarentena bien estructurada; estamos al borde del peligro, quizás llegando al pico, y se sabe muy poco del comportamiento del virus. Lo cierto es que se están multiplicando los casos nuevos y las muertes, y para colmo hay quienes siguen llamando a movilizaciones. Estamos pagando el precio de la manifestación del 17 de agosto, está claro que si no nos cuidamos la cosa empeora. Por suerte, el gobierno nacional logró ganar tiempo y recuperar el sistema de salud, que estaba destruido, y en cierta medida aguanta. Pero esto tiene que ayudar a comprender mejor dónde estamos.
¿De Macri qué se puede decir? Se fue a Europa; Zurich y Suiza son lugares muy apetecibles para quienes tienen mucho dinero en negro fuera del país, la verdad que es impúdico opinar desde el lugar en el que está, hablar de Argentina y llamar a una movilización, hablar de libertad y democracia; es una cosa espantosa, es la primera vez que un proyecto de ley que se discute en el Congreso, como lo es la reforma judicial, es acusado de antidemocrático. Es parte de la ofensiva y la estrategia de los grupos económicos y mediáticos que tratan de debilitar y descalificar la decisiones del gobierno nacional.
El filósofo coincidió con la idea de “resentimiento y odio” que une a cierto sector de la población, y sostuvo: “Es como si una parte de los que estuvieron en el placar del procesismo hubieran salido del closet, para decir lo que siempre pensaron pero que por un tiempo debieron callar porque era considerado incorrecto”, pero sostuvo que se debe leer cómo los grupos que tienen capacidad de daño utilizan esos recursos.
- ¿Qué impacto tienen declaraciones como las de Eduardo Duhalde respecto de un posible golpe?
- Creo que Duhalde es un “outsider” de la política, busca protagonismo. Es como un general retirado al que ya le sacaron el último soldado de custodia que tenía, sólo tiene esa capacidad de hacer el mal, pero un mal descafeinado. Es anacrónico, dinosaurio, me parece que la inmensa mayoría de sociedad argentina repudia y rechaza ese tipo de declaraciones, pero sabemos que en América Latina se han utilizado diferentes formas de destitución y golpe que ya no pasan por las estructuras militares, como ha pasado en Brasil o en Bolivia, y hay que tener cuidado con la reaparición de estos sectores antidemocráticos que están allí esperando su oportunidad.