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Capilla Ceferino Namuncurá: por la inclusión desde el Ctalamochita

Desde hace un año, la comisión del templo brinda apoyo escolar, ropero, merienda y catequesis. Además, los chicos se fabrican sus propios regalos para el Día del Niño. Mientras tanto, siguen soñando con techar el lugar
 
Hace 132 años moría en Roma Ceferino Namuncurá; un joven argentino aspirante a sacerdote por la orden de los salesianos. Su caso no era nada común. Hijo del cacique mapuche (Manuel Namuncurá) y una cautiva blanca (Rosario Burgos), Ceferino creció en las tolderías de Río Negro. Y nada hacía sospechar que abrazaría la vocación religiosa y años después se convertiría en el “Apóstol de los Indios”. Y por extensión, en el santo de todas las minorías y excluidos. Especialmente de los jóvenes desposeídos de la Argentina.

Ha de ser por eso que en 2010, cuando la comisión barrial puso la piedra fundamental de la capilla en el Ctalamuchita no lo dudaron: la capilla se llamaría Ceferino Namuncurá. Acaso porque en aquel nuevo sector de quintas y countries había una barriada de chicos pobres y marginados; de chicos con un acceso casi nulo a la educación y a la salud y sin ninguna chance de asistir a una iglesia.

Ocho años después y mientras la capilla espera ser techada, la sala parroquial no cesa de generar actividades para la niñez. Los miércoles de 14.30 a 15.30 con el servicio del ropero; los sábados a la mañana con el catecismo (a fin de año nueve chicos tomarán su primera Comunión en el barrio) y los sábados a la tarde con deporte y recreación (adultos de 16 a 17 y niños y adolescentes de 17 a 18 con merienda incluida). Y una vez al mes, misa con el padre Víctor, de la Catedral de Villa Nueva. También sesiones de apoyo escolar, talleres (el último fue de “armado de los propios juguetes” para el Día del Niño) y charlas educativas.

“San Ceferino es el patrono de esta capilla y de nuestros chicos -comenta una de las coordinadoras- El lema suyo era “quiero ser útil a mi gente”. Y es el de nuestro grupo también. Pero vení que te presento a Valentín y Milena. Creo que ellos encarnan muy bien esta idea”.

Dos hermanos y una misión

Milena y Valentín Palacios son hermanos. Ella tiene 19 años y estudia para ponerse una peluquería y barbería masculina; mientras que Vale tiene 12 y cursa sexto grado en la escuela República de Bolivia de Villa Nueva. Pero sin dudas, el título que más orgulloso los pone es sentirse que son “coordinadores” de la capilla, que “ayudan a ayudar” a tantos chicos.

-¿Cómo es que con apenas 12 años ya sos coordinador, Valentín?

-En realidad el que nos enseña fútbol es mi papá, Alberto Palacios, que todavía juega en el torneo Amistad. Yo nada más ayudo. Armo los arcos, traigo las pelotas y pongo las redes de vóley. También hacemos handball.

-¿Están armando un equipo para jugar por ahí?

-Estaría buenísimo pero recién empezamos. Yo antes jugaba para Alem pero dejé porque estaba cansado. Ahora quiero jugar para Ceferino Namuncurá...

-¿Y vos Milena, cómo llegás a la capilla?

-En realidad, primero la llamaron a mi mamá para colaborar con la merienda. Y yo empecé a venir para ayudarla. Me gustó y me quedé. Estoy todos los sábados con los más chiquititos mientras los más grandes juegan al fútbol. Y así nos fuimos transformando en coordinadoras de la merienda para ayudar. Además de mi mamá, estamos con Sonia y Luciana.

-Por si fuera poco, te querés poner una peluquería...

-Sí (risas) Y para el Día del Niño les voy a cortar el pelo gratis a todos los chicos que necesiten.

-Contame cómo es la merienda los sábados...

-Es una leche chocolatada con bizcochos o facturas que siempre nos donan. Y la tomamos a las 17, cuando terminan de jugar los adultos y antes de que empiecen los más chicos. Lo que sobra, se lo damos a quienes más lo necesitan.

Solidaridad “que no tiene techo”

Si hay algo que resalta en la sala de la parroquia es el “banner” de Ceferino y el anuncio de la campaña para construir el techo. Allí se ven todos los cuadraditos que faltan para completar el cielorraso. 

“Cada cuadradito representa un metro cuadrado de techo terminado; es decir dos mil pesos -comenta otra coordinadora- Cuando vendemos uno, le ponemos el tilde... Mirá todos los que faltan... Es la campaña que lanzamos el año pasado. Se puede colaborar comprando “un metro de cielo” en Todo Pino, en la Ruta 9 de barrio Las Playas. Quienes presenten esa factura, se le van desgravar impuestos. Mientras tanto hacemos actividades para recaudar. Un Té-Bingo en el country o una cena en Eureka de Villa Nueva. Por suerte algo sacamos.

-¿Les falta mucho dinero para techar?

-Nos falta casi un millón de pesos, pero no perdemos las esperanzas

-¿Qué me podés decir de los talleres educativos?

-Que son de gran importancia y concentran a toda la familia. En lo que va del año  hemos traído a dos médicos y un oculista que revisó a los chicos y les hizo anteojos. También a un especialista en diabetes, una payamédica, una monja, una ecologista y el padre Sergio Peralta. Muchas de estas actividades las realizamos en conjunto con la escuela Antonio Sobral, para trabajar en red con el barrio. A los disertantes les damos un certificado de Voluntario sin Fronteras, porque pueden ser de otra religión o enfoque pero igual dejaron todo para estar con los chicos. Nuestra gran fiesta será el 26 de agosto, el Día de San Ceferino. Ese día tendremos misa...

Los que han venido ese día, afirman que el alma de Ceferino se hace presente de un modo casi palpable; que el “Apóstol de los indios” vuelve a socorrer a los que menos tienen, a los que están excluidos, a los que hasta hace poco no tenían chances de un ropero, un chocolate, un equipo de fútbol o la catequesis. Que Ceferino viene y los abraza a ellos, los que mantienen viva la esperanza del mundo.



Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María

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