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Colaboración: el merendero San Expedito realiza hoy un gran locro

El emprendimiento que coordina Estela Águila da de comer a 74 chicos todos los días. Hoy hasta las 13.30 podrán retirarse las porciones en calle Figueroa Alcorta 1008

Quizás no haya inauguración política que se compare a una inauguración “tracción a sangre”. Máxime cuando se trata de solidaridad absoluta, la de quien viene a ofrecer su corazón. Y es lo que pasará este mediodía en el corazón de barrio Las Playas, cuando el merendero que se levantó hace un año y sufrió todo tipo de embates (desde la inclemencia del tiempo hasta las inexplicables “rifas truchas” que un vecino falsificó para ganancia personal) inaugure este mediodía su sala refaccionada y su flamante cocina. “Nos faltan detalles del baño y el revoque de afuera pero estamos orgullosos igual –comenta Estela- Imaginate que hasta anoche estuve ayudando a los albañiles. Después que terminamos, mi esposo que no me puede ayudar por su enfermedad, les organizó una faldeada a todos”.

-Y no había mejor forma de estrenar la cocina nueva que haciendo un locro solidario…

-Sí. Y si lo pudimos hacer fue gracias a los chicos de la filial de Belgrano de Córdoba. Ellos nos ayudan en todo desde hace un año. Imaginate que al locro lo va a preparar uno de ellos. Y traen todos los ingredientes. Esperamos vender las 150 porciones porque es para terminar de pagarle a los albañiles y el material. Todavía tenemos más cosas para hacer pero vamos de a poco, pero el que quiera encargar… (Y Estela me pasa su número 353-5-652351)

-Además del locro para llevar, habrá comida en casa ¿no?

-Sí, como cada día. O como casi todos los días. Porque hoy estamos dando la merienda a 74 chicos de uno a trece años los lunes, miércoles, jueves y sábado. Pero los domingos también. Siempre te golpean la puerta preguntándote si no te sobraron bizcochos o pan. Y yo les doy siempre. De los que sobraron y de los míos. Mi marido me dice “¿por qué no te podés sentar a comer tranquila una vez?” Y yo le digo que no puedo sabiendo que allá afuera los chicos no tienen. Él se queja porque desde que tengo el merendero lo tengo abandonado completamente… Y tiene razón, pobre… (risas)

-¿Y qué más habrá en la salita amén del suculento almuerzo “pirata”?

-Habrá un partido de fútbol, por supuesto. Será entre los chicos y las chicas del merendero; los que entrenan los profes Diego Pedernera, Franco Ortiz y también Gustavo, un chico nuevo del que me olvidé el apellido… Esos chicos valen oro… No sabés todo el sacrificio que hacen… Salen del trabajo y se vienen hasta acá para enseñarles a jugar al fútbol a los chicos sin cobrar un peso. Vienen dos veces por semana así haga frío o estén cansados. Y los chicos los aman. Les han enseñado mucho fútbol pero sobre todo les han enseñado respeto. Desde que ellos están, ninguno dice malas palabras…

-¿Y el partido será mezclado?

-Totalmente. Las chicas están tanto más entusiasmadas que los varones. Además, van a estrenar ropa de fútbol nueva, con la inscripción “San Expedito”. Un regalo de la gente de reciclado de la Municipalidad. Es algo que le quiero agradecer muy especialmente a Marcela Durán de la Cooperativa 7 de Febrero. A las medias las donó el señor Beltramo y a los pantaloncitos la firma “Dalemás”. Y después del partido, el baile…

-¿Qué baile?

-El de las nenas que tienen danza árabe con la profe Orellano. Y después de folclore entre chicos y chicas. De a poco queremos ir haciendo un ballet, darles actividades y participación a los chicos, que se puedan integrar socialmente. De eso se trata la dignidad ¿no?

De corazón sin igual

-¿Y cómo nació tu idea del merendero?

-Yo antes militaba mucho en el peronismo. Pero también empecé a juntar ropa para los damnificados de San Juan y de Misiones. Hasta que un día, mi amigo Milo Soria me dijo “Estela, el problema está acá, en el barrio. Hagamos un merendero. Vos tenés terreno de sobra”. Me habló de tal forma que me convenció. Pero como no íbamos a poder construir tan rápido, alquilamos un garaje. Ahí empezamos dándole la merienda a 14 chicos. Después, poco a poco, fuimos limpiando el terreno de al lado y mi marido me dio la plata para empezar con el saloncito.

-¿Y qué pasó con Milo?

-Al poco tiempo se tuvo que ir a otro lado y me dejó sola con un proyecto que era conjunto. Y tuve que arreglármelas porque mi esposo, por su enfermedad, no me puede dar una mano. Así que yo les preparo la merienda a los chicos y ellos me ayudan a servir. Les hago tortas, pasta frola… De todo. Por eso siempre pedimos si nos pueden donar harina, leche y huevos. Eso es fundamental. Después, yo salgo a buscar el pan por el barrio todas las mañanas.

-Decías que antes militabas y ahora no ¿Te decepcionó la política?

-No sé si me decepcionó, pero ya no puedo mirar desde el partidismo. Ojo, me quedaron grandes amigos. Una de ellas es Nora (Bedano). Ella me ayudó muchísimo con la medicación de mi esposo cuando no la podíamos comprar. Al principio éramos compañeras pero ahora la considero una amiga. Eduardo (Accastello) también.

-¿Y el actual intendente?

-Martín es una buena persona pero nunca le pedí nada. Tampoco vino nadie del Municipio a verme excepto Marcela, que me ofreció las camisetas que te dije, lo cual para nosotros es mucho. 

-¿Las familias de los chicos no colaboran?

-Casi nada. Ojalá lo hagan a partir de hoy cuando vean parte de este sueño cumplido. Cuando hicimos la canchita en el terreno, la hicieron solamente los chicos. Ellos pintaron los arcos de celeste y blanco. La crisis aumentó y en los últimos meses se nos duplicó la cantidad de nenes. Y una no puede decirles que no. El otro día vino uno y cuando le di la taza de leche sacó la mamadera y la llenó. “No era para mí, era para mi hermanito” me dijo. Y cuando se iba lo llamé y lo abracé. Por cierto que también había una taza para él.

-Los que evidentemente te ayudan son los chicos de Belgrano ¿no?

-A ellos les debemos el hecho de poder seguir existiendo. Martes y viernes nos traen bizcochos, chocolate, leche y azúcar. De todo. La otra noche trajeron pan y chorizos y les hicimos choripanes. Ahora están viendo de hacerles un seguro a los chicos para llevarlos a la cancha a ver los partidos. 

Le digo a Estela que en la cancha le van a enseñar aquel clásico cantito. “¿Qué cantito?” me pregunta. “El que dice “Viejo y glorioso Belgrano/ de corazón sin igual”. Y quisiera decirle “como el tuyo, Estela”. Pero en vez de decirle eso le hago la última pregunta. Por qué le puso al merendero el nombre de “San Expedito”. Respuesta: “Porque no había más tiempo que perder. Había que hacer el merendero y lo hicimos”.

-Y porque San Expedito es tu santo preferido ¿no?

- Después de Dios...

Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María.

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