Vendió todas sus pertenencias para construir un merendero y un templo para los enfermos
Karina de la Rúa sostiene: “Siempre hay alguien que puede estar peor que nosotros”. Con mucha humildad y amor al prójimo edifica un espacio que hoy necesita de la ayuda de todos
Siempre, desde chica, tuvo la convicción de que uno llega a este mundo para ayudar, principalmente a los más necesitados. Y no desde el punto de vista económico, sino con afectos, valores, y enseñanzas. Porque para ella: “Siempre hay alguien que puede estar peor que nosotros”.
Karina Verónica de la Rúa decidió hace varios años hacer realidad un sueño personal. Construir un merendero, pero también un templo para asistir a los enfermos. Y con esa premisa, junto con su esposo Pablo Ramón Sosa, decidió hacerlo realidad.
Como siempre, los recursos económicos terminan siendo un condicionante para saber hasta donde uno puede llegar. Los pocos ahorros fueron insuficientes, entonces decidió vender cada una de sus pertenencias. Y con la ayuda de algunos comerciantes logró adquirir un terreno y comenzar a edificar el espacio.
En el corazón de barrio Nicolás Avellaneda se encuentra la construcción, más precisamente en el cruce de San Juan a Intendente La Colina. “Al lote lo pude comprar en cuotas, todos los meses voy pagando como puedo pero hay veces que no llego”, sostiene en la charla con PUNTAL VILLA MARÍA.
La estructura en pie cuenta con un salón amplio, y otras dos habitaciones más, aunque aún falta mucho por hacer. En el espacio principal resta revocar las paredes, y es el único que cuenta con contrapiso y algunos escritorios y sillas que fueron donados.
“Tengo que hacer la instalación de agua y cloacas, pero no llego. Confío en que la gente se pueda comprometer, muchos nos ayudaron. Un empresario que vende materiales para la construcción donó las bolsas de cemento para el techo, y otros vecinos la piedra y la arena, pero como siempre ocurre, falta mucho por hacer”, sostiene De la Rúa.
El predio está abierto para todos.“Quien quiera venir a conocerlo. Es poco lo que tenemos, pero es mucho lo que podemos dar. Siempre decimos que hay alguien que puede estar peor que nosotros, y por eso tomamos la decisión de hacer esto, de ayudar al prójimo y a quienes más lo necesitan”.
Pensar en los más necesitados
De la Rúa hoy ya pasó los 40 años, pero a los 17 ya tenía decidido hacer algo por los más humildes. “Inicialmente quería construir un comedor, porque aunque muchas veces no se vea, hay gente que no tiene para comer”, reconoce, y admite que prácticamente de manera diaria visita viviendas particulares para ayudar a los que menos tienen.
Dos años atrás, con el dinero recaudado de la venta de cada uno de sus objetos personales, inició la compra del sitio y de manera paralela la construcción. Desde entonces buscó recaudar fondos con “polladas y venta de empanadas, pero lamentablemente no dieron el resultado esperado”.
El merendero apunta “a ayudar a los más carenciados, y no necesariamente niños, sino a todos aquellos que requieran de alimentación. Y junto a él pretendemos tener un tempo de sanidad para los enfermos”.
En otra sala se prevé la edificación de un ropero comunitario. “Todo está por hacerse, las paredes ya están en pie y lo que pretendemos es concluir con la obra de agua y cloacas que es muy costosa no sólo en materiales sino también en mano de obra”.
Y ante ello entendió que es necesario que la sociedad “se involucre”. “Esta es una entidad sin fines de lucro, que piensa siempre en el otro. Si cada uno aportamos un granito de arena, ya sea con materiales o con mano de obra, el resultado será fabuloso, porque muchos niños y grandes podrán merendar”.
De la Rúa explicó que inició gestiones ante el Municipio meses atrás, aunque todavía los resultados no llegaron: “Dejamos carpetas con documentación y supuestamente nos dijeron que había una partida para este tipo de entidades, pero todavía no nos volvieron a llamar”.
En la charla, tanto De la Rúa como Sosa explicaron que el espacio “está abierto para quien quiera venir a conocerlo y ver qué se pretende lograr con esto”. “No tienen más que llamarnos y nos encontramos en el lugar”.
Por el momento el pedido apunta: “A disponer de fondos o elementos que permitan concretar la obra de agua y cloacas que necesitamos, y si se puede avanzar con el revoque y las demás terminaciones del espacio. Queda mucho por hacer, pero estamos convencidos de que la gente puede aportar para que esto sea una realidad”.
De la Rúa insistió: “De manera diaria asistimos a varias personas, muchas de las cuales se encuentran enfermas porque no tienen un plato de comida. Y a ellos los visitamos porque necesitan de nosotros”.
Aquellos interesados en colaboran pueden contactarse telefónicamente o por mensaje de texto al número 353-4082734 o bien al 0353 -45666713.
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Karina Verónica de la Rúa decidió hace varios años hacer realidad un sueño personal. Construir un merendero, pero también un templo para asistir a los enfermos. Y con esa premisa, junto con su esposo Pablo Ramón Sosa, decidió hacerlo realidad.
Como siempre, los recursos económicos terminan siendo un condicionante para saber hasta donde uno puede llegar. Los pocos ahorros fueron insuficientes, entonces decidió vender cada una de sus pertenencias. Y con la ayuda de algunos comerciantes logró adquirir un terreno y comenzar a edificar el espacio.
En el corazón de barrio Nicolás Avellaneda se encuentra la construcción, más precisamente en el cruce de San Juan a Intendente La Colina. “Al lote lo pude comprar en cuotas, todos los meses voy pagando como puedo pero hay veces que no llego”, sostiene en la charla con PUNTAL VILLA MARÍA.
La estructura en pie cuenta con un salón amplio, y otras dos habitaciones más, aunque aún falta mucho por hacer. En el espacio principal resta revocar las paredes, y es el único que cuenta con contrapiso y algunos escritorios y sillas que fueron donados.
“Tengo que hacer la instalación de agua y cloacas, pero no llego. Confío en que la gente se pueda comprometer, muchos nos ayudaron. Un empresario que vende materiales para la construcción donó las bolsas de cemento para el techo, y otros vecinos la piedra y la arena, pero como siempre ocurre, falta mucho por hacer”, sostiene De la Rúa.
El predio está abierto para todos.“Quien quiera venir a conocerlo. Es poco lo que tenemos, pero es mucho lo que podemos dar. Siempre decimos que hay alguien que puede estar peor que nosotros, y por eso tomamos la decisión de hacer esto, de ayudar al prójimo y a quienes más lo necesitan”.
Pensar en los más necesitados
De la Rúa hoy ya pasó los 40 años, pero a los 17 ya tenía decidido hacer algo por los más humildes. “Inicialmente quería construir un comedor, porque aunque muchas veces no se vea, hay gente que no tiene para comer”, reconoce, y admite que prácticamente de manera diaria visita viviendas particulares para ayudar a los que menos tienen.
Dos años atrás, con el dinero recaudado de la venta de cada uno de sus objetos personales, inició la compra del sitio y de manera paralela la construcción. Desde entonces buscó recaudar fondos con “polladas y venta de empanadas, pero lamentablemente no dieron el resultado esperado”.
El merendero apunta “a ayudar a los más carenciados, y no necesariamente niños, sino a todos aquellos que requieran de alimentación. Y junto a él pretendemos tener un tempo de sanidad para los enfermos”.
En otra sala se prevé la edificación de un ropero comunitario. “Todo está por hacerse, las paredes ya están en pie y lo que pretendemos es concluir con la obra de agua y cloacas que es muy costosa no sólo en materiales sino también en mano de obra”.
Y ante ello entendió que es necesario que la sociedad “se involucre”. “Esta es una entidad sin fines de lucro, que piensa siempre en el otro. Si cada uno aportamos un granito de arena, ya sea con materiales o con mano de obra, el resultado será fabuloso, porque muchos niños y grandes podrán merendar”.
De la Rúa explicó que inició gestiones ante el Municipio meses atrás, aunque todavía los resultados no llegaron: “Dejamos carpetas con documentación y supuestamente nos dijeron que había una partida para este tipo de entidades, pero todavía no nos volvieron a llamar”.
En la charla, tanto De la Rúa como Sosa explicaron que el espacio “está abierto para quien quiera venir a conocerlo y ver qué se pretende lograr con esto”. “No tienen más que llamarnos y nos encontramos en el lugar”.
Por el momento el pedido apunta: “A disponer de fondos o elementos que permitan concretar la obra de agua y cloacas que necesitamos, y si se puede avanzar con el revoque y las demás terminaciones del espacio. Queda mucho por hacer, pero estamos convencidos de que la gente puede aportar para que esto sea una realidad”.
De la Rúa insistió: “De manera diaria asistimos a varias personas, muchas de las cuales se encuentran enfermas porque no tienen un plato de comida. Y a ellos los visitamos porque necesitan de nosotros”.
Aquellos interesados en colaboran pueden contactarse telefónicamente o por mensaje de texto al número 353-4082734 o bien al 0353 -45666713.