Optimizan recursos con tambos asociativos
Otro de los objetivos es ganar competitividad. La necesidad de trabajar en conjunto para lograr mayor eficiencia optimizando recursos, modelo propuesto para otros sectores, ahora también está presente en la lechería
El asociativismo como forma de organización entre productores para buscar eficiencia y escala está presente en distintos sectores, como por ejemplo el porcino. Y ahora la propuesta llega a la lechería. Se trata de una alternativa para tecnificar los establecimientos y ganar la competitividad necesaria que permita, en definitiva, mantenerse en el sistema. Carlos Callieri, directivo de una empresa multinacional proveedora del sector, presentó la propuesta días atrás en el marco de las Jornadas Lecheras Nacionales. La idea es que los tambos puedan incorporar tecnologías que posibiliten la captura de datos en tiempo real para tomar decisiones adecuadas.
“Esto se remonta a varios años atrás, a partir de interactuar constantemente con productores y observar sus necesidades. Ahí aparece el tema de cómo ser eficiente ante la adversidad de distinta índole, como el precio de la leche o las inclemencias del clima que limita la producción. A través de los tambos asociativos encontramos una manera de salir de esa crisis. Soy responsable de México hasta Argentina en la compañía y estoy relacionado con muchos sectores en la actividad. Estamos viendo que en varios lugares se está desarrollando con éxito este plan de tambos asociativos”, comenzó diciendo Callieri.
El directivo añadió que muchas veces se piensa que el proceso implica hacer una obra civil y juntar todas las vacas, pero eso constituye la etapa final.
“Hay muchas formas intermedias; productores que se asocian para hacer el picado, sembrar o comprar insumos. Yo propongo un cambio de paradigma en el manejo de los tambos desde la tecnología. La intención es utilizar herramientas que están disponibles, como la información, para que los productores puedan juntarse y tomar decisiones sobre lo que está pasando en cada uno de los tambos en tiempo real. Hay cambios importantes. Hoy la mayoría de los tambos se manejan por grupos o corral de vacas; con la incorporación de tecnologías de precisión se empieza a manejar a cada vaca como un grupo. Eso rompe las reglas”.
Asimismo, señaló que en el tambo tradicional no hay comunicación entre las vacas y el productor, por lo tanto es difícil tomar decisiones.
“Con estos sistemas de sensores, con equipos de precisión, la vaca empieza a comunicarse, a dar información; entonces se puede comprender lo que está pasando y actuar en consecuencia. Hoy estamos viviendo una cuarta etapa de industrialización que comprende la parte de software, hardware, más programas de inteligencia artificial. Todo eso permite tener respuestas de bajo costo y gran impacto. La intención es usar todos los recursos disponibles en beneficio del productor y buscar alternativas para que se puedan asociar y seguir avanzando”.
Destacó que los productores buscan información sobre el uso de tecnologías en los tambos, en primer lugar sobre cuestiones básicas, como las instalaciones, y después en procesos avanzados de automatización.
“La gente sabe lo que le gustaría tener, pero entre ese objetivo y lo que tiene hay un paso grande. Por eso indagan sobre distintas opciones, como créditos o apoyo de las empresas. En otros casos liquidan parte de la cosecha o venden algunos animales para invertir en tecnologías que tienen un retorno rápido”.
Agregó que hay diferentes maneras de ir incorporando nuevas tecnologías en los tambos.
“Yo recomiendo hacerlo en forma modular, partiendo de las cosas básicas. Por ejemplo, una lavadora automática del equipo de ordeño. Muchas veces se piensa que eso no tiene mucho impacto, pero logra reducir 40 o 45 minutos el trabajo de las personas. Esos minutos equivalen a más de 50 días trabajados en el año. Si después agrega un retirador de pezonera la rutina es más eficiente. Con puertas arriadoras las personas no tiene que ir afuera para arriar vacas, lo que reduce tiempo y disminuye el estrés de los animales”.
Continuando con la enumeración, indicó que el uso de puertas separadoras eficientiza las tareas de inseminación.
“Hoy todo el día se están apartando vacas y sin puerta separadora es imposible. Por ejemplo, en un tambo de 500 vacas normalmente se separa 12 veces cada vaca en el año, lo que equivale a 6000 vacas para revisación en un año. De lunes a sábados son 16 vacas por día. Y para separar esas 16 vacas hay que ver 153 en el año. Es una locura”.
Los dos temas mencionados por Callieri, reconversión tecnológica y los problemas que afrontan los recursos humanos, están presentes en la Encuesta Sectorial Lechera llevada a cabo por el INTA. Ambas variables, sostiene el estudio, conspiran contra la competitividad. Los problemas de infraestructura impactan en el trabajo que se realiza en los establecimientos.
En ese sentido, el entrevistado destacó que las obras civiles en los tambos tienen entre 25 y 40 años y los equipos de ordeño más de 15, mientras que en ese tiempo en muchos casos se cuadruplicó la cantidad de vacas.
“Por eso hay que hacer una reconversión fuerte y si no se buscan alternativas para asociarse es bastante más difícil. Es una opción, no la única. Creo que el productor lechero tiene esa flexibilidad y la capacidad para asociarse en distintos temas. Ahora le falta hacerlo en un sistema o un modelo de producción de leche”.
De todas maneras admitió que aunque hay proyectos de ese tipo que se están llevando adelante, no se trata de un proceso rápido.
“El problema es la desconfianza, no la falta de recursos o el finamiento. Es un tema más cultural que económico o de oportunidad. Pero no tengo ninguna duda que es una solución para gran parte de los tambos, sobre todo aquellos que tienen problemas de eficiencia. Esta es una forma para mantenerse en la actividad”.
Pablo Correa
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“Esto se remonta a varios años atrás, a partir de interactuar constantemente con productores y observar sus necesidades. Ahí aparece el tema de cómo ser eficiente ante la adversidad de distinta índole, como el precio de la leche o las inclemencias del clima que limita la producción. A través de los tambos asociativos encontramos una manera de salir de esa crisis. Soy responsable de México hasta Argentina en la compañía y estoy relacionado con muchos sectores en la actividad. Estamos viendo que en varios lugares se está desarrollando con éxito este plan de tambos asociativos”, comenzó diciendo Callieri.
El directivo añadió que muchas veces se piensa que el proceso implica hacer una obra civil y juntar todas las vacas, pero eso constituye la etapa final.
“Hay muchas formas intermedias; productores que se asocian para hacer el picado, sembrar o comprar insumos. Yo propongo un cambio de paradigma en el manejo de los tambos desde la tecnología. La intención es utilizar herramientas que están disponibles, como la información, para que los productores puedan juntarse y tomar decisiones sobre lo que está pasando en cada uno de los tambos en tiempo real. Hay cambios importantes. Hoy la mayoría de los tambos se manejan por grupos o corral de vacas; con la incorporación de tecnologías de precisión se empieza a manejar a cada vaca como un grupo. Eso rompe las reglas”.
Asimismo, señaló que en el tambo tradicional no hay comunicación entre las vacas y el productor, por lo tanto es difícil tomar decisiones.
“Con estos sistemas de sensores, con equipos de precisión, la vaca empieza a comunicarse, a dar información; entonces se puede comprender lo que está pasando y actuar en consecuencia. Hoy estamos viviendo una cuarta etapa de industrialización que comprende la parte de software, hardware, más programas de inteligencia artificial. Todo eso permite tener respuestas de bajo costo y gran impacto. La intención es usar todos los recursos disponibles en beneficio del productor y buscar alternativas para que se puedan asociar y seguir avanzando”.
Destacó que los productores buscan información sobre el uso de tecnologías en los tambos, en primer lugar sobre cuestiones básicas, como las instalaciones, y después en procesos avanzados de automatización.
“La gente sabe lo que le gustaría tener, pero entre ese objetivo y lo que tiene hay un paso grande. Por eso indagan sobre distintas opciones, como créditos o apoyo de las empresas. En otros casos liquidan parte de la cosecha o venden algunos animales para invertir en tecnologías que tienen un retorno rápido”.
Agregó que hay diferentes maneras de ir incorporando nuevas tecnologías en los tambos.
“Yo recomiendo hacerlo en forma modular, partiendo de las cosas básicas. Por ejemplo, una lavadora automática del equipo de ordeño. Muchas veces se piensa que eso no tiene mucho impacto, pero logra reducir 40 o 45 minutos el trabajo de las personas. Esos minutos equivalen a más de 50 días trabajados en el año. Si después agrega un retirador de pezonera la rutina es más eficiente. Con puertas arriadoras las personas no tiene que ir afuera para arriar vacas, lo que reduce tiempo y disminuye el estrés de los animales”.
Continuando con la enumeración, indicó que el uso de puertas separadoras eficientiza las tareas de inseminación.
“Hoy todo el día se están apartando vacas y sin puerta separadora es imposible. Por ejemplo, en un tambo de 500 vacas normalmente se separa 12 veces cada vaca en el año, lo que equivale a 6000 vacas para revisación en un año. De lunes a sábados son 16 vacas por día. Y para separar esas 16 vacas hay que ver 153 en el año. Es una locura”.
Los dos temas mencionados por Callieri, reconversión tecnológica y los problemas que afrontan los recursos humanos, están presentes en la Encuesta Sectorial Lechera llevada a cabo por el INTA. Ambas variables, sostiene el estudio, conspiran contra la competitividad. Los problemas de infraestructura impactan en el trabajo que se realiza en los establecimientos.
En ese sentido, el entrevistado destacó que las obras civiles en los tambos tienen entre 25 y 40 años y los equipos de ordeño más de 15, mientras que en ese tiempo en muchos casos se cuadruplicó la cantidad de vacas.
“Por eso hay que hacer una reconversión fuerte y si no se buscan alternativas para asociarse es bastante más difícil. Es una opción, no la única. Creo que el productor lechero tiene esa flexibilidad y la capacidad para asociarse en distintos temas. Ahora le falta hacerlo en un sistema o un modelo de producción de leche”.
De todas maneras admitió que aunque hay proyectos de ese tipo que se están llevando adelante, no se trata de un proceso rápido.
“El problema es la desconfianza, no la falta de recursos o el finamiento. Es un tema más cultural que económico o de oportunidad. Pero no tengo ninguna duda que es una solución para gran parte de los tambos, sobre todo aquellos que tienen problemas de eficiencia. Esta es una forma para mantenerse en la actividad”.
Pablo Correa