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Verónica Llinás: "Siempre me sentí muy respetada por el público, por la crítica y por mis colegas"

La notable actriz argentina repasa su prolífica carrera y habla de "Dos locas de remate", la obra que protagoniza junto a Soledad Silveyra que subirá a escena en el Teatro Municipal, con doble función en próximo viernes 29

Divertida, dramática, enorme actriz. Verónica Llinás protagoniza junto a Soledad Silveyra la exitosa comedia “Dos locales de remate” que desembarcará en Río Cuarto el próximo viernes 29 de abril en el Teatro Municipal, con dos funciones, a las 21 y 23hs. Entradas $3080-2860-2530 en boletería del teatro o autoentrada.com

Hablamos con Verónica:

-Venís a Río Cuarto con “Dos locas de remate”, una obra que, como la vida misma, es una tragicomedia. Sin contar demasiado ¿qué podés adelantar de la pieza?

-La obra trata de dos hermanas que se reencuentran después de 20 años de no verse. Son muy diferentes, Julia (mi personaje) es una violinista exitosa con un muy buen pasar, que depende absolutamente (puesto que no hace nada doméstico) de una asistente alemana que, al comienzo de la obra, nos enteramos de que ha tenido un grave accidente. Es una persona fóbica, maníaca, xenófoba, germanófila, llena de Tocs y siente un desprecio por la su hermana mayor, especialmente en el plano intelectual.

Catalina, el personaje de Solita, es la hermana quedada, la que hizo muy poco con su vida. "Una pobre diabla" como le gusta decir a ella. Había hipotecado su casa y por inoperancia más tener que cuidar a una madre enferma, no pudo pagar las cuotas y se encuentra literalmente en la calle. Lo único que se le ocurre es pedirle asilo a su hermana fóbica. Así empieza la obra, que trata de la relación de estas dos hermanas en esta convivencia forzada y cómo empezarán a influirse mutuamente. La obra está en clave de humor, por momentos un poco negro, pero básicamente muy disparato.

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-"Todos estamos a un paso de la locura", sentencia la gacetilla de prensa de la obra. ¿Certeza absoluta?

-Tal vez sea un poco categórico decirlo así (obviamente está buscado el impacto) pero creo que todos estamos un poco (y a veces mucho) más locos de lo que se ve (o queremos mostrar). Si hurgamos un poco dentro de nuestras relaciones familiares seguramente surgirán historias o momentos dignos de nuestra obra de teatro.

-Venís con otra gran actriz como lo es Soledad Silveyra. ¿Cómo es la comunión entre ustedes sobre tablas?

-Nuestra relación es muy buena, no porque no haya conflictos, sino por cómo los manejamos. Si bien somos dos mujeres fuertes y muy diferentes, con trayectorias y escuelas muy distintas, vivimos aprendiendo a sortear nuestras diferencias con honestidad tratando de hablarlo todo para no acumular resentimientos, lo cual nos ha enriquecido a ambas. Por sobre todas las cosas nos respetamos mucho a pesar de que nos hemos permitido, en algunas oportunidades, infantilismos propios de hermanas verdaderas.

-En general ¿cómo ha sido hasta ahora la respuesta del público?

-Magnífica. Estrenamos apenas se abrió el aislamiento de la segunda ola. La emoción nuestra y del público fue muy grande. La gente necesitaba reírse mucho porque había padecido mucho, y nosotras les dimos eso. Es increíble el agradecimiento que nos vuelve, el cariño, incluso ha habido gente que nos confesó que la obra había sido un puntapié para sanear relaciones con hermanas, que habían sido rotas. Eso se siente muy intensamente a final de la obra porque el público se emociona, creo que, porque de alguna manera se identifica con esos dolores familiares que todo el mundo tiene, a veces en el placard.

Nuestra relación (con Soledad Silveyra) es muy buena, no porque no haya conflictos, sino por cómo los manejamos. Si bien somos dos mujeres fuertes y muy diferentes, con trayectorias y escuelas muy distintas, vivimos aprendiendo a sortear nuestras diferencias con honestidad tratando de hablarlo todo para no acumular resentimientos, lo cual nos ha enriquecido a ambas. Por sobre todas las cosas nos respetamos mucho a pesar de que nos hemos permitido, en algunas oportunidades, infantilismos propios de hermanas verdaderas Nuestra relación (con Soledad Silveyra) es muy buena, no porque no haya conflictos, sino por cómo los manejamos. Si bien somos dos mujeres fuertes y muy diferentes, con trayectorias y escuelas muy distintas, vivimos aprendiendo a sortear nuestras diferencias con honestidad tratando de hablarlo todo para no acumular resentimientos, lo cual nos ha enriquecido a ambas. Por sobre todas las cosas nos respetamos mucho a pesar de que nos hemos permitido, en algunas oportunidades, infantilismos propios de hermanas verdaderas

-Viniendo de una familia de artistas, ¿era inevitable dedicarte al arte?

-Posiblemente. No lo sé. Mi madre pintaba y mi padre escribía. Cuando era chica yo hacía las dos cosas, pero sentía mucha vergüenza y destruía lo que hacía, siempre comparándolo ridículamente con lo que hacían ellos. Mi nivel de exigencia era inmenso y tal vez si mis padres no me hubieran facilitado el camino, yo podría haberme acomplejado y salir contadora por ejemplo (risas).

-Tenés una larga y prolífica trayectoria en teatro, cine y TV. Imagino un balance más que positivo por todo lo vivido…

-Sí, claro. Me siento muy agradecida por haber tenido el privilegio, que no muchos tienen, de vivir (y bien) de lo que me gusta hacer. Eso no implica que no haya habido sacrificio, mucha disciplina y mucho trabajo. Pero siempre me sentí muy respetada por el público, por la crítica y por mis colegas.

-¿Podrías nombrar una obra, una película y un programa de televisión que significaron algo especial en tu carrera?

-La obra es sin dudas, “Dos locas de remate”. También tengo un lugar en mi corazón para la primera obra que protagonicé y que hicimos con la Compañía de Mimo de Ángel Elizondo y que fue "Pi =3,14".

La película, "La mujer de los perros", film que produje junto a El Pampero CIne, protagonicé y co-dirigí (junto a Laura Citarella) de forma totalmente independiente (sin dinero del INCAA). Tardamos 3 años en filmarla y nos llevó por muchos festivales de todo el mundo. Más que una película fue una experiencia de vida.

Con respecto al programa de TV, no puedo dejar de mencionar todos los años que estuve con Antonio Gasalla, que fue mi debut en televisión, además de un aprendizaje fenomenal. Otro programa que fue para mí muy importante fue "Viudas e hijas del Rock and roll" porque allí nació un personaje que al día de hoy es mi caballito de batalla en los videos de las redes, que es Inés Murray Tedín Puch de Arostegui. La libertad que en esa oportunidad me dio Sebastián Ortega fue uno de los votos de confianza más grandes que me han dado en mi carrera. No lo voy a olvidar jamás.

-En La odisea de los giles, hacés un papel corto pero contundente que emociona. ¿Cómo resultó esa experiencia?

-Justamente, para seguir en el tema del voto de confianza, en la escena que más emociona, que es la de la escopeta, el director me dijo, "acá hacé lo que quieras". En principio la idea era que salía con un palo, pero Ricardo Darín tuvo la magnífica idea de que fuera con una escopeta, me lo preguntó y le contesté: ¡Claro!. Tuvimos la suerte de que nos prestaran una.

La experiencia de la filmación fue muy grata. Siempre es un placer trabajar con Ricardo y el equipo de trabajo que se formó era, además de excelente profesionalmente, de gente amorosa.

Me siento muy agradecida por haber tenido el privilegio, que no muchos tienen, de vivir (y bien) de lo que me gusta hacer. Eso no implica que no haya habido sacrificio, mucha disciplina y mucho trabajo Me siento muy agradecida por haber tenido el privilegio, que no muchos tienen, de vivir (y bien) de lo que me gusta hacer. Eso no implica que no haya habido sacrificio, mucha disciplina y mucho trabajo

-En plena cuarentena nos hiciste reír muchísimo desde las redes. ¿Fue una necesidad artística y humana para vos en tiempos de encierro?

-Absolutamente. Y un aprendizaje. Fue un espacio de libertad total y de experimentación constante. De algún modo me salvó la cuarentena y por lo que me han hecho saber, (a riesgo de sonar engreída) a mucha gente.

-A la distancia ¿cuáles son los recuerdos de aquel vanguardista grupo teatral Gambas al Ajillo?

-Para seguir con lo de libertad total y experimentación constante, puedo decir que exactamente eso fueron las Gambas al Ajillo. Un poco de esos aires respiré con los videos. Las Gambas... surgieron apenas recobrada la democracia, con años encima de temor y censura. Fue una explosión de libertad, de des sacralización del espacio escénico y de la actuación en sí. Hay que tener en cuenta que en esos tiempos no existía nada igual. Tenías las obras comerciales o las "comprometidas" surgidas en general como protesta más política que artística. Yo siento que las Gambas fueron una protesta artística. Estábamos un poco aburridas de la solemnidad de las obras comprometidas y de la liviandad de las comerciales. Quisimos quitarle peso e importancia a la palabra Teatro (así con mayúsculas) y por eso decíamos que lo que hacíamos era Varieté, si bien había números que eran fundamentalmente teatrales. Creo que terminamos inventando un lenguaje y un código propio.

Por otro lado, hasta ese momento el rol de la mujer en el humor era bastante penoso, la mayoría de las veces como objeto sexual o de burla. Era raro ver a estas cuatro mujeres tomando a la chacota todo, incluso hasta la misma femineidad. Hoy creo que nos censurarían bastante algunas cosas.