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La tecnología y la inclusión: hacia un nuevo zeitgeist

Por Máximo Paz * (Doctor en Educación y en Comunicación Social)
Confirmado: el victorianismo en el ejercicio de las prácticas sociales terminó definitivamente. La potencia de las redes sociales ya había anticipado la caída, pero la fecha de defunción fue lacrada en octubre de 2017, cuando The New York Times y The New Yorker informaron que docenas de mujeres denunciaban al productor de cine estadounidense Harvey Weinstein por más de cien casos de acoso sexual y violación. 

Sin quererlo, la caída de Weinstein se transformó en el símbolo de una nueva era: el viejo paradigma social era derrotado por un nuevo zeitgeist (signo de los tiempos): el del empoderamiento femenino mediante diversos movimientos #metoo, #time’sup y otros colectivos como el actual #miracomonosponemos en la Argentina. Pero también fue el signo de un fenómeno más amplio: de una nueva autoconciencia acerca del poder del individuo y de las minorías para definir su destino sorteando las trampas del abuso, la violencia y el autoritarismo.

Este nuevo enfoque toma cada vez más fuerza y las tecnologías digitales de la comunicación son el hilo conductor de esta forma de ver la vida. Los números son elocuentes: Facebook, WhatsApp, Youtube, Instagram y Twitter suman entre todos más de cinco mil millones de usuarios. Cuatro mil millones de personas utilizan internet en el mundo y dos tercios de la población del planeta tienen un teléfono móvil. Más de la mitad de estos dispositivos son smartphones.

Las redes de información terminan hoy de extender sus brazos a nivel global. En breve, la unificación digital se habrá concretado a escala mundial. 

Por eso, el desafío será otro y ya no tendrá que ver con la infraestructura de las comunicaciones. El milenio nos plantea la necesidad de la educación como factor de consolidación de las tendencias positivas y como agente correctivo de los factores regresivos que aún se verifican en la sociedad moderna. Educación como el impulso definitivo, extendida hacia las zonas de precariedad y necesidad económica, pero también como factor de inclusión para todos aquellos que presentan necesidades especiales.

Por este motivo, para nosotros, los formadores de formadores, la educación especial es un ámbito de desarrollo fundamental en la Argentina. Una perspectiva coherente con este nuevo signo de los tiempos, que desafía la idea de la exclusión. Porque la violencia se ejerce con el físico, con las palabras, pero también ignorando a los demás.

Nosotros promovemos la educación especial desde el paradigma de lo inclusivo, empoderando al individuo desde sus posibilidades. Creando los contextos pedagógicos y conceptuales para que el educador pueda sacar de cada uno lo mejor. Porque como decía el gran San Agustín en De magistro (del maestro), nosotros somos tan sólo el vehículo para hacer florecer al alumno, que es el ser amado.



* Decano de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad del Salvador.

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