Erik Colombano se formó en los curts del Sport Social Club en Villa María y luego pasó por el Prado Español.
El destino incierto, las idas y vueltas que tiene la vida y ese bolso cargado de sueños que no tenía una dirección definida.
Hace más de dos años le surgió la oportunidad de viajar a otro país a probar suerte y ahí lo recibió la ciudad de Tarija, en Bolivia, con los brazos abiertos, donde comenzó a hacer su camino. Un nuevo proyecto con el tenis como símbolo y compañero de aventuras.
“Hoy la situación es como en todo el mundo. Estamos en cuarentena desde el 21 de marzo, yo pude trabajar hasta esa fecha y en canchas privadas porque los complejos deportivos ya habían cerrado. Estamos analizando de ahora en más toda la situación.
La cuarentena obligatoria es hasta el 30 de abril, pero como viene todo, seguro se va a extender. Así que a esperar y cuidarse, ser pacientes y respetar lo que se dicta desde el gobierno boliviano.
-¿Cómo es Tarija?
-Es una ciudad originalmente fundada con el nombre de Villa de San Bernardo de la Frontera de Tarixa, es un municipio y una ciudad de Bolivia, capital del departamento homónimo. Cuenta con una población de 179.528 habitantes, por lo que es la ciudad más poblada del departamento y la séptima de Bolivia. Lo cual es muy importante y tiene mucho movimiento.
-¿Cómo es el trabajo que hacés en Tarija?
-Me encuentro trabajando desde febrero de este año en un complejo deportivo municipal con mi academia, que se denomina CTA (Colombano Tennis Academy), donde me dedico a todo lo que es el área de competición desde sub 12 a sub 18 a nivel nacional e internacional.
El establecimiento municipal cuenta con 4 canchas y la repercusión en la gente de la ciudad ha sido muy positiva, por lo cual contraté una entrenadora que vino de Argentina y es jugadora profesional, más un entrenador de Córdoba y el preparador físico.
-¿Cómo fue ese comienzo con la Academia?
-Habíamos arrancado muy bien en febrero de este año con alrededor de 25 jugadores, con mucho entusiasmo por parte de la gente de la ciudad, hasta que surgió lo del virus y tuvimos que cerrar.
Muchos de los profesores y entrenadores están manteniendo las clases en forma virtual, ¿cómo es tu caso?
-Sí, de todas maneras seguimos en contacto con los alumnos, a través de las redes sociales, donde les mandamos rutinas diarias en cuanto al tenis y en lo referido a lo físico.
-¿Qué proyectos tenés una vez que acabe la pandemia?
-Ya estamos pensando en el futuro, agregando nuevas cosas para la academia. Hace una semana que acabo de conseguir la licencia para efectuar torneos UTR (Universal Tennis Rating), es un sistema de calificación global de los jugadores de tenis, que produce un índice objetivo, coherente y preciso de las habilidades de los jugadores.
-¿Cuál es la importancia de esa licencia?
-Es sumamente importante para poder tener una clasificación. Es significativo para que mis alumnos puedan viajar a Estados Unidos y conseguir una beca universitaria.
Por otro lado me asocié con una empresa y academia de tenis de Atlanta, EE.UU., y voy a ser el representante de CTU Tennis en todo Bolivia, lo que me va a permitir seleccionar jugadores, siempre buscando de mejorar y ampliar nuestros servicios en la academia, mirando al futuro. Poder crecer y formar las nuevas generaciones del tenis aquí en la ciudad.
-¿Mensaje para la gente de Villa María?
-A quedarse en casa, saludo a toda la ciudad, a mi hijo, mi familia y amigos, los extraño mucho y pronto estaremos por ahí.
La historia de Erik es una más de los tantos deportistas que hay en el mundo. Esos que aprendieron a caminar en el pago chico y hoy son profesionales en distintas partes del planeta. Con el recuerdo vigente de Villa María y el deseo imperioso de volver apenas se pueda.

