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Los problemas económicos, los de mayor preocupación

Como en casi todas las crisis que atravesó el país, un sondeo de opinión detectó que pobreza, desempleo, inseguridad, inflación y violencia son los principales desafíos para los argentinos. A su vez, las expectativas siguen siendo negativas

La semana pasada, un sondeo de opinión sectorizado de la Unión Industrial de Córdoba (UIC) entre los socios de distintos departamentos de la provincia, mostró que para la mayoría de ellos el pico de la crisis económica del país todavía no había pasado, más allá de que algunas ramas de la actividad fabril habían comenzado a reactivarse y algunas rebotaron con fuerza hasta alcanzar niveles de actividad incluso mayores que en la prepandemia. Y pusieron el foco en el primer trimestre del año como el de las mayores dificultades.

Ayer, una encuesta nacional difundida por Gustavo Córdoba señala que para la mayoría de los argentinos la economía estará peor o igual que ahora dentro de 12 meses. Apenas un 28,3% considera que puede mejorar.

En línea con esos pronósticos, el exsecretario de Comercio Interior del país, Guillermo Moreno, aseguró ayer en una entrevista con este diario que “si el Presidente no cambia vamos a una situación que la Argentina nunca vivió”. Y profundizó al indicar que “es necesario avanzar en un plan que tenga a la producción como centro para hacer crecer la economía y así poder pagar las deudas. De lo contrario habrá que seguir los pasos del FMI y hay riesgo de terminar como Grecia”, advirtió el exfuncionario de Cristina Fernández.

Lo cierto es que el fin de 2020 terminará con un deterioro social significativo en el país. Pero la incertidumbre apunta más allá, al comienzo de 2021. Sin dudas que un factor clave será el futuro de la pandemia. De lo que ocurra allí va a depender buena parte de cómo sigue la situación económica y social de Argentina. Y las vacunas y los planes para tratar de alcanzar a la mayor cantidad de población en el menor tiempo posible -algo que todos los países buscarán- serán determinantes. Pero no será el único condicionante.

La negociación que avanza con el Fondo Monetario Internacional aparece en particular como una pieza clave. Si el gobierno de Fernández logra refinanciar los 49 mil millones de dólares -entre capital e intereses- y hasta obtiene alguna inyección extra para las abatidas arcas del Banco Central que le permitan dar señales de mayor robustez, la situación será una. De lo contrario, seguramente la pendiente se agravará.

Por el lado de las buenas, el Gobierno ve cómo hay ingresos extras en dólares que no estaban previstos de la mano de una recomposición de los precios de los granos, en especial de la soja, que superó los 430 dólares, el mayor valor en casi 6 años. A pesar de que ya se proyecta una producción menor de la oleaginosa (50 millones de toneladas) y del cereal (48 millones de toneladas), el valor bruto de la producción 2020/21 de ambos cultivos se ubica actualmente en un récord histórico de US$ 24.326 millones, un 43% mayor que el del ciclo anterior. Sin embargo, eso comenzará a plasmarse con fuerza a partir de abril, lo que coincidiría con la incertidumbre del primer trimestre.

Es que lo económico domina fuertemente la agenda hoy de problemas en la opinión pública. Según el último trabajo dado a conocer ayer de Zuban-Córdoba y Asociados, pobreza, desempleo, inseguridad, inflación y violencia lideran las dificultades que la población enumera. En referencia al primero de ellos, las proyecciones de habitantes que no logran cubrir la canasta básica señalan que rondará el 50% al cierre del año. Si la población se ajusta a los menores, la cifra trepa por arriba del 60%.

Hay un dato que se conoció y que abona esa tendencia: el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) publicó ayer que la mitad de los trabajadores formales tiene ingresos por debajo de la canasta que define la línea de pobreza. Es una alarma fuerte para la Argentina porque los salarios en blanco siguen perdiendo terreno y dejaron de ser una garantía ya de escaparle a la pobreza. Aún peor es la situación de informales y desocupados, en la pirámide laboral del país. Y al ritmo de la inflación, los pobres son cada vez más pobres. Lo que se explica con un dato: el promedio de ingresos de los sectores pobres está cada vez más lejos de superar la línea y escaparle a esa condición.

En referencia al mercado laboral, el desempleo vuelve a irrumpir con fuerza entre las preocupaciones de la población. Pese a que los últimos datos del Indec mostraron un deterioro pero no tan significativo como muchos esperaban. Pero hay ahí una razón estadística: muchas personas que perdieron su trabajo no salieron a buscar empleo durante el segundo trimestre del año, que es cuando el organismo realizó el relevamiento. Eso no los ubica como desocupados. Pero es posible que con la vuelta de la actividad y la eliminación de subsidios del Estado haya una mayor búsqueda y entonces las cifras podrían trepar. Eso es lo que anticipan los especialistas.

También volvió a aparecer allí la inflación. El gran problema sin resolver de la economía nacional y que termina por desarticular lo demás. La academia sigue discutiendo las motivaciones de la suba de precios, pero hay cada vez más coincidencias en que una explosión de la base monetaria no acompañada por un crecimiento real de la economía es la razón central de este vicio nacional que parece haber cobrado impulso otra vez.