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Llegaron a México: pareja de jubilados cumplió el sueño de visitar a su hijo

Pablo y Maricel el año pasado dejaron todo para viajar en motorhome. Recorrieron las rutas del país durante ocho meses. El objetivo era llegar al país azteca, pero por recomendación de los médicos lo hicieron sin la trafic

Siguen girando. Pablo Ávalos, de 61 años, y Maricel Molina, de 57, están juntos hace 36 años y son de Río Tercero. Tienen dos hijos, Pablo (junto a Inés les dieron a Valentino, su nieto) y Joel , el primero es mecánico y vive en Villa María, el otro es cheff y vive en México.

En octubre del año pasado PUNTAL VILLA MARÍA contó la historia de los jubilados que habían vendido todo y se largaban a viajar y vivir en un motorhome. Desde esa publicación, han tenido una enorme mediatización y su popularidad creció tanto que se fueron dando cuenta a medida que recorrián las rutas argentinas.

Viajaron durante ocho largos meses en los que les pasó de todo, pero lo más importante fue encontrarse con “gente maravillosa”.

Cuando se dio a conocer la historia contaban que hacía cuatro años no veían a su hijo Joel y que luego de llegar a Ushuaia en la trafic “La Caprichosa” emprendían el viaje a México a visitarlo.

Hace apenas unos días regresaron luego de recorrer más de 11.000 kilómetros por caminos de Argentina y tras unos chequeos médicos, los especialistas recomendaron que viajen en avión. Y así fue que volaron al encuentro con su hijo hace apenas unas horas y este medio es testigo, al igual que cuando comenzó el cuento.

“Ocho meses y cuatro días, recorrimos más de 11 mil kilómetros. El objetivo era recibir el año nuevo en Ushuaia y lo cumplimos, ahora cumplimos otro que es encontrarnos con nuestro hijo. Un momento soñado y anhelado por la pareja”, cuenta Pablo emocionado.

“La familia estaba ansiosa por el regreso, compartir una mesa, chocar una copa y también alentándonos en esta aventura. Por eso estamos felices”, agrega Maricel.

“Regresamos a nuestra casa, para realizarnos estudios médicos, porque desde que salimos que no lo hacíamos. Allí nos dimos cuenta de que nos ha encantado vivir en el motorhome, por lo tanto así seguirá siendo, además que nuestra casa está alquilada por tres años”, cuentan sobre la vuelta a tierras cordobesas.

Además agregaron: “Como nuestro nieto vive en Villa María, dijimos de instalarnos ahí, con nuestra jubilación y también los ingresos por el alquiler de la casa y también venta de pasteles, artesanías y piedras”.

-¿Qué les dejó estos ocho meses en la ruta?

-Tomamos una cultura nueva, conocimos mucha gente, muy maravillosa y solidaria. Hay mucha más gente buena que mala. Desde la nota con Puntal, la gente nos ha conocido, nos han hecho más de 22 entrevistas en medios nacionales, nos siguen en Instagram y es increíble cómo se arriman a la camioneta.

-¿Qué extrañaron en la lejanía?

-Una de las carencias que más tuvimos en el viaje fue el afecto, si bien teníamos a los familiares lejos y es algo que se extraña, lo sustituyó la gente que encontramos en el camino. Conocimos familias, compartimos sobremesas espectaculares. Viajeros de todas las edades, en bicicleta, a caballos, en moto, es un mundo increíble. Ser libre es lo más importante.

“Una anécdota. Salíamos del Calafate y allí la camioneta empezó a fallar y tuvimos que parar para ver que desperfecto tenía. La arreglamos y nos olvidamos la caja de herramientas, cuando regresamos no estaba. Así que tuvimos que comprar otra”.

-¿Por qué decidieron hacer el viaje en avión?

-Lamentablemente y luego de hacer unos estudios, la pierna de Pablo no está para hacer esfuerzos en la camioneta. Fue ahí cuando decidimos hacer el viaje en avión. Además fue una recomendación de los médicos, sobre todo por subir y bajar del vehículo.

“Viajamos a encontrarnos con nuestro hijo que vive en Tulum. Todavía no tenemos fecha de regreso, tenemos pasaje abierto por un año. La expectativa es seguir viajando, ojalá la salud nos lo permita”.

-¿La idea es seguir viajando?

-Viejos son los trapos, todos pueden. Es maravilloso viajar. Si a nosotros se nos hubiese ocurrido hacer el viaje 30 años antes lo hubieramos hecho con menos dolores de huesos (risas). Las cosas por algo suceden. Hay que ser perseverante y poner una fecha de partida porque si no lo vas pateando.

Los abuelos siguen girando.