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Casas, templos religiosos, hitos y leyendas de una época próspera que siempre vuelve a Villa Nueva

Recorrer el centro de la ciudad deja a la vista algunas huellas de un pasado no tan lejano en el que la ciudad fue un sitio pujante y de un gran desarrollo. Recuperar esas épocas es el desafío de las autoridades
 
Una casa que día a día amenaza con derrumbarse es lo único que queda en barrio Florida de lo que fuera el comercio de ramos generales de la familia Villasuso, su corralón y la vivienda familiar.

Precisamente esa vivienda es lo único que subsiste en pie, negándose a desaparecer de la vista, y también de las memorias de los villanovenses.

El resto del inmueble sólo resiste en imágenes en color sepia, ya que un grupo de viviendas familiares han reemplazado el escenario.

La modernidad va arrasando con los viejos edificios, que sólo descansan en la memoria de la gente. Pasó lo mismo con las casonas del centro de la ciudad. Espacios que dejaron una huella, y algunos otros que se niegan a dejar su lugar en la comunidad.

Huellas

En la esquina de Deán Funes y San Martín, la casona Cataldi también se niega a desaparecer, aunque el tiempo ya haya hecho mella en buena parte del edificio.

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La vivienda, construida a fines del 1800, fue la primera casa de dos plantas en la historia villanovense. 

Desde hace algunos años sólo se utiliza la planta baja del edificio, como un local comercial.

Frente a ella, lo que era la sede del Club El Porvenir hoy es un inmueble repartido entre una dependencia municipal y varios negocios. 

Apenas algunos detalles de la fachada hacen pensar en aquel pasado de la primera institución de carácter social que tuvo la Villa Nueva de principios de siglo.

Ni hablar de la tercera esquina: un grupo de comercios de diversos rubros reemplazaron en las últimas décadas a la vivienda familiar de la familia de Francisco Freytes, el primer intendente de Villa Nueva.

La casona fue además la sede de la primera Municipalidad de la ciudad.

En San Martín y Mitre, a 100 metros, también hay locales comerciales, pero hasta hace unos años el lugar era la vivienda de Salustiano Carranza, uno de los fundadores de Villa Nueva. 

Él fue también quien recibió a Domingo Faustino Sarmiento en dos oportunidades en la ciudad, la segunda ya como Presidente de la Nación.

Resistencia

Pero no todos son recuerdos, sino que también hay casas que no quieren desaparecer y a las que el destino -y el dinero aportado por sus propietarios- les ha dado una nueva vida.

Es el caso de la vivienda del Coronel Ambrosio Sandes, en calle Deán Funes.

La casona es la única que tiene en pie aún el ingreso para las carretas, es una de las fotografías y cuadros más usuales en cada evento artístico local.

La vivienda fue restaurada en los últimos años por sus nuevos propietarios, y si bien redujo el tamaño de su fachada, al menos logró recuperar parte del esplendor que tuvo en la época en que el sanguinario mercenario mitrista vivía y estuvo de paso por Villa Nueva, en donde incluso quedó viviendo su pareja, embarazada, quien se terminó casando con otro hijo de Sandes.

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