Historias y leyendas que sirvieron para forjar el folklore y la identidad localista de Villa Nueva
Personajes, pero fundamentalmente historias son las que se acumulan en los 193 años que hoy celebra Villa Nueva
Los edificios son símbolos, pero no por los ladrillos sino por las historias que guardan, y Villa Nueva está repleta de hechos que terminaron forjando a la comunidad y le dieron la identidad que hoy tiene como ciudad.
Están las tumbas históricas del Cementerio San José, pero también los fundadores enterrados en otras ciudades. El gobernador casi olvidado en el tiempo, o el arquitecto, que reformó la plaza y luego se arrepintió.
La leyenda
La plaza Capitán de los Andes no fue siempre así sino que tuvo sucesivas reformas, incluso en su nombre. El espacio verde se llamaba Julio A. Roca y tenía varias fuentes que la adornaban.
En la década del 50 se cambió el nombre y se reformó por completo, eliminando las fuentes -entre otras cosas- que pasaron a ser meros recuerdos. El arquitecto de dicha obra fue Carlos Pajón, quien ya en su adultez fue uno de los que colaboraron para tratar de recuperar dichas fuentes y reponerlas en la plaza.
Una de ellas luce instalada en el espacio verde desde hace algunos años.
La plaza atesora también un mástil donado por el sir inglés Wilfrid Eady, figura clave en la negociación por la nacionalización de los ferrocarriles argentinos durante el gobierno de Perón. Lo que pocos saben es que Eady es nativo de Villa Nueva, y en un regreso al país se le ocurrió donar el mástil principal a la localidad que lo vio nacer.
Otra historia local es la de las tumbas paradas, y la trágica leyenda de los primos que no se querían casar e hicieron un pacto suicida, y por las dudas, se siguen separando aún después de muertos.
Igual, el cementerio guarda otras historias, como la de José Victorio López, quien fuese gobernador de Córdoba, pero cuyos restos se recuperaron recién hace pocos años, ya que la tumba fue derrumbada y se había perdido rastro de sus huesos, hasta que se encontraron en otro panteón.
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Están las tumbas históricas del Cementerio San José, pero también los fundadores enterrados en otras ciudades. El gobernador casi olvidado en el tiempo, o el arquitecto, que reformó la plaza y luego se arrepintió.
La leyenda
La plaza Capitán de los Andes no fue siempre así sino que tuvo sucesivas reformas, incluso en su nombre. El espacio verde se llamaba Julio A. Roca y tenía varias fuentes que la adornaban.
En la década del 50 se cambió el nombre y se reformó por completo, eliminando las fuentes -entre otras cosas- que pasaron a ser meros recuerdos. El arquitecto de dicha obra fue Carlos Pajón, quien ya en su adultez fue uno de los que colaboraron para tratar de recuperar dichas fuentes y reponerlas en la plaza.
Una de ellas luce instalada en el espacio verde desde hace algunos años.
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Otra historia local es la de las tumbas paradas, y la trágica leyenda de los primos que no se querían casar e hicieron un pacto suicida, y por las dudas, se siguen separando aún después de muertos.
Igual, el cementerio guarda otras historias, como la de José Victorio López, quien fuese gobernador de Córdoba, pero cuyos restos se recuperaron recién hace pocos años, ya que la tumba fue derrumbada y se había perdido rastro de sus huesos, hasta que se encontraron en otro panteón.