Inauguraron monumento al Cura Brochero en el río de Villa Nueva
La ceremonia tuvo lugar ayer a las 16.30 a orillas del Puente Negro al descubrirse la talla. Hablaron el intendente Natalio Graglia, el constructor de la plazoleta Carlos Gutiérrez y el obispo Samuel Jofré, quien bendijo la obra
Una tarde soleada de 1901, José Gabriel Brochero atravesaba el Puente Negro en tren. Había emprendido un largo viaje para bendecir el cementerio de Etruria. Y acaso nunca imaginó que, 117 años después, en esa misma orilla de aguas marrones se levantaría un busto con su efigie y, también, una gran ciudad.
O acaso sí lo sabía. Porque de ser verdad lo que muchos dicen, que los santos tienen el poder de la profecía, no sería descabellado pensar que aquella tarde de la memoria, idéntica a esta del presente (con en el mismo sol rojizo brillando en las barandas de fierros ingleses) Brochero veía también la ceremonia del presente.
Pero eso no debió importarle en absoluto. Porque primero estaba Dios y su obra. Y él no era más que un nexo en este perdido rincón del mundo.
En esta América de tantos malentendidos, con indígenas masacrados en nombre de la cruz, con jesuitas expulsados, con el oro de los incas viajando para los templos de Europa. ¿Era esa la voluntad de Dios? ¿El saqueo, el abuso y el exterminio? La obra humana de Brochero vino a decir que no; que la obra de la cristiandad pura en la remotísima “Nueva Andalucía” acababa de comenzar.
Y que en las iglesias del Curato de San Alberto empezaría una obra de restauración absoluta. No sólo edilicia sino también, y sobre todo, humana; volviendo a la “casa de Dios” refugio contra todas las tormentas del alma y para todas las etnias del mundo.
Héroe y santo
El sol ponía manchas blancas entre las sombras de los árboles o al revés, los árboles del río manchaban de sombra las márgenes del río. Y bajo las moreras y los sauces, una buena caballada del gauchaje local (tropillas de toda la Villa Nueva campera) asistían a la ceremonia como los más fieles devotos. En torno al estrado que se levantaba junto a la imagen cubierta por un poncho, las sillas de plástico se abrían en platea preferencial para dos centenares de vecinos.
Y allí a las 16.30 en punto se inició la ceremonia. Y el primer acto fue el descubrimiento del pergamino; una pizarra de metal engarzado a una cruz. En él podía leerse el siguiente texto: “José Gabriel del Rosario Brochero. Nacido para morir el 16 de marzo de 1840. Ordenado sacerdote el 4 de noviembre de 1869. Muerto para nacer el 26 de enero de 1914. Infatigable caballero en mula regó de obras su curato, quedando en el corazón del pueblo”.
Y entonces llegó el turno del obispo Samuel Jofré, quien acompañado por el padre Víctor Dutari, párroco de Villa Nueva, tomó la palabra antes de bendecir el busto.
Jofré reflexionó sobre el sentido de las imágenes católicas y afirmó que “la madre Iglesia, al exponer a la pública veneración la imagen de los santos, espera de nosotros que al mirar la efigie de los que han seguido a Cristo con fidelidad, andemos en busca de la ciudad futura, Los santos son amigos y herederos de Jesús y bienechores nuestros que interceden por nostros”.
Luego indicó la importancia de que la imagen del “cura gaucho” se levante en un lugar público.
“Si Brochero está acá, no es sólo porque fue un santo sino también un héroe. Y un héroe inmenso”.
Y explicó que es perfectamente posible ser ambas cosas a la vez. Porque “realizó la obra de Dios y a la vez ayudó muchísimo a la unión de los argentinos en un momento en donde primaba la división; algo no muy diferente a lo que pasa hoy. Porque la obra de Brochero sirvió no sólo a Dios sino también a la construcción de la patria. En buscar el cielo y en construir este mundo, no hay opisición”.
Luego habló de la obra de Brochero, quien priorizó “el espiritualizar a los gauchos de Traslasierra antes de abocarse a las obras materiales”. Y acto seguido, descorrió el poncho y bendijo la imagen.
“Ayudáme, viejito”
Por su parte, el intendente Natalio Graglia agradeció profundamente al obispo, a las autoridades y al público que se llegó desde las dos Villas y la región, y a Gutiérrez “con quién nos pusimos a la par para hacer realidad este sueño”.
Cerró la ceremonia el propio Gutiérrez, peluquero cabralense radicado en Villa Nueva hace 13 años.
“Cuando en 2015 estaba en un hospital en manos de Dios, mi hermana me trajo un rosario desde Cura Brochero. Y le pedí al entonces beato, “viejito, ayudáme”. Inexplicablemente para los médicos, pero no para Dios ni para él, me salvé. Y levantamos este monumento en agradecimiento no sólo al santo sino a esta ciudad que me adoptó”.
Y cerró diciendo que “en 2016 le regalé a mi pueblo una estatua hecha por Julio Incardona, el escultor oficial de Brochero. Y este año esta otra, de Julio también, a esta Villa. Es la tercera al aire libre del país. Una está en Córdoba y otra en Alta Gracia. Pero los villanovenses tenemos el privilegio de tener la más grande, de torso entero. Seguramente aquella tarde de 1901 cuando pasó por este puente, Brochero bendijo esta tierra que ahora le agradece por tanto”.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María
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O acaso sí lo sabía. Porque de ser verdad lo que muchos dicen, que los santos tienen el poder de la profecía, no sería descabellado pensar que aquella tarde de la memoria, idéntica a esta del presente (con en el mismo sol rojizo brillando en las barandas de fierros ingleses) Brochero veía también la ceremonia del presente.
Pero eso no debió importarle en absoluto. Porque primero estaba Dios y su obra. Y él no era más que un nexo en este perdido rincón del mundo.
En esta América de tantos malentendidos, con indígenas masacrados en nombre de la cruz, con jesuitas expulsados, con el oro de los incas viajando para los templos de Europa. ¿Era esa la voluntad de Dios? ¿El saqueo, el abuso y el exterminio? La obra humana de Brochero vino a decir que no; que la obra de la cristiandad pura en la remotísima “Nueva Andalucía” acababa de comenzar.
Y que en las iglesias del Curato de San Alberto empezaría una obra de restauración absoluta. No sólo edilicia sino también, y sobre todo, humana; volviendo a la “casa de Dios” refugio contra todas las tormentas del alma y para todas las etnias del mundo.
Héroe y santo
El sol ponía manchas blancas entre las sombras de los árboles o al revés, los árboles del río manchaban de sombra las márgenes del río. Y bajo las moreras y los sauces, una buena caballada del gauchaje local (tropillas de toda la Villa Nueva campera) asistían a la ceremonia como los más fieles devotos. En torno al estrado que se levantaba junto a la imagen cubierta por un poncho, las sillas de plástico se abrían en platea preferencial para dos centenares de vecinos.
Y allí a las 16.30 en punto se inició la ceremonia. Y el primer acto fue el descubrimiento del pergamino; una pizarra de metal engarzado a una cruz. En él podía leerse el siguiente texto: “José Gabriel del Rosario Brochero. Nacido para morir el 16 de marzo de 1840. Ordenado sacerdote el 4 de noviembre de 1869. Muerto para nacer el 26 de enero de 1914. Infatigable caballero en mula regó de obras su curato, quedando en el corazón del pueblo”.
Y entonces llegó el turno del obispo Samuel Jofré, quien acompañado por el padre Víctor Dutari, párroco de Villa Nueva, tomó la palabra antes de bendecir el busto.
Jofré reflexionó sobre el sentido de las imágenes católicas y afirmó que “la madre Iglesia, al exponer a la pública veneración la imagen de los santos, espera de nosotros que al mirar la efigie de los que han seguido a Cristo con fidelidad, andemos en busca de la ciudad futura, Los santos son amigos y herederos de Jesús y bienechores nuestros que interceden por nostros”.
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“Si Brochero está acá, no es sólo porque fue un santo sino también un héroe. Y un héroe inmenso”.
Y explicó que es perfectamente posible ser ambas cosas a la vez. Porque “realizó la obra de Dios y a la vez ayudó muchísimo a la unión de los argentinos en un momento en donde primaba la división; algo no muy diferente a lo que pasa hoy. Porque la obra de Brochero sirvió no sólo a Dios sino también a la construcción de la patria. En buscar el cielo y en construir este mundo, no hay opisición”.
Luego habló de la obra de Brochero, quien priorizó “el espiritualizar a los gauchos de Traslasierra antes de abocarse a las obras materiales”. Y acto seguido, descorrió el poncho y bendijo la imagen.
“Ayudáme, viejito”
Por su parte, el intendente Natalio Graglia agradeció profundamente al obispo, a las autoridades y al público que se llegó desde las dos Villas y la región, y a Gutiérrez “con quién nos pusimos a la par para hacer realidad este sueño”.
Cerró la ceremonia el propio Gutiérrez, peluquero cabralense radicado en Villa Nueva hace 13 años.
“Cuando en 2015 estaba en un hospital en manos de Dios, mi hermana me trajo un rosario desde Cura Brochero. Y le pedí al entonces beato, “viejito, ayudáme”. Inexplicablemente para los médicos, pero no para Dios ni para él, me salvé. Y levantamos este monumento en agradecimiento no sólo al santo sino a esta ciudad que me adoptó”.
Y cerró diciendo que “en 2016 le regalé a mi pueblo una estatua hecha por Julio Incardona, el escultor oficial de Brochero. Y este año esta otra, de Julio también, a esta Villa. Es la tercera al aire libre del país. Una está en Córdoba y otra en Alta Gracia. Pero los villanovenses tenemos el privilegio de tener la más grande, de torso entero. Seguramente aquella tarde de 1901 cuando pasó por este puente, Brochero bendijo esta tierra que ahora le agradece por tanto”.
Iván Wielikosielek. Redacción Puntal Villa María