Lo detuvieron en el marco de los incidentes entre Alumni y Atenas
Se trata de un joven de 20 años, hincha del “Fortinero”, que participó de los disturbios que se registraron en las inmediaciones de la Plaza Ocampo. Allí hubo un enfrentamiento entre las hinchadas y vehículos fueron dañados
Alumni y Atenas se enfrentaron por el Torneo Federal Regional. El equipo riocuartense le ganó 4 a 1 al conjunto local en Plaza Manuel Anselmo Ocampo. Sin embargo, poco quedó para rescatar del partido y su “folklore”. Borges, alguna vez, dijo: “El fútbol despierta las peores pasiones”. Y aquella sentencia —el escritor no era para nada adepto a deportes como el fútbol—, lamentablemente, es una fotografía que, de alguna manera, evoca lo que ocurrió durante la tarde noche del domingo en las inmediaciones del estadio villamariense.
Pocos minutos después de las 20 —estaba previsto que el encuentro comience a esa hora pero se retrasó 10 minutos por cuestiones ajenas a la riña—, en la esquina de las calles San Juan y Gobernador Sabattini, personal de la patrulla preventiva arrestó a un hincha del “Fortinero”. Se trata de un joven de 20 años que infringió el Código de Convivencia Ciudadana. Ese punto de la normativa —Ley 10.326— sanciona a aquellos que “profirieren gritos, ofensas, hicieren ruidos o utilizaren otros medios capaces -conforme a las circunstancias- de causar escándalos públicos o molestias a terceros”.
Falta para que anochezca. El cielo parece oxidado. Unos pocos autos circulan por el sector. Se escuchan bocinazos. Alguien que filma se esconde. Piedrazos de un lado y del otro. Gritan. Corren. Retroceden. Apuran nuevamente. Y es ahí cuando un hincha del equipo de “El Imperio” se cae y lo agreden: está en el suelo y le pegan, lo patean. Parece que, incluso, le roban. La secuencia se repite. Hasta que uno de ellos rompe con la escena: toma un bombo y se lo revienta en el cuerpo al hombre que ya, prácticamente, no se defiende. Deja el bombo a un costado. Y como si fuera poco, otro sujeto lo levanta y vuelve a reventárselo. Aparecen policías. Pero también, otra vez, los piedrazos. Algunos vehículos son dañados. La situación comienza a descomprimirse. El partido se disputa. El primer tiempo finaliza con Atenas ganando 3 a 1. En el complemento convierte el último gol. Y, entonces, se suspende. Continúan los piedrazos. Agitan. Cantan. El árbitro advierte a ambas hinchadas. El encuentro termina. La noche cubre a la ciudad con sus incertidumbres. Más tarde lloverá. La violencia será una noticia más.
Y, uno, ya no se pregunta por qué.
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Pocos minutos después de las 20 —estaba previsto que el encuentro comience a esa hora pero se retrasó 10 minutos por cuestiones ajenas a la riña—, en la esquina de las calles San Juan y Gobernador Sabattini, personal de la patrulla preventiva arrestó a un hincha del “Fortinero”. Se trata de un joven de 20 años que infringió el Código de Convivencia Ciudadana. Ese punto de la normativa —Ley 10.326— sanciona a aquellos que “profirieren gritos, ofensas, hicieren ruidos o utilizaren otros medios capaces -conforme a las circunstancias- de causar escándalos públicos o molestias a terceros”.
Falta para que anochezca. El cielo parece oxidado. Unos pocos autos circulan por el sector. Se escuchan bocinazos. Alguien que filma se esconde. Piedrazos de un lado y del otro. Gritan. Corren. Retroceden. Apuran nuevamente. Y es ahí cuando un hincha del equipo de “El Imperio” se cae y lo agreden: está en el suelo y le pegan, lo patean. Parece que, incluso, le roban. La secuencia se repite. Hasta que uno de ellos rompe con la escena: toma un bombo y se lo revienta en el cuerpo al hombre que ya, prácticamente, no se defiende. Deja el bombo a un costado. Y como si fuera poco, otro sujeto lo levanta y vuelve a reventárselo. Aparecen policías. Pero también, otra vez, los piedrazos. Algunos vehículos son dañados. La situación comienza a descomprimirse. El partido se disputa. El primer tiempo finaliza con Atenas ganando 3 a 1. En el complemento convierte el último gol. Y, entonces, se suspende. Continúan los piedrazos. Agitan. Cantan. El árbitro advierte a ambas hinchadas. El encuentro termina. La noche cubre a la ciudad con sus incertidumbres. Más tarde lloverá. La violencia será una noticia más.
Y, uno, ya no se pregunta por qué.