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A 10 años de la expropiación de YPF: hoy vale un 75% menos y afronta un juicio multimillonario

La expropiación del 51 por ciento de la petrolera nacional YPF cumplió 10 años, luego de que el 16 de abril de 2012, mediante un decreto que luego se convirtió en ley, el Estado nacionalizó la mayoría accionaria de la compañía, que en ese momento estaba en manos de Repsol.

La idea era revertir la caída en la producción de petróleo y gas que caracterizó al último tramo de la gestión privada, encabezada por esa firma y la familia Eskenazi.

Los rumores sobre un desembarco del Estado en YPF comenzaron a brotar cerca de 28 de enero de 2012.

La acción de YPF está en los 5 dólares desde la invasión rusa a Ucrania, una movida que permitió mejorar las cotizaciones de la mayoría de las petroleras occidentales.

De todas formas, la valuación bursátil de la compañía está en torno de los 3.400 millones de dólares, una quinta parte de lo que valía hace 10 años.

La vicepresidenta Cristina Kirchner defendió hace unas semanas la expropiación de la petrolera durante su segundo mandato como jefa de Estado, como una forma de reivindicación de su decisión: "Ahora Vaca Muerta es nuestro".

Los recursos que tiene la Argentina en energía y alimentos "son casi un botín de guerra", indicó en un acto el pasado 2 de abril, al tiempo que aseguró que "no habría Vaca Muerta ni soberanía hidrocarburífera" de no ser por las medidas tomadas: "Se deben revalorizar nuestras reservas de gas y petróleo".

Vaca Muerta es la segunda reserva más grande del mundo en gas no convencional y la cuarta más grande en petróleo no convencional.

En 2012, cuando se expropió YPF, la formación neuquina apenas atravesaba sus primeras etapas de pozos exploratorios, pero los técnicos ya veían gran calidad de la "roca", más allá de que faltaban inversiones.

El primer desarrollo millonario allí fue de YPF asociado con la estadounidense Chevron.

El acuerdo -que contenía polémicas cláusulas secretas- impulsó Loma Campana desde 2013.

En 2014, la producción de petróleo y gas del país fue la más baja desde 2003, pero Vaca Muerta comenzó a morder con cierta participación sobre la producción de petróleo.

Al principio, a las petroleras les costaba que los pozos fueran redituables, porque sus gastos eran muy altos, pero a medida que hubo más escala, se alcanzó mayor producción.

En 2015, la participación de Vaca Muerta sobre el total de la producción no superaba el dígito y en 2022 ya representa casi un 40% de la producción.

La Argentina posee más gas que petróleo, pero hay un cuello de botella para transportarlo, por lo que la producción petrolera viene mucho más dinámica que la de gas.

Ieasa (la ex Enarsa) espera tener listo un gasoducto para el próximo invierno, al tiempo que las empresas dicen que podrían duplicar su producción actual de ese fluido.

La estatización del 51 por ciento de YPF despojó a Repsol de su control, pero también afectó a la familia Eskenazi.

Ese grupo nacional llegó a controlar el 25 por ciento de la empresa, que fue perdiendo su participación porque no pudo abonar los préstamos que le estaba pagando a Repsol con las mismas ganancias que generaba la petrolera nacional.

Petersen Energía, la sociedad de los Eskenazi, se había constituido en España, donde fue a la quiebra.

El fondo Burford -que se dedica a litigar activos en liquidación y busca apuestas arriesgadas y de altas ganancias- compró los derechos para los juicios que tuviera Petersen contra el Estado argentino, dueño del 51 por ciento de la firma, y se presentó en la Justicia de Nueva York, que es el ámbito en que se dirimen estas controversias.

Como YPF está listada en Wall Street, acepta las regulaciones estadounidenses al respecto.

El pleito lleva varios años, pero hay una posibilidad de que haya una sentencia a mediados de año.

El reclamo se basa en que el Estado argentino debería haber hecho una oferta pública y haberles pagado por el 25 por ciento de las acciones que tenían.

Se estima que la Argentina podría terminar pagando 8.400 millones de dólares a Burford (por los derechos de Petersen) y a Eton Park, otro fondo que era el tercer accionista de la petrolera.