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Una ley necesaria, pese al oportunismo y la hipocresía

Reflexión en el marco de la discusión plenaria en Diputados por la despenalización del aborto

Las leyes más polémicas, vinculadas con una cuestión de conciencia y que atraviesan transversalmente a los partidos políticos en términos de aceptación o rechazo, son las que merecen un debate sincero, sin fanatismo ni hipocresía. 

La sociedad argentina navega en un mar profundo de contradicciones. Miramos con admiración a los países más desarrollados del mundo. Europa y Estados Unidos son el espejo en el cual nos gustaría vernos reflejados. Los países nórdicos son nuestra referencia permanente al rol que el Estado debe cumplir: esos países tienen legalizado el aborto desde hace más de 40 años. 

También existe la educación sexual sistematizada y obligatoria desde el nivel inicial. Ello contribuye al conocimiento del cuerpo, a la utilización adecuada de métodos anticonceptivos, a tener una vida sexual segura, sana y una maternidad planificada, lo cual reduce sustancialmente el embarazo no deseado. 

Otra de nuestras contradicciones como sociedad e irresponsabilidad como Estado: “Desde 2006 la ley de Educación Nacional en su inc. P del art 11, impone educación sexual en todas las escuelas. Sólo el 30 por ciento la implementa y de manera improvisada, sin continuidad. Al Ministerio de Educación le gusta medir el rendimiento en matemática, pero jamás controló que las escuelas cumplan con de este artículo. 

Por ello, y con total sensatez, desde el 28 de mayo de 2005 y en coincidencia con el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, la Consigna es: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”. Claramente observamos que primero está la educación y en última instancia el aborto. 

Cuando hablo de hipocresía refiero a que en la Argentina desde siempre hay abortos. Los sectores medios y medios altos los realizan en clínicas privadas bajo la figura de legrado por pérdida no provocada del embarazo. Los sectores populares, pobres, y las mujeres más vulnerables recurren al aborto séptico, realizado por personas no profesionales, en condiciones precarias, sin instrumental ni esterilización adecuada. 

Ninguna mujer quiere hacerse un aborto, es una decisión no exenta de dolor, de frustración, de incertidumbre y abrumadora. Por ello me llamó tanto la atención cuando una diputada de altísimo perfil dijo el día de la presentación del proyecto que prefería una mujer con siete hijos pobres y no con siete abortos. También sostuvo que era necesario retirar el proyecto por respeto a los creyentes. 

Desafortunada opinión por cierto. Un legislador no debe legislar desde su perspectiva personal, es obligación hacerlo desde la perspectiva del colectivo social, lo mejor para la gente. Además ningún creyente está obligado a abortar. 

Por otra parte, algunos sectores de la oposición aducen que la presentación del proyecto es oportunista. Hoy tenemos la posibilidad de debatir y aprobar esta ley. Independientemente de las especulaciones políticas, si las leyes necesarias tienen sanción, lo demás es anecdótico y secundario. 

Otra contradicción, incluso puesta en palabras del Presidente, es decir que se está en contra del aborto porque se está a favor de la vida. En realidad deberíamos invertir el orden de las palabras, estamos a favor de la legalización del aborto porque estamos en contra de la muerte de miles de mujeres por año.

Uno de los sectores contrarios más influyentes en esta materia es el clero. Que con una posición arcaica e hipócrita sigue prohibiendo a sus fieles las relaciones pre y extramatrimoniales, la ligadura de trompas, y les imponen castidad hasta llegar al matrimonio. También es el que mayores obstáculos ha puesto para la implementación de la educación sexual en las escuelas. 

No califico su posición, uno puede o no estar de acuerdo. Lo que es reprochable es la hipocresía que suele empañar este tipo de debates. 

Las palabras autorizadas en este tema, los profesionales de las maternidades provincial y nacional como los de los departamentos de ginecología y obstetricia de todos los hospitales públicos “sostienen que las muertes por abortos son uno de los ejemplos más fuertes de desigualdad e inequidad”. También la mayoría considera que “la legalización del aborto es una cuestión de salud pública, de justicia social y de derechos humanos”. 

Días pasados, la periodista y escritora Laura Di Marco sostuvo: “Si los hombres tuvieran que parir, el aborto sería legal desde hace mucho tiempo”. Coincido con esa afirmación.

Por Griselda Baldata. Diputada nacional ( MC).

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