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Condena ejemplar: más de 40 años a curas que abusaron de niños sordos

Nicola Corradi (83) , encargado de la obra religiosa en Argentina, recibió una pena de 42 años por aprovechar la indefensión de alumnos hipoacúsicos para abusarlos sexualmente. Horacio Corbacho fue sentenciado a 45 años

En las escalinatas del histórico edificio de los Tribunales de Mendoza, un racimo de hombres y mujeres comenzó a agitar sus manos al cielo.

El gesto silencioso no era otra cosa que el emocionado aplauso de las víctimas del Instituto Provolo,  el centro religioso que durante años se transformó en un calvario para decenas de personas hipoacúsicas que fueron abusadas por quienes estaban a cargo de su educación.

La reacción se trasladó en el acto al exterior de los Tribunales, donde empezaron a escucharse los primeros bocinazos.

Era la una y media de la tarde y había finalizado la lectura del fallo de la Sala 6 del Fuero Penal Colegiado que aplicó fuertes condenas para dos de los sacerdotes que tenían a cargo la institución. 

Nicola Corradi, el cura italiano que llegó a Argentina huyendo de las denuncias por abusos que recibió en su propio país, aquí acaba de ser condenado a 42 años de cárcel por abusar sexualmente de varios alumnos sordos. Con un agravante que los jueces no soslayaron: quien cometió esos delitos era miembro de un ministerio religioso y estaba a cargo de la guarda de las víctimas.

Sentado en su silla de ruedas, el hombre de 83 años mantuvo el rictus severo, como si supiese de antemano su destino.

Algo similar sucedió con el hombre delgado y de cabellera rubia, el sacerdote de 59 años, Horacio Corbacho. Fue quien recibió la condena más severa: 45 años de cárcel porque la Justicia demostró que había participado del abuso sexual de varios menores de edad.

La tercera persona sentada en el banquillo era Armando Gómez (49), exjardinero del Provolo, condenado a 18 años de cárcel por haber sido parte de la serie de abusos que asoló a los estudiantes mendocinos.

En el juicio, que se inició el 5 de agosto, Corbacho había sido imputado por 16 hechos, mientras que a Corradi lo acusaban por seis y a Gómez por otros seis, en una causa que tiene una decena de víctimas de entre 4 y 17 años de edad.

Por el beneficio de la duda, la Justicia absolvió a los curas de algunos de los abusos; sin embargo, dio por probados el grueso de los episodios denunciados. Por eso las penas superaron los 40 años de cárcel.

Segunda condena

Se trata de la segunda condena por los abusos en el Instituto Provolo, ya que ya había sido sentenciado a diez años de prisión Jorge Bordón, un monaguillo que también trabajaba en el establecimiento y fue hallado culpable de once abusos.

La causa tendrá un tercer capítulo. Será cuando la Justicia siente en el banquillo de los acusados a las monjas Kumiko Kosaka y Asunción Martínez, a la regente Graciela Pascual y a otros directivos de la institución que también quedaron acusados por la oscura trama que por años se mantuvo oculta.

La sentencia de ayer incluyó un dato que algunos pasaron desapercibido pero que contribuirá a que este juicio traspase fronteras: los magistrados ordenaron expresamente que se notifique  del  fallo al Consulado de Italia, país donde funciona la sede central del Instituto Provolo.

“Sentencia reparadora”

Liliana Rodríguez, psicóloga de la Red de Sobrevivientes de Abusos Eclesiásticos, compartió con Puntal sus sensaciones tras oír el fallo que esperaban desde hace tres años, cuando los abusos en el Provolo salieron a la luz.

“Es una sentencia absolutamente reparadora, no sólo por los años de condena a estos abusadores, sino también por el mensaje para toda una sociedad, para todos los sobrevivientes y para todos los curas y monjas abusadores de que esta sociedad no puede permitir más que sucedan estas cosas”.

La profesional que coordina la red integrada por sobrevivientes de todo el país resaltó la decisión de la Justicia de ir más allá de las condenas y procurar ocuparse de quienes por años estuvieron desprotegidos.

“Rescato que hayan ordenado la obligatoriedad de la enseñanza del lenguaje de señas, que el Estado cumpla con lo que no cumplió. Me parece sumamente importante que obligue a los estamentos del Estado a brindar asistencia psicológica gratuita, que se creen grupos de reflexión y puestos de trabajo para las víctimas”, expresó. 

 Rodríguez recordó que como Red habían manifestado el  deseo de que la Justicia estuviese a la altura de los delitos que estaba juzgando.  “Y parece haber estado a la altura”, opinó.

Ni los sacerdotes ni el jardinero se mostraron arrepentidos

Si bien el juicio por los abusos en el Instituto Provolo fue a puertas cerradas por la naturaleza de los delitos, tanto el veredicto, que se conoció pasado el mediodía, como las últimas palabras de los tres acusados pudieron seguirse en vivo  a través del canal web del Poder Judicial de Mendoza. Cerca de las diez de la mañana, los jueces Carlos Díaz, Mauricio Juan y Aníbal Cribeli les dieron a los dos curas y al jardinero la posibilidad de hablar antes de pasar al fallo. Sin embargo, ninguno de los tres dijo nada. Ni mostraron arrepentimiento ni proclamaron su inocencia. Gómez, quien es sordomudo, hizo un gesto elocuente con sus manos para expresar que nada tenía que aclarar. En tanto que los sacerdotes Corbacho y Corradi negaron con la cabeza. Cuando oyeron las fuertes penas tampoco mostraron ningún tipo de reacción.



Alejandro Fara.  Redacción Puntal

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