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Seis pacientes tratados en el CAS local recibieron el alta supervisada

Quienes cumplieron con los objetivos terapéuticos fueron reconocidos por el Consejo Municipal de las Adicciones (CMA) en un acto realizado el miércoles en el Centro Cultural Favio. Hubo emoción en la sala Jorge Bonino tras los testimonios de los recibidos

Seis pacientes del Centro Asistencial (CAS) –los primeros de este 2019- recibieron el alta supervisada en un acto plagado de emociones. Quienes cumplieron con los objetivos terapéuticos del tratamiento fueron reconocidos por el Consejo Municipal de Prevención de las Adicciones y del Uso Indebido de Sustancias Psicoactivas (CMA).

La ceremonia, que se desarrolló el miércoles por la noche en la sala Jorge Bonino del Centro Cultural Comunitario Leonardo Favio (CCC), contó con la participación de los recibidos, sus familiares y los profesionales del CMA. 

Las personas que lograron conseguir el alta compartieron con los presentes sus historias y testimonios, agradecieron el apoyo recibido por los miembros del Centro Asistencial y a sus compañeros que continúan con el tratamiento les pidieron “no bajar los brazos”.

El proceso de recuperación que siguen los pacientes en el CAS se apoya en el trabajo grupal y particular. La persona, en caso de que lo requiera, puede acceder a espacios de atención individual y a consultorías. En las terapias grupales comparten el proceso con profesionales de psicología y trabajo social, y con especialistas en arte (los pacientes reciben talleres de literatura y música).

Con el alta supervisada, las personas pasan de asistir de tres días a la semana a hacerlo tan sólo un día. Además, está previsto que cada recibido cuente con un psicólogo de cabecera que lo atenderá cada quince días, luego cada un mes, y así progresivamente hasta llegar a los tres meses.

Testimonios de superación 

Una de las personas que recibió el alta supervisada, identificada con las siglas G.L., aprovechó la oportunidad para contar su historia. “Empecé desde chico a consumir, creo que a los 14 años”, comenzó el relato.

Y continúa: “Por circunstancias de la vida me tuve que hacer cargo de la familia, dejar el estudio y trabajar. Siempre estuve con el consumo. Formé una familia con una consumidora y me fue todo mal. Al principio era todo lindo, pero se me fue de las manos. Me fui alejando de la gente que más me quería, me alejé de mi familia, empecé a andar mal económicamente, en el trabajo y con mis amigos”. G.L reconoció el acompañamiento de los integrantes del CAS. “Empecé a conocer a fondo a todos y darme cuenta que su trabajo era ayudar. Conocí a Juan, Antonella, Perla, Roxana y por último a María Luz”, manifestó.

“A mis compañeros quiero desearles lo mejor, espero que sigan luchando y entiendan que una recaída no es lo malo, sino que lo malo es como quedan. Traten de que cada recaída sea para  mirar adelante y no hacia atrás. Sé que me falta mucho y que  hay  muchas piedras en  el camino. Agradezco a Dios haber conocido a toda esta gente que me está ayudando. Me siento muy feliz  con esto que estoy haciendo”, cerró.

Otro de los presentes, cuyo nombre comienza con la letra P, tomó el micrófono y dijo unas palabras. Destacó: “Quiero agradecer a todos los profesionales, a Rosana, Perla, Antonella, María Luz, ellas me ayudaron en la terapia y en el tratamiento, primero con terapia individual y luego con el trabajo en grupo, con los talleres de música, literatura y teatro”.

Dicho testimonio dio cuenta de los aprendizajes que se llevó del tratamiento terapéutico. “En estos diez meses aprendí muchas cosas, entre ellas, las palabras resiliencia y asertividad y sus significados. Con esas palabras trabajamos en nuestra persona aprendiendo a conocernos un poco más para salir adelante, trabajando desde la autoestima”, comentaron.

J.S. explicó que su entrada a las adicciones fue a través del consumo de alcohol, actividad que durante los últimos años se había vuelto una constante. “Se convirtió en una adicción el tomar todos los días”, señaló. 

Aconsejado por su entorno familiar, tomó la decisión de tratarse. Agregó: “Si bien hubo recaídas, algo frecuente en esta patología, no bajé los brazos y seguí asistiendo al grupo con el fin de ganar esta batalla que muchos problemas me ha traído”.

Para finalizar, J.S. aprovechó la ocasión para recomendarles a quienes tengan problemas de adicción “que se acerquen a pedir ayuda, porque esto es una enfermedad y debe ser tratada”. “Por experiencia les digo que solo no se sale, no sientan vergüenza y busquen ayuda”.

L.A. también hizo mención a la soledad. “Cuando uno empieza de cero, o tiene que salir del pozo donde se metió, es difícil hacerlo solo, sin una mano amiga que te ayude y te apoye”, sostuvo, y anexó: “Cuando empecé este tratamiento me fui aislando y quedando solo, no me importaban más que mis propios problemas y no confiaba en nadie, menos escuchaba los consejos que me daban. Incluso hasta tuve problemas con la policía”.

“Les quiero agradecer a mis familiares, a los que han estado cuando toqué fondo y a los que se me han acercado, y me ayudaron a ponerme de pie y a dirigir mi vida por un buen camino”, cerró L.A.

“La fuerza y la voluntad”

El coordinador del CMA y psiquiatra, Guillermo Gauna, celebró el objetivo alcanzado por los seis recibidos. “Estamos siendo testigos de la fuerza y la voluntad de algunos que quisieron salir adelante para crecer y madurar como personas y edificarse como lo están haciendo”, indicó. Sobre los testimonios de quienes recibieron el alta, afirmó: “Nos dan la esperanza de una posible salida”.

Gauna se mostró agradecido con el secretario de Adicciones a nivel provincial, Darío Gigena Parker; con la Municipalidad de Villa María y su representante en el Ejecutivo, Martín Gill; con el jefe de Gabinete, Hector Muñoz y con todo el equipo del CMA.



Maximiliano Gilla.  Redacción Puntal Villa María

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