“Empezamos siendo un centro de admisión y hoy tenemos el programa de evaluación integral, o sea cuando un paciente viene y solicita ayuda se hace una evaluación y después se hace una derivación, para una modalidad que esté dentro de lo que nosotros le podemos brindar o fuera de lo que le podemos brindar”, explicó la directora de la Casa Esperanza , que pertenece a la Asociación Nazareth, Verónica Valentín.
También destacó que en la Provincia “hay muchos dispositivos” y los pacientes pueden requerir de unos u otros. Por eso primero la evaluación. “Nosotros tenemos acá Centro de Día y Centro de Noche. El de Día es para quienes pueden hacer tratamiento ambulatorio porque tienen la contención suficiente en su familia. Y el de Noche, para aquellos pacientes que no siendo agudos como para estar internados en una casa de residencia, necesitan una contención fuera de su hogar, toda la semana o los fines de semana”, explicó.
Precisamente, el Centro de Noche es para pacientes “que las familias pueden asumir muchas responsabilidades del acompañamiento pero que en algunos momentos se desbordan, o los fines de semana o durante la semana”. Ahí aparecen ellos con el Centro de Noche de varones.
Tal como se presentan en su web, Nazareth es una comunidad católica de rehabilitación de adictos, que trabaja desde 1995 “en la construcción de la Red de Vida en adicciones, de la Pastoral Argentina, teniendo pertenencia a la Pastoral de Adicciones a nivel diocesano como así también un claro lineamiento de espiritualidad y catequesis”. De todas maneras la contención no se limita a quienes profesan esa fe.
En la ciudad la Casa Esperanza es sinónimo del trabajo para la recuperación de personas con problemas de adicciones, incluso dieron un nuevo paso cuando se sumaron a la ONG Vínculos en Red para la Casa de Mujeres, tal como oficialmente se informó semanas atrás.
Valentín señaló que la situación de las mujeres que se albergan en la casa de barrio La Calera, que bautizaron con el nombre de Mamá Antula, es mucho más compleja. “Vienen con otra situación, mucho más dura, donde primero es situación de calle, en algunos casos situaciones de prostitución, explotación sexual o violencia de género y adicciones. Entonces la realidad de las mujeres que tenemos en el Centro de Noche, sin que ellas sean agudas para estar internadas en una comunidad terapéutica, que tenemos también, es que necesitan contención en el refugio”, precisó.
Es así que trabajan con hombres y mujeres de las edades más variadas, de entre los 13 y 70 años o más. Para la contención y el tratamiento la edad no es el límite.
“El objetivo es una mejor calidad de vida. Nuestro programa es de 4 años. La OMS dice que una persona que se mantiene abstinente durante cuatro años está sana. Y la ley nacional dice que una institución que supervisa un paciente abstinente puede darle el alta médica. Entonces nosotros tenemos pacientes que tienen un alta médica: son sanos”, explicó Valentín.
Y agregó: “No todos llegan a este proceso, porque es un proceso de estar conectado con la institución durante cuatro años, entonces trabajamos en tres niveles: el programa intensivo, que tiene como objetivo central la abstinencia y la reestructuración cognitiva de las conductas adictivas, que va entre 9 y 12 meses”. Después el paciente puede elegir que la institución supervise la siguiente etapa, que es “la de evaluación y construcción del proyecto vital, que son 12 meses más, y luego viene la tercera etapa, que es el alta supervisada”, cuando están atentos a la estabilidad del paciente, con terapias y grupos mensuales.
“Con eso cumplimentamos cuatro años de tratamiento. O sea que el paciente tiene que elegirnos en tres instancias”, apuntó Valentín.
Sí, según reconoció, para algunos puede haber recaídas, que se convierten en situaciones aún más complejas que las que originalmente llevaron a la persona, o a su familia, a pedir ayuda.
“Los hábitos y la vida saludable son fundamentales, todos lo que se reconstruyan en hábitos saludables pueden caer en nuevas adicciones, lo que sería el degeneramiento de la patología adictiva. Sí tuvimos pacientes que estuvieron mucho tiempo, a lo mejor no han cumplimentado con cuatro años, se fueron de la institución y volvieron un par de años después con la patología de las adicciones pero asociada a nuevos hábitos adictivos”, explico. Y en esa nómina de nuevos hábitos adictivos puede incluir el juego, la comida, “más drogas, más consumo”.
Mariana Corradini. Redacción Puntal Villa María
Comentá esta nota
Precisamente, el Centro de Noche es para pacientes “que las familias pueden asumir muchas responsabilidades del acompañamiento pero que en algunos momentos se desbordan, o los fines de semana o durante la semana”. Ahí aparecen ellos con el Centro de Noche de varones.
Tal como se presentan en su web, Nazareth es una comunidad católica de rehabilitación de adictos, que trabaja desde 1995 “en la construcción de la Red de Vida en adicciones, de la Pastoral Argentina, teniendo pertenencia a la Pastoral de Adicciones a nivel diocesano como así también un claro lineamiento de espiritualidad y catequesis”. De todas maneras la contención no se limita a quienes profesan esa fe.
En la ciudad la Casa Esperanza es sinónimo del trabajo para la recuperación de personas con problemas de adicciones, incluso dieron un nuevo paso cuando se sumaron a la ONG Vínculos en Red para la Casa de Mujeres, tal como oficialmente se informó semanas atrás.
Valentín señaló que la situación de las mujeres que se albergan en la casa de barrio La Calera, que bautizaron con el nombre de Mamá Antula, es mucho más compleja. “Vienen con otra situación, mucho más dura, donde primero es situación de calle, en algunos casos situaciones de prostitución, explotación sexual o violencia de género y adicciones. Entonces la realidad de las mujeres que tenemos en el Centro de Noche, sin que ellas sean agudas para estar internadas en una comunidad terapéutica, que tenemos también, es que necesitan contención en el refugio”, precisó.
Es así que trabajan con hombres y mujeres de las edades más variadas, de entre los 13 y 70 años o más. Para la contención y el tratamiento la edad no es el límite.
“El objetivo es una mejor calidad de vida. Nuestro programa es de 4 años. La OMS dice que una persona que se mantiene abstinente durante cuatro años está sana. Y la ley nacional dice que una institución que supervisa un paciente abstinente puede darle el alta médica. Entonces nosotros tenemos pacientes que tienen un alta médica: son sanos”, explicó Valentín.
Y agregó: “No todos llegan a este proceso, porque es un proceso de estar conectado con la institución durante cuatro años, entonces trabajamos en tres niveles: el programa intensivo, que tiene como objetivo central la abstinencia y la reestructuración cognitiva de las conductas adictivas, que va entre 9 y 12 meses”. Después el paciente puede elegir que la institución supervise la siguiente etapa, que es “la de evaluación y construcción del proyecto vital, que son 12 meses más, y luego viene la tercera etapa, que es el alta supervisada”, cuando están atentos a la estabilidad del paciente, con terapias y grupos mensuales.
“Con eso cumplimentamos cuatro años de tratamiento. O sea que el paciente tiene que elegirnos en tres instancias”, apuntó Valentín.
Sí, según reconoció, para algunos puede haber recaídas, que se convierten en situaciones aún más complejas que las que originalmente llevaron a la persona, o a su familia, a pedir ayuda.
“Los hábitos y la vida saludable son fundamentales, todos lo que se reconstruyan en hábitos saludables pueden caer en nuevas adicciones, lo que sería el degeneramiento de la patología adictiva. Sí tuvimos pacientes que estuvieron mucho tiempo, a lo mejor no han cumplimentado con cuatro años, se fueron de la institución y volvieron un par de años después con la patología de las adicciones pero asociada a nuevos hábitos adictivos”, explico. Y en esa nómina de nuevos hábitos adictivos puede incluir el juego, la comida, “más drogas, más consumo”.
Mariana Corradini. Redacción Puntal Villa María

