En los últimos días, el que explicó los cambios fue el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, quien recordó que “cuando en 2001 se produjo el último brote de aftosa se armó un sistema de vacunación centrado en ‘Entes Vacunadores’ que tenían a su cargo la supervisión sanitaria en una zona particular. Este sistema, motivado por la urgencia del momento, vino con dos problemas centrales. Primero, generaba un monopolio local: un productor de Azul tenía que vacunar con su ente, el de Tres Arroyos con el suyo, sin que pudiera haber competencia entre ellos. Como los precios de las aplicaciones diferían, recibí incontables mensajes de productores puteando (si me disculpan la expresión) por estar atrapados con su ente. El segundo problema era el de escala. Al dividir el país en innumerables pedacitos, era imposible desarrollar una red de distribución nacional eficiente y más económica”, remarcó el funcionario nacional, haciendo claramente hincapié en dos aspectos económicos que a su juicio atentaban contra los productores.
Luego siguió: “En un mercado más abierto, me imagino a los laboratorios (¿Biogénesis-Bagó?), o a empresas intermediarias, generando un mecanismo de distribución nacional con más escala y, de hecho, con mejor control sanitario. Ahora cada productor puede comprar la vacuna a quien le plazca y se puede comprar para ser entregada en el campo mismo (por ejemplo, con un camión o camioneta refrigerada) garantizando la cadena de frío. Más barato y mejor. La resolución también sube al ruedo a los veterinarios, que podrán registrarse libremente para ellos también ofrecer el servicio, quizás comprando las vacunas a un distribuidor nacional, al ente o directamente a los laboratorios. Los entes seguirán, pero ahora estarán obligados a competir en un ecosistema mucho más diverso”, apuntó Sturzenegger, quien además dijo que el nuevo sistema será una “revolución”.
Frente a esa explicación, Carbap salió al cruce y cuestionó las modificaciones y advirtió por posibles consecuencias negativas para la estrategia ganadera nacional. En esa línea, la entidad, que forma parte de CRA, recuerda una historia similar, pero no igual de lo que ocurrió a comienzos de Siglo con los múltiples focos de aftosa: “A partir de entonces, y gracias a una adecuada articulación público-privada, fue necesario reconstruir y fortalecer los entes sanitarios y fundaciones que habían sido clave durante la década del 90 para el control de la enfermedad. Sobre esa base institucional se reorganizó el sistema de vacunación y, en menos de un año, se comenzó a recuperar el control sanitario. El último episodio relevante se registró en 2006 y fue rápidamente contenido”.
Y agregó: “Hoy, la fiebre aftosa es considerada una enfermedad exótica en la Argentina, dado que la mayor parte de nuestro territorio es reconocido como libre con vacunación y existen zonas específicas libres sin vacunación”, destacando así la eficiencia sanitaria de la estrategia aplicada.
Luego, Carbap destaca que, ahora, “en medio de la actual campaña de vacunación, sin ningún tipo de justificación técnica que lo avale, de manera absolutamente inconsulta, sin evidencias económicas que lo respalden y en forma absolutamente inoportuna, se pretende modificar mediante un acto administrativo la estructura central de la campaña de vacunación”.
Y suma: “Esta decisión desconoce, además, el principio de solidaridad entre productores, una de las columnas centrales del programa, ya que todos hemos acordado pagar el mismo valor por dosis aplicada dentro de cada fundación, independientemente del tamaño de nuestros rodeos”.
En ese sentido, la entidad que reúne a las rurales pampeanas y bonaerenses y es una de las más fuertes del país, remarca que “no existe justificación técnica para una modificación de esta magnitud y que la discusión se limita exclusivamente a un enfoque económico. Los resultados del programa han sido óptimos según los propios informes del Senasa”.
Y alerta: “Se afirma con énfasis que el sistema propuesto será revolucionario. Sin embargo, lo cierto es que el modelo que se intenta implementar ya fracasó en el pasado. Fue precisamente ese fracaso el que llevó a la creación del sistema actual basado en fundaciones y entes sanitarios, que ha permitido cumplir los objetivos del programa de vacunación de manera ordenada, auditable y sostenible”.
Finalmente, cierra con datos y una pregunta inquietante: “Según los registros productivos, el 17 % de los establecimientos posee menos de 20 bovinos y el 34 % entre 20 y 100, lo que significa que más de la mitad de los productores tiene rodeos pequeños, generalmente dispersos y con mayores costos operativos para su atención. Surge entonces una pregunta central que la resolución no responde: ¿quién garantizará que estos productores efectivamente vacunen sus rodeos?”.