Se fue noviembre con precipitaciones que superaron 4 veces el promedio histórico del mes, lo que impactó en todas las actividades productivas de la región.
Ese hecho extraordinario fue destacado en primera instancia en el informe correspondiente a la segunda quincena del mes pasado que elaboró la Regional Villa María de la Asociación de Productores en Siembra Directa (Aapresid), entidad que busca recopilar indicadores productivos locales.
Concretamente, noviembre cerró con precipitaciones que alcanzaron los 460 milímetros, mientras que el histórico para dicho mes es de 100.
Los distintos cultivos se vieron afectados por esa situación aunque, como se observa desde hace años, la ocurrencia de lluvias marcó una importante variabilidad de un lote a otro.
Más allá de las circunstancias particulares, la entidad indicó que el maíz es el cultivo que mejor performance presenta en la región, encontrándose en excelente estado en prácticamente la totalidad de la superficie implantada.
“Muy buen estado sanitario, con surco cerrado y con perfiles cargados de humedad. Es el cultivo más beneficiado por las condiciones reinantes ya que lleva acumulados más de 250 mm de agua”, sostuvo el trabajo.
Igualmente “surgen algunos interrogantes respecto a la persistencia de algunos herbicidas pre-emergentes y la posibilidad escapes de malezas. De todos modos, como mencionáramos anteriormente, el cultivo ya cerró el surco sin permitir el ingreso a lotes para realizar algún tratamiento de post emergencia. Las mismas dudas aparecen en relación a la disponibilidad de nitrógeno en el perfil debido a los milímetros precipitados y a algunos anegamientos temporarios”.
De todas maneras, ciertos lotes pudieron ser refertilizados antes de las grandes lluvias, cuando el maíz todavía tenía el tamaño adecuado para realizar esa tarea.
Por lo anteriormente mencionado, desde Aapresid Villa María destacaron que de mantenerse las condiciones se proyectan rendimientos muy importantes en la zona.
Soja
En lo que respecta a la soja, el informe consigna que la siembra y tratamientos pre-emergentes avanzaron entre un 70 y 80 por ciento de la superficie relevada, quedando aún una porción importante destinada al cultivo de primera que aguarda un ambiente favorable para su implantación. Un dato significativo es que por las inclemencias climáticas aproximadamente un 30 por ciento de esa superficie deberá ser resembrada.
Asimismo, los miembros de la regional que elaboraron el trabajo advirtieron que se plantean dudas sobre lo que “sucederá con la persistencia de los herbicidas residuales aplicados a la siembra. Por ahora, en la generalidad de los lotes no se reportan escapes importantes de malezas”.
Se trata de uno de los problemas más importantes que enfrenta la producción en los últimos años, ya que la resistencia creada hacia ciertos herbicidas exige una estrategia para tratar de evitar escapes, que luego redundan en mayores costos y pérdidas de rendimiento de los cultivos.
Con respecto a la emergencia de plagas, en los últimos días se registró un incremento de poblaciones de Megascelis, más conocida como vaquita defoliadora.
“Se los encuentra de manera abundante en las borduras de los lotes, fundamentalmente en aquellos sectores próximos a cultivos de maíz, trigo o cultivos de servicios. Cada año se los visualiza más frecuentemente y se aprecia un nivel de daño mayor sobre el cultivo de soja”, sostiene el estudio.
Sobre ese tema, desde la entidad expresaron que están recibiendo muchas consultas acerca de las medias a tomar para controlar la plaga. La recomendación, indicaron, es no utilizar métodos químicos de control, ya que se trata de poblaciones móviles que incrementan las posibilidades de reinfestación.
En la región también se reportó la presencia de Helicoverpa Gelotopoeon (oruga bolillera) en soja en estadios iniciales, lo que obligó a llevar a cabo tratamientos en algunos lotes.
“Siempre insistiremos en que si bien hay condiciones para la presencia de enemigos naturales que son una importante herramienta de control, no se debe dejar de monitorear para evitar llegar a situaciones complicadas en sojas en estadios iniciales. Ante la necesidad de tener que hacer intervenciones químicas, es recomendable considerar aquellos productos que protegen a la fauna benéfica, para potenciar la combinación de ambos controles”.
Por su parte a la alfalfa, cultivo fundamental para la alimentación ganadera, el clima no le jugó una buena pasada ya que en muchas zonas los campos sembrados tuvieron problemas de anegamiento. Tal situación generó inconvenientes en las labores para la confección de forrajes e incluso algunos lotes no podrán ser destinados a corte.
Para completar el cuadro, el informe subrayó la irrupción de una gran cantidad de malezas, sobre todo gramíneas, por lo cual deberán plantearse futuros tratamientos.
Trigo
Finalmente, el trabajo consigna que tanto el trigo como el resto de los cereales de invierno que se producen en la región (cebada, centeno y avena), se encuentra en madurez de cosecha o próximo a ella, a la espera de que mejoren las condiciones de suelo para iniciar la trilla y la recolección.
Al momento de realizar el informe el avance de cosecha de trigo alcanzaba al 20 por ciento de la superficie total, con rendimientos que oscilan entre 28 – 30 quintales por hectárea (qq/ha). Los lotes más afectados por la sequía invernal, heladas tardías o caída de granizo, no superan los 16 qq/ha., mientras que aquellos que tuvieron una situación más benéfica o con presencia de napa cercana lograron rendimientos que superan los 35 e incluso 40 qq/ha.
Pablo Correa. Redacción Puntal Villa María
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Concretamente, noviembre cerró con precipitaciones que alcanzaron los 460 milímetros, mientras que el histórico para dicho mes es de 100.
Los distintos cultivos se vieron afectados por esa situación aunque, como se observa desde hace años, la ocurrencia de lluvias marcó una importante variabilidad de un lote a otro.
Más allá de las circunstancias particulares, la entidad indicó que el maíz es el cultivo que mejor performance presenta en la región, encontrándose en excelente estado en prácticamente la totalidad de la superficie implantada.
“Muy buen estado sanitario, con surco cerrado y con perfiles cargados de humedad. Es el cultivo más beneficiado por las condiciones reinantes ya que lleva acumulados más de 250 mm de agua”, sostuvo el trabajo.
Igualmente “surgen algunos interrogantes respecto a la persistencia de algunos herbicidas pre-emergentes y la posibilidad escapes de malezas. De todos modos, como mencionáramos anteriormente, el cultivo ya cerró el surco sin permitir el ingreso a lotes para realizar algún tratamiento de post emergencia. Las mismas dudas aparecen en relación a la disponibilidad de nitrógeno en el perfil debido a los milímetros precipitados y a algunos anegamientos temporarios”.
De todas maneras, ciertos lotes pudieron ser refertilizados antes de las grandes lluvias, cuando el maíz todavía tenía el tamaño adecuado para realizar esa tarea.
Por lo anteriormente mencionado, desde Aapresid Villa María destacaron que de mantenerse las condiciones se proyectan rendimientos muy importantes en la zona.
Soja
En lo que respecta a la soja, el informe consigna que la siembra y tratamientos pre-emergentes avanzaron entre un 70 y 80 por ciento de la superficie relevada, quedando aún una porción importante destinada al cultivo de primera que aguarda un ambiente favorable para su implantación. Un dato significativo es que por las inclemencias climáticas aproximadamente un 30 por ciento de esa superficie deberá ser resembrada.
Asimismo, los miembros de la regional que elaboraron el trabajo advirtieron que se plantean dudas sobre lo que “sucederá con la persistencia de los herbicidas residuales aplicados a la siembra. Por ahora, en la generalidad de los lotes no se reportan escapes importantes de malezas”.
Se trata de uno de los problemas más importantes que enfrenta la producción en los últimos años, ya que la resistencia creada hacia ciertos herbicidas exige una estrategia para tratar de evitar escapes, que luego redundan en mayores costos y pérdidas de rendimiento de los cultivos.
Con respecto a la emergencia de plagas, en los últimos días se registró un incremento de poblaciones de Megascelis, más conocida como vaquita defoliadora.
“Se los encuentra de manera abundante en las borduras de los lotes, fundamentalmente en aquellos sectores próximos a cultivos de maíz, trigo o cultivos de servicios. Cada año se los visualiza más frecuentemente y se aprecia un nivel de daño mayor sobre el cultivo de soja”, sostiene el estudio.
Sobre ese tema, desde la entidad expresaron que están recibiendo muchas consultas acerca de las medias a tomar para controlar la plaga. La recomendación, indicaron, es no utilizar métodos químicos de control, ya que se trata de poblaciones móviles que incrementan las posibilidades de reinfestación.
En la región también se reportó la presencia de Helicoverpa Gelotopoeon (oruga bolillera) en soja en estadios iniciales, lo que obligó a llevar a cabo tratamientos en algunos lotes.
“Siempre insistiremos en que si bien hay condiciones para la presencia de enemigos naturales que son una importante herramienta de control, no se debe dejar de monitorear para evitar llegar a situaciones complicadas en sojas en estadios iniciales. Ante la necesidad de tener que hacer intervenciones químicas, es recomendable considerar aquellos productos que protegen a la fauna benéfica, para potenciar la combinación de ambos controles”.
Por su parte a la alfalfa, cultivo fundamental para la alimentación ganadera, el clima no le jugó una buena pasada ya que en muchas zonas los campos sembrados tuvieron problemas de anegamiento. Tal situación generó inconvenientes en las labores para la confección de forrajes e incluso algunos lotes no podrán ser destinados a corte.
Para completar el cuadro, el informe subrayó la irrupción de una gran cantidad de malezas, sobre todo gramíneas, por lo cual deberán plantearse futuros tratamientos.
Trigo
Finalmente, el trabajo consigna que tanto el trigo como el resto de los cereales de invierno que se producen en la región (cebada, centeno y avena), se encuentra en madurez de cosecha o próximo a ella, a la espera de que mejoren las condiciones de suelo para iniciar la trilla y la recolección.
Al momento de realizar el informe el avance de cosecha de trigo alcanzaba al 20 por ciento de la superficie total, con rendimientos que oscilan entre 28 – 30 quintales por hectárea (qq/ha). Los lotes más afectados por la sequía invernal, heladas tardías o caída de granizo, no superan los 16 qq/ha., mientras que aquellos que tuvieron una situación más benéfica o con presencia de napa cercana lograron rendimientos que superan los 35 e incluso 40 qq/ha.
Pablo Correa. Redacción Puntal Villa María

