Villa María | agro

Preocupa a la cadena sojera el bajo valor proteico de los granos

Así lo afirmó el especialista en mejoramiento del cultivo del INTA, Diego Soldini. Señaló que los productores no tienen en cuenta los descuentos que perciben por ese motivo
 
El bajo nivel de proteína en la soja genera descuentos por calidad e incrementa los costos de la cadena. Sin embargo se trata de un tema que no está suficientemente visibilizado en los productores, aunque requiere una urgente corrección por sus implicancias económicas. Por ese motivo, según explicó a PUNTAL VILLA MARÍA el experto en mejoramiento del cultivo del INTA Marcos Juárez, Diego Soldini, desde hace varios años están trabajando en el área sobre esa problemática, tanto en las sojas transgénicas como en variedades no GMO (genéticamente modificadas). El profesional destacó que a partir del desarrollo que realizan en la entidad han logrado pasar de un 38 a un 40 por ciento de nivel de proteína en materia seca en soja y lamentó que los productores no le presten demasiada atención porque los descuentos pasan “desapercibidos”. Añadió además que la soja no GMO, aunque mucho menor en volumen, representa una tendencia de consumo y que las pymes procesadoras que están trabajando con ese tipo de producción logran mejorar el nivel de rentabilidad. 

“Sin dejar de lado los objetivos tradicionales del mejoramiento genético de soja en el país y en el mundo, que entre otras cuestiones tiene que ver con la sanidad, rendimiento y adaptabilidad, nosotros desde hace unas 10 campañas venimos poniendo énfasis en la calidad. Y dentro de ese concepto amplio, que en soja involucra varias características, estamos focalizándonos casi exclusivamente en el contenido de proteína”, comenzó diciendo el experto. 

Y agregó: “Sabemos que la calidad pasa por la composición de la proteína, por la presencia o ausencia de factores antinutricionales vinculados con el uso de la soja en monogástricos, como cerdos, aves, peces, y por otros temas que tienen una demanda muy escasa o poco significativa”.

En ese sentido, Soldini señaló que a raíz de la baja general de contenido proteico que presenta la producción argentina –relacionado con la genética y el ambiente- en el proyecto de mejoramiento del INTA, que la repartición lleva a cabo en conjunto con el sector privado, están acentuando la selección de varietales. 

“Esto básicamente apunta tanto al uso de la harina para producción animal como a su utilización como aditivo para alimentos elaborados para consumo humano. Hoy el promedio general de proteína de la producción nacional, dependiendo de la campaña, está en 37 o 38 por ciento base seca; y en nuestro programa de mejoramiento, luego de unos 10 años, estamos con materiales con un piso de contenido de proteína, base seca, de 40 por ciento. Esto lo estamos haciendo tanto en la versión RR transgénica, como en la versión no GMO”, afirmó.

Cabe señalar que un trabajo elaborado por el Laboratorio de Calidad Industrial y Valor Agregado de Cereales y Oleaginosas de la citada entidad nacional consignó, en referencia al manejo que debería hacer el productor, que para “atenuar la caída en la proteína desde el inicio de la campaña sojera el productor debe priorizar actividades aplicando criterios que permitan cuantificar los resultados económicos que hacen a rendimiento y calidad. La elección del cultivar es lo primero a tener en cuenta cuando se piensa en sembrar. Se deben elegir variedades genéticamente superiores en cantidad de proteína, si se prioriza este factor, que hay disponibles en el mercado”.

A pesar de ello y de los descuentos que perciben por entregar granos con bajo volumen de proteína, Soldini indicó que “a mi entender pasan desapercibidos. Creo que a nivel de productor no hay conciencia o quizás no se divulgue con suficiente ímpetu la problemática; sí conocen bien las consecuencias los técnicos y el resto de la cadena. Hemos tenido la oportunidad de participar en varias de las reuniones y talleres de la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (ACSOJA) en donde se tratan todos los temas relacionados con la parte legal, logística, tecnológica o política y siempre surge el problema de la proteína como el más importante que afronta actualmente la soja en Argentina por las repercusiones en términos de ingreso de divisas al país”

Otro mercado

Tal como mencionó Soldini, los trabajos de mejoramiento que lleva adelante el INTA se vinculan también con la soja no transgénica. 

“Hay una tendencia aún poco significativa si la comparamos con la producción nacional, pero sí relacionada con el interés de pymes agroindustriales que están viendo como núcleo de negocios la comercialización de soja no GMO con alta proteína. Nosotros tenemos varios convenios de vinculación y transferencia tecnológica y uno de ellos nos está financiando el desarrollo, la parte genética del mejoramiento con la finalidad de lograr variedades de soja no GMO que se adapten a una certificación orgánica con alta proteína”, expresó. 

La intención es producir harinas con esas características con la finalidad de elaborar alimentos balanceados para peces. 

“Hay una producción importante de salmónidos en Chile y otros países que demandan harinas de alto valor proteico, de bajo costo, y la soja responde muy bien a eso. Pero para ello necesitamos procesar un grano con un  piso mínimo de 40 o 41 por ciento de proteína base seca. Es un desafío importante que tenemos para un nicho de mercado pequeño en términos de volumen pero no tanto en lo que respecta a negocio y rentabilidad”, dijo.

El profesional señaló que mirando adelante el mejoramiento “está marcando los caminos que van hacia objetivos muy puntuales, más allá del rendimiento y la sanidad que constituyen el denominador común para todos. Pero después hay demandas específicas que tienen que ver con el contenido de proteína en el grano, con la calidad de esa proteína, si tiene o no factores antinutricionales y también aquellos que facilitan o limitan la oxidación de las harinas”. 

A partir de esa tendencia, Soldini sostuvo: “Vemos que la agricultura en general y la producción de soja en particular va camino a una especialización, hacia un incremento en el número de nichos de mercados que llevan a una descomoditización del producto. Eso incluye un valor diferencial que, aunque el volumen sea pequeño, compensa esa diferencia”.



Pablo Correa.  Redacción Puntal Villa María

TEMAS:
Comentá esta nota

Noticias Relacionadas