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Con material reciclado hace réplicas exactas de máquinas agrícolas

Nicolás Rojo es de Alcira. En las horas libres, después de su trabajo como albañil, deja volar la imaginación y con trozos de chapas y hierro crea verdaderas obras coleccionables

Nicolás Rojo se gana la vida como albañil, es este su oficio, pero tiene una gran pasión que es replicar en miniatura y de manera exacta máquinas agrícolas y camiones. En su taller, y entre cajas y una gran cantidad de material reciclado, aparecen lustrosos sus modelos a escala que, asegura, hace “a ojo”.

El joven albañil que vive en barrio Argentino mostró a Puntal toda su colección de artesanías realizadas con elementos reciclados. También se sumó a un concurso local de arte con material metalúrgico y toda su creatividad voló para hacer en miniatura una copia exacta de la parroquia de su pueblo.

Los vecinos destacan la similitud y prolijidad de los modelos realizados. Con mucha paciencia y dedicación, disfruta de un hobby que heredó de una familia que fabricaba los juguetes a sus descendientes.

Desde una tapita, un tenedor roto, clavos o un trozo de chapa,  todo sirve y dispara una idea en la  imaginación de Nicolás.

“Empecé antes de que naciera mi hijo Bautista. Fue ahí cuando inicié los primeros trabajos. Pero, si bien Bauti es chico, ya mi padre me contaba que es algo que traemos de familia. Me comentaba tiempo atrás que su padre, o sea mi abuelo, le hacía los juguetes a mi papá. Podemos decir que es una tradición que traemos desde hace años”, comienza a contar Nicolás, mientras en sus manos sostiene una cosechadora que sorprende por la exactitud de cada detalle.

“A mi abuelo le gustaba juntar algo de material de descarte, como clavitos de los zapatos, y otros materiales y le hacía los juguetes a mi papá”, rememora Nicolás.

“Para hacer estas réplicas a escalas o maquetas, como les digo yo, me guío por una escala y, a ojo, voy haciendo las distintas partes de cada uno de los modelos. Voy viendo cómo va quedando y voy calculando la altura, el ancho y todas las formas que tienen los objetos, o vehículos en este caso, en tamaño real”. 

Asume que de la primera creación a las últimas se fue perfeccionando. “De a poco estoy viendo que los trabajos han ido mejorando. Voy aprendiendo y voy probando técnicas nuevas”, resalta.

Más de 50 piezas

Su primer gran desafío fue armar una fumigadora. “Viendo sus fotos y mirando los detalles que tiene en tamaño real. Fue el primer trabajo que hice y que me dio tantas satisfacciones. Después hice un Zanello articulado y hoy tengo más de 50 trabajos realizados. En esos trabajos se observa la diferencia y el aprendizaje, porque cada vez me están quedando más lindos”, destaca.

Luego de largas horas entre andamios y ladrillos en alguna obra de construcción, llega a su casa y en su pequeño taller del patio encuentra su espacio para relajarse y hacer volar la imaginación. Así, toma entre sus manos un trozo de chapa e inmediatamente aparece una creación. Torno en mano, va dando forma hasta a las ruedas de cada uno de los vehículos.

Todos los materiales que utiliza son reciclados, hasta la pintura. Sólo compra las calcomanías que pega luego a sus máquinas, pero asegura que ya le cuesta conseguirlas en la imprenta, por lo que está buscando una manera de fabricarlas él.

Desde una chapa hasta un tenedor

“Entre mis herramientas cuento con una soldadora, un pequeño torno casero, una amoladora, un taladro de banco. El tornito casero sirve para trabajar las llantas, las gomas de los vehículos. En cuanto a los materiales, te digo que es todo rejunte”, reitera.

En medio pide que a la hora de tomar fotografías eviten mostrar su taller, porque es “humilde”. 

Y agrega este trabajador alcirense: “Para los últimos trabajos estoy comprando algo de chapa nueva para evitar que rápidamente se oxide o se arruine lo que hice. Pero la mayoría de lo hecho se hizo usando material para reciclado”.

 “Cuando el pintor y chapista me pintó el auto le sobró un poco de pintura de color cremita y esa la usé para pintar el camión vaquero. Creo que todo sirve y puede ser reciclado y usado en estos trabajos, que pienso que quedan muy lindos”, detalla.

Entre las muchas anécdotas que tiene sobre sus creaciones, mencionó que en una oportunidad en la escuela le pidieron a su hijo que llevara algo hecho con material reciclable. Un tenedor fue suficiente para hacer una rana que, orgulloso, su pequeño llevó al colegio.

De colección

Consultado sobre si conoce el valor de cada una de las piezas que fabrica artesanalmente, dijo que no. En el mercado de juguetes existen réplicas, en su mayoría de plástico, de elevado costo.

“No he calculado el precio de los que tengo ahora, pero creo que cuando se piensa en vender la artesanía se tiene que calcular el tiempo usado para realizarla, como mínimo. Ya he vendido algunos en el barrio, para los chicos de Gigena, y han quedado muy conformes”, asegura.

Orgulloso expresa que tiempo atrás lo visitó un coleccionista de autos antiguos con una coupé Fiat antigua. “Me pidió que la hiciera en escala, como si fuera una maqueta en miniatura, y también quedó muy conforme, aunque tuvo que venir varias veces para que observara todos los detalles de su coche. Ahora va a los encuentros y a las exposiciones con su auto antiguo real y le coloca la réplica a escala arriba para que la gente la disfrute”. 

El joven inventor admite que le resulta difícil desprenderse de sus creaciones. “Hay veces los trabajos quedan muy lindos, no los quiero vender, me encariño. Me pasa siempre cuando los termino y quedo conforme”, asume con vergüenza.

Dos años atrás, Nicolás Rojo hizo una muestra con todas sus maquinarias en el marco de la Fiesta del Contratista Rural. Hace pocos días también fue convocado en General Deheza por una alumna que debía rendir una materia y usó los modelos para acompañar su exposición.

Por estos días también se sumó a una convocatoria lanzada por la Municipalidad de Alcira Gigena que apuntó al reciclado de material. Nicolás participa con una réplica de la parroquia local. 

“Demoro un mes para terminar un trabajo, depende de los detalles, por ejemplo. Por ahí un mes y medio, o dos meses cuando se complica. Soy muy cuidadoso en la conservación, los tengo a todos en cajas y mi chiquito, el Bauti, tiene poco acceso a todos estos que bien pueden ser llamados y usados como juguetes. Sólo puede usarlos mientras los estoy haciendo. Cuando se terminan, van a cajas y se guardan para alguna exposición”, finaliza Nicolás.



Víctor Machuca.  Redacción Puntal

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