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En Agosto, Alem siempre festejó

Andrés Agosto manifestó que "el hincha de Alem es especial, único. Te ama y te exige en la misma medida. Considero que ídolo fue mi hermano Cristian, que ganó un título más que yo, pero jugar allí y ganar media docena no está mal"

Andrés Agosto aparecía cuando menos lo esperaban y clavaba su daga. Era un goleador de partidos importantes, un volante creativo al que le sobraba sacrificio, y aunque solía pasarse de vueltas por su temperamento, el hincha de Alem lo adoptó como su último ídolo.

En esa galería de privilegiados que se mide por lo dejás en la cancha por la camiseta, el “Apache” entró como por un tubo con los goles en los clásicos ante Alumni. “Fue una racha muy linda. Eran los partidos que más me gustaba jugar, y me tocó justo la época en la que ellos volvieron a la Liga. Le hice dos goles en el primer clásico en ‘La Nueva Leonera’, que ganamos 3-2 con un penal de ‘Chopo’ Morales, a quien considero como a mi hermano ídolo del club. Yo me conformo con haber ganado media docena de títulos, entre ellos aquel Provincial en 2006. No está nada mal, porque jugar en Alem no es para cualquiera, y tener la suerte de ganar y disputar finales a cancha llena, es único”.

Aquel pibe que se inició en El Porvenir, y formó parte de una clase 80 que dominó en inferiores, debutó en una final. “Fue contra Sportivo Playosa. Yo venía de ganar el torneo Provincial de cuarta división en Embalse, y me convocó Carlos Suárez para esa final. Me expulsaron, estaba muy nervioso, pero Víctor Ruiz y Luis Formosa me entendieron y alentaron. No me olvido más. Pocos días después dimos la vuelta olímpica”.

Los hermanos sean de Alem

Ese fue el inicio tan particular de Andrés Agosto en la primera de Alem, donde marcaría una época junto a su hermano Cristian, que muchos reconocen como “el Alem de los Agosto”.

Estima que “mi hermano fue un grande, jugó en Newell’s, y cuando las papas quemaban se puso siempre el equipo sobre sus hombros y fue al frente llevándolo adelante. Yo fui un corredor, que no me guardé nunca nada y traté de darle la pelota siempre a un compañero. A veces me tocaba ser enganche, y muchas otras jugar por los costados, pero como siempre me gustó llegar al gol, Marcelo Alamo me decía que aunque jugara de doble 5 como en el Provincial, nunca perdiera la virtud de soltarme y llegar al área”.

Con Cristian armó una sociedad desde niños y para toda la vida. “Hoy laburamos juntos. Vendemos leña y carbón, lo repartimos, y por suerte se puede trabajar en esta época de pandemia. Cristian es mi patrón, y me caga a pedos como en la cancha”, sonríe el “Apache”.

Resalta que “el carbón se vendió bien en el inicio de la pandemia, pero ahora se normalizó. Los asados estaban de moda en marzo, pero ahora bajó un poco la venta”.

Aclara que “los sábados y los domingos nos falta algo. El fútbol se extraña un montón. Es entendible que no se juegue, hay que cuidarse y poder volver a encontrarnos en una cancha”.

Luego de colgar los botines, hizo un gran trabajo en categorías infantiles, y ahora en juveniles. “Estoy trabajando en Rivadavia de Arroyo Cabral. Es un proyecto lindo, la intención de acuerdo a lo pactado con el presidente Silder Bosio es apostar por 3 años para completar las 6 categorías. Este año habíamos inscripto a las 3 más chicas: 2006, 2007 y 2008, ya que la cuarta (2002/2003) pasó íntegramente a reserva”.

Remarcó que “el año pasado estuve en el cuerpo técnico con Luciano Pereyra y los profesores, y dirigí a las categorías infantiles de Rivadavia, que hubo que conformarlas íntegramente”.

Recuerda que “formar chicos es un proceso largo. La intención es que en 3 años podamos contar con todas las categorías, pero además que esa formación permita nutrir a la Primera, y que algunos chicos puedan dar el salto a otro nivel”.

Remarca que “habíamos armado 3 lindas categorías, buscando pibes y fichándolos. Algunos del infanto ya pasaban a cancha grande, y la intención es darle sentido de pertenencia a los chicos”.

Aclaró que “no me dan los tiempos para trabajar con los infantiles, porque también estaba dirigiendo a Belgranito en la Liga de Baby. Yo estuve 6 años en Deportivo América, que fue mi casa en el baby. Trabajé igual que lo estaba haciendo ahora en Belgranito. Con 40 chicos armábamos 5 categorías. El trabajo de fondo es el que lleva más tiempo, pero también la única forma de ser prolijos en la formación”.

Insiste en que “más allá de los resultados, lo que más sirve es que el pibe sepa pegarle con derecha y zurda, sepa hacer un saque lateral, sepa lo que es triangular y ocupar un lugar en la cancha, y sepa divertirse sin sentirse presionado por un resultado. Después se gana, se empata y se pierde, pero me gusta que los pibes aprendan y no le peguen por arriba sin sentido. Es la edad en la que deben equivocarse para aprender”.

Formando por un sueño

Andrés Agosto afirma que “me encanta que los pibes tengan que jugar 15 minutos en inferiores, y ahora que tengan que jugar todos en el baby. El chico sólo aprenderá si juega. Si tengo un pibe que está en 80% y juega siempre podrá llegar al 100%, pero al pibe que está en un 40% y no juega, lo vas a dejar en 10%. Hay que hacerlos jugar, y tienen que ir a divertirse”.

Se ilusiona con que “todos los pibes jueguen hasta los 12 años. Me tocó ir a La Playosa, y me dijeron que los pibes que juegan en la Liga mayor son todos del pueblo, pero no juegan en el equipo del pueblo en la Liga de baby, porque traen a otros pibes de afuera. Es decir, esos pibes no tenían lugar en el club de su pueblo con 8, 9, 10, 11 o 12 años”.

Indicó que “todos queremos ganar, y me parece interminable debatir si se juega para ganar. Lo que vale la pena discutir es si es necesario llevar una tabla de posiciones o permitir si vale la pena que un equipo reciba 10 o 15 goles en categorías infantiles”.

Insistió en que “me pasó una vez que en una Copa Villa María mi equipo le hizo 10 goles a otro. Le pedí al árbitro que detuviera el partido porque ya no servía seguir humillando al rival. Cuando terminó la fase, mi equipo se quedó afuera por diferencia de goles. ¿Cómo le explicás después a los padres?”.

Recuerda que “el chico se frustra muchas veces por estas situaciones de competencias nocivas. Me gusta que sean competitivos, pero no pasarse de vueltas. Fui un papá que quería que mis hijos ganaran, pero me interesaba más que le pegaran con la pierna izquierda aunque la atajara el arquero, antes que verlos patear con la derecha y tirarla afuera por estar mal perfilados”.

Recalcó que “Alexis cumplió 17 años y este año estaba entrenando con el plantel superior de San Lorenzo de Las Perdices, donde lo dirige el tío Cristian”.

“Pedro, de 12 años, juega en Rivadavia. Y mi hija de 4 años, Juana, creo que va a jugar muy bien, porque no deja la pelota. Se pinta y se maquilla, pero se pone a jugar al fútbol con los hermanos”, dijo.

Destaca que “mi señora Gisela me acompañó siempre, y a sus hijos también. En los 6 años en América trabajó mucho junto con los otros padres que estaban a cargo”.

Sus primeros rugidos

Andrés Agosto consideró que “me surgieron propuestas para dirigir en primera, pero me debo un par de años más en inferiores. Veo a mi hermano dirigiendo a San Lorenzo en una final, y está muy bueno. Pero antes pasó por las inferiores de Alem primero, y luego lo dirigió hasta en un torneo superior”.

Recuerda que “Marcelo Alamo me enseñó mucho, para mí fue el mejor, rescaté todo lo que pude, pero también sé que no le gustaba trabajar con profes. Armé un grupo lindo de trabajo con los profesores Vincenti y Peretti en Rivadavia”.

Insiste que “cuando yo jugué en las inferiores de Alem había grandes jugadores, pero lo más valioso fue el sentido de pertenencia. Eso quiero transmitir”.

Recuerda que “me tocó salir campeón en varios torneos locales, y en los Provinciales en Embalse, pero los chicos teníamos un amor por la camiseta de Alem, que nos llevó a ganar cosas en primera”.

Recalca que “el hincha de Alem te ama y te exige. Por eso me parece bueno trabajar en Rivadavia, porque es un club exigente en primera. Hay que formar para identificar al pibe con el club en el que juega. Yo sabía desde chico que Alem llenaba la cancha, es un club que transmite una pasión única. Y amaba jugar ante esa multitud que te ama, y te exige”.