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Impulsan un proyecto para reducir el desperdicio de productos alimenticios

La iniciativa busca reutilizarlos, no para consumo humano sino más bien para generar subproductos que van desde alimentos para animales hasta la realización de espacios de compostaje y la generación de fertilizantes naturales

Con la intervención de diferentes actores locales, el Municipio busca aplicar un programa que apunta a la reducción de pérdidas alimenticias, luego de un diagnóstico realizado el año anterior en el que se refleja que se desperdicia entre el 15% y 20%. La intención es generar mecanismos que apunten a su reutilización, no para consumo humano sino más bien para la generación de otros productos.

El ingeniero Otto Wester es uno de los referentes de la iniciativa, y en diálogo con este medio entendió que para alcanzar el objetivo propuesto se debe trabajar en componentes que consideró fundamentales. El puntapié será con el cinturón verde y la producción de verduras, principalmente de hoja, que se generan en la ciudad y región. Entendió que la decisión de iniciar desde este sector surge por un control mucho más accesible en el campo de intervención, pero también y en el espacio de comercialización, que es el Mercado de Abasto y las verdulerías.

“Necesitamos generar un consenso con los protagonistas, porque hoy no hay una conciencia de que esos son alimentos que se pierden, y no un producto que no se vende. Ante ello, la idea es trabajar en ese sector constituyendo una mesa con los actores directos, entre ellos el Mercado, alguna cámara de verduleros, los productores hortícolas, y finalmente con el sector gastronómico”, puntualizó.

La iniciativa busca abordar “todo lo que tiene que ver con el desperdicio de alimentos”, aunque en diferentes etapas. “Hay mucho alimento que se pierde, las estadísticas internacionales y nacionales son abultadas en ese sentido”, destacó Wester, y admitió que a partir de lo que “perdemos localmente debemos intervenir, por un lado haciendo una difusión del tema sobre cómo cuidar mejor los alimentos”. Precisamente ese cuidado que hay que tener es el que lleva a una reducción de lo que se pierde, “sólo con almacenarlo almacena distinto, estando más atento a la fecha de vencimiento, si se generan distintos usos y hasta cómo preservar más los alimentos elaborados”.

El entrevistado admitió que en el sector gastronómico “hay una porción importante de alimentos que se pierde y la idea es darle un destino. Estamos en contra del reuso en personas de alimentos que perdieron valor comercial o que son desperdicios; entendemos que hay varias cosas más para explorar como convertirlo en alimento animal y que pueda eso adquirir un valor diferenciado, pero económico”.

Incluso, entre esas posibilidades está la de insertarlo en un eslabón más de la cadena de reciclado “en el cual se puedan obtener subproductos; hay experiencias con aceites obtenidos a partir de grandes volúmenes de alimentos que se procesan y dan un tratamiento particular”. Y hasta sumó la chance de realizar compost, que es “un fertilizante natural, mejor que un químico. Todo esto requiere de una ingeniería de tratamiento hasta comunitaria diferente. Lo que pretendemos es empezar a trabajar”.

Diagnóstico

El año anterior se realizó en esta ciudad un diagnóstico que derivó en una agenda de trabajo. Sobre los resultados de ese informe, Wester detalló que los registros locales “reproducen la situación mundial, del país y la provincia. Hay un volumen entre el 15% y 20% de los alimentos que se desperdician, que se tiran y no tienen más destino que una disposición incontrolada. Ese porcentaje de desperdicio es el que nos hace trabajar”.

Remarcó que es necesario abordar lo que es la pérdida de alimentos, aun cuando hay muchos productos en supermercados “que pierden el valor comercial. Hay que discutir con los propietarios de esos alimentos y con algún segmento de consumidores o productores de subproductos para ver de qué manera esa pérdida de la calidad comercial puede aún mantener una calidad alimentaria, o de algún otro producto de la cadena”.

Entendió que en la actualidad “tenemos una cadena corta del alimento: está disponible para consumir o lo tiramos. Y en realidad a partir de que no está listo para consumir hay dos o tres cosas más que se pueden hacer y que redundan en beneficio de la población. Ese es el desafío que vamos a tomar teniendo en cuenta el tamaño de la ciudad. Tenemos un sector gastronómico que es uno de los que más se engrana en tema de recuperación económica post-pandemia; y si le podemos aportar algún elemento que permita reducir esa propia pérdida, sería beneficioso”.

Consultado sobre la posibilidad de generar compost con todo lo que se desperdicia, el ingeniero agrónomo consideró que en la actualidad la mayoría de los fertizilantes “son químicos; si pudiésemos hacer una planta de compostaje en la que todo este residuo se trata, los productores hortícolas podrían tener una parte de su fertilización hecha desde la recuperación de esos alimentos. En esta época en la que se habla de la economía circular, iríamos un poco en esa línea”.