Héctor Machado es un prócer en Alumni. Es el soldado que siempre fue al frente y protegió “El Fortín”.
Hoy extraña, se siente “atrapado y sin salida” en su casa, con el Covid 19 haciendo estragos en el país, pero con los pibes del fútbol jugando en las calles, sin cuidados ni contención en los clubes.
Sus más de 30 años en la tarea de formación, que hoy lo encuentran trabajando como DT en las inferiores de Alumni, y en el baby fútbol en Roque Sáenz Peña, que le otorgan autoridad para expresar que “es imposible que un chico del fútbol esté encerrado en su casa 5 meses. Es difícil la situación, porque entiendo que pueden enfermarse, pero lo mal que puede hacer a un pibe deportista estar un año sin jugar, quizás sea peor”.
“Pelusa” resalta que “yo estoy como los leones, porque en mi vida falté a un entrenamiento. Aún con gripe, siempre fui a practicar, y gracias a Dios no tuve enfermedades ni lesiones graves en mi vida. De tanto caminar en mi casa, creo que estoy más entrenado que cuando jugaba”.
Lanzó su postura: “En Alumni tenemos un predio grande. Hay mucho espacio para poder contener a los chicos, hacerlos entrenar como corresponde, y darles la tranquilidad a los padres de que están cuidados y seguros con el protocolo que corresponda”.
Reconoce que “es más difícil en Roque Sáenz Peña, pero los míos también necesitan verse las caras. No sé si este año se va a jugar, quizás pase para el año que viene, pero los pibes necesitan mirarse las caras, estar en una cancha juntos otra vez, quizás no como antes, pero volver a verse”.
Coincide en que “no hay mejor lugar para un jugador que un club. Esa es su segunda casa. Salgo a caminar, y veo que en todos los campitos están jugando al fútbol. Les podemos dar más cuidado en los clubes, y contener con buena división y distanciamiento. Con grupos pequeños de chicos, podemos darles lo que necesitan”. Aclaró que “nada de hacer fútbol. Estoy hablando de entrenar”.
Tu lugar, mi lugar, nuestro lugar
Al respecto, Alumni solicitó autorización para poder entrenar “legalmente”, y pareciera que tendrá que esperar para tener una respuesta. “Los chicos juegan lo mismo. Se escapan, y no es bueno. Veo que están jugando, y me preocupa que no le encontremos la vuelta para volver en forma ordenada en un club, para seguridad”.
Aportó otro aspecto a tener en cuenta. “Tanto tiempo sin verse cambia el nivel físico, deteriora el ritmo futbolístico, pero más allá de eso complica desde lo psicológico, y hasta amplía la deserción del deporte. Si en la adolescencia o niñez no se ven durante más de un año, quiebra hasta las amistades”.
Aclaró que “es difícil el estudio, que es prioridad, pero también el deporte se puede dejar de lado. Es una edad en la que se abandona, o se elige qué deporte hacer, o qué actividad. No sé quién seguirá”.
Sostuvo que “las escuelitas de fútbol en muchos lugares de la provincia están entrenando, y se habilitó la actividad. Es idéntico a lo nuestro. No quiero comparar con otros deportes, pero la Liga debe volver alguna vez, y desde el 14 de marzo estamos parados”.
Consideró que “se respetó la cuarentena, pero después de 5 meses se necesita estar en una cancha. No hay Zoom que valga, quieren patear una pelota. Hay pibes que van solos a jugar, sin que nadie les indique qué hacer, cuánto pueden acercarse o alejarse. Lo primero que hacen es jugar al fútbol, que es peor. Dios quiera que la Liga tenga respuestas, y podamos entrenar con cuidado y control. Nada mejor que en los clubes para que el pibe esté activo y no corra riesgos”.
El fútbol es salud
Héctor Machado estima que “el deporte es salud. Ahora pareciera que lo que enferma es el deporte. No es para sacar ventajas. River Plate no se presentó ante Atlético Tucumán, y ahora está apurado por volver. Yo hablo de entrenar”.
Sostiene que “los pibes deben estar activos, y juegan en los campitos. Y los de primera andan por las calles corriendo solos, pero no es lo mismo que entrenar”.
Recuerda que “Arturo Santaclara vuelve como DT en 1989 y me pide que lo acompañe. Dejé el fútbol y me hice cargo de la primera local de Alumni. Luego, en Argentino dirigí baby e inferiores en 1990”.
Destaca que “en esos años me hicieron una nota en la que me preguntaron qué 3 pibes veía con más futuro. Dije: ‘Cholo’ Guiñazú, Enrique Sánchez y Mauro Rosales”.
Señala que “tengo la nota guardada y he visto muchos pibes que jugaban bien, pero no es sólo jugar bien. La constancia, el apoyo familiar, el entrenamiento, y adoptar una decisión con convicción”.
Del campeonato local dijo que “se necesita más competencia en inferiores. Se juega mucho contra los mismos equipos, y es necesario cruzarse con otras ligas como Río Cuarto, Bell Ville, Oncativo, San Francisco o Córdoba. Yo dirigí a Alumni en 1998 y 1999 en Córdoba, y era otro nivel de competencia. Fuimos campeones en cuarta y se nutrió a la primera”.
“Los viejos provinciales eran muy competitivos. En Embalse se veían pibes de buen nivel, y Alumni sacó de esa clase pibes de esas clases 90 y 91. Iban los mejores de la provincia. Deben volver a hacerse”, dijo.
Puso el pecho con orgullo
Afirma que “Alumni tiene una historia grande, pero también perdió muchas camadas buenas. En 2013 dirigí a las 5 categorías de inferiores que fueron campeonas. En 2014 salieron 4 campeonas, y perdimos una final por penales”.
Estimó que “no digo que todos debían llegar, sino que cada dos categorías se debía rescatar para formar una buena base. Siempre recomendé que pusieran un entrenador para que a los 16 o 17 años los puliera. Por eso rescato a Adrián Gallará, que me encantó como trabajó. Vi a todos los DT que trajo Alumni, pero pocos veían a las inferiores. Por algo Gallará está en la Selección Juvenil Argentina”.
Indicó que “cuando perdés a tantos pibes, después te cuesta formar la primera. Pero hay pibes de Alumni en todos los clubes de la Liga. También pasa que los chicos juegan en la quinta y quieren jugar en la primera. No es así”.
Insistió en que “en mi época te hacían debutar, y después te bajaban a reserva. Ibas al freezer para ver si te la bancabas”.
Recuerda que “costaba jugar en mi época, porque había más jugadores y la reserva era un selectivo. A los delanteros nos traían jugadores todo el tiempo. ¿Sabés las veces que fui titular hasta el jueves, y el viernes caían 4 o 5 delanteros y debutaban el domingo? Bronca teníamos, pero era así, la peleábamos y terminábamos jugando nosotros”.
Recalcó que “en 1984 y 1985 todos se acuerdan de Salinas, Hiotidis, Stobbia, Agonil, pero sabés todos los que venían. Y terminábamos jugando los locales, más esos 3 o 4 jugadores que eran diferentes”.
“El jugador del club es el que pone el pecho. Ese es el que está en las buenas y en las malas. El que conoce todos los pormenores del club, si hay deuda, si no hay plata, y sale a pelear lo mismo por el club, porque sos del club”, dijo.
Explicó que “es verdad lo que dijo Jorge Molina. Alumni para llevar gente debía hacer buena campaña y convocaba poner a jugadores de afuera. Lo sabíamos nosotros”.
Señala que “Bernio y Corró eran la mejor dupla que vi en mi vida, porque se entendían de memoria, pero sólo jugaron en Unión San Vicente, y lo llevaron al Nacional”.
Destaca que “nosotros peleábamos con ellos, con Estudiantes, con Sportivo, con Belgrano. Me acuerdo que me enteré que nos íbamos a jugar a Córdoba cuando volvimos de la gira por Maldonado en Uruguay. Fue en el ‘84”.
Estimó que “éramos casi todos jugadores surgidos en la Liga cuando enfrentamos a Estudiantes en esas famosas finales para ir al Nacional ‘85 y sólo 2 o 3 de afuera vivían del fútbol. No éramos profesionales”.
Insistió en que “Alumni me dio la posibilidad de medirme con esos jugadores profesionales. También de ir a 3 países diferentes: la gira por Chile en 1977, el campeonato en Uruguay en 1984, y como DT dirigiendo a los pibes en Brasil en 2013. Todo a pulmón, pero tres experiencias maravillosas”.
Destacó que “hoy no podríamos darle al jugador del club esas oportunidades. Haber enfrentado a Maradona con Argentinos Juniors en 1979 y haberlo marcado fue único. Me tocó hacer un gol ese día, y aún me queda la bronca de no haberme sacado ni una foto con él, porque queríamos ganarle”.

