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"Chacho" se hace camino al andar

Jorge Peñaloza estimó: "Lo que he querido del fútbol lo hice. Pude dirigir en Estados Unidos, Chile o en Córdoba, pero elegí mi familia y conservar mi trabajo en Epec. No me atrae dirigir por la plata, me gustan desafíos superiores"

Jorge Peñaloza recalca: “Siempre me gustó dirigir, no creo haber estado sin conducir tácticamente un año seguido. Sentir esa adrenalina única... Terminó mi carrera como futbolista cuando empecé a dirigir a mis compañeros de Unión Central y casi no he parado. Siempre tuve club para dirigir”.

Hoy es el DT de Rivadavia de Arroyo Cabral e insiste: “Hay un lindo proyecto de tres años en un club grande de la Liga. Como siempre digo: caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Disfruta de “ese vicio” que es el fútbol regional, en el que se reniega y se necesita mucho más que ser DT, pero quedan amigos entrañables, recuerdos inolvidables, como sus 11 títulos logrados en Unión Central, Alumni (2), Yrigoyen (3), Independiente de Hernando (2), Almafuerte (2) y Colón de Arroyo Cabral. También perdió 5 finales.

“Trabajo nunca me faltó y eso es una suerte. Aunque siempre mi trabajo principal fue en Epec y prioricé mi familia antes de irme a un ámbito profesional. Pude ir con ‘Pepona’ Reinaldi (uno de sus tantos grandes amigos del fútbol) a Talleres, Chile o Estados Unidos, pero en este nivel encontré satisfacciones imborrables”, dijo.

“Chacho” Peñaloza recalca: “Esta pandemia nos hace pensar en cómo será el futuro. Quizás después de este proceso en Rivadavia me llegue el momento de coordinar en vez de dirigir, como me propusieron varias veces”.

Escuchar a una leyenda

Peñaloza señaló: “Hay que preparar al jugador. Me gustan los desafíos. Tanto en las Ligas de Bell Ville como en la de Río Cuarto o Béccar Varela se paga más que en la Villamariense. Pero me picaba el bichito de poder llevar a mis jugadores a torneos de un nivel superior y elegí quedarme para jugar con Alumni, River Plate o Hipólito Yrigoyen torneos de otros niveles, desafíos más grandes antes que dirigir por la plata”.

Agregó: “Salir del circuito para ir a buscar plata no me tentó. Tampoco sirve quedarse tantos años en un club. El camino se hace al andar y hay que caminar”.

Insistió: “Pude irme a Estados Unidos, donde tengo un primo. La oferta para dirigir a la comunidad latina fue muy importante, pero mis hijos estudiaban, mi señora trabajaba y significaba empezar otra historia de vida. Con la que forjé soy muy feliz”.

Estimó: “No se cambia a la familia. Una vez me tentó Sportivo Belgrano, pero el fútbol para mí era un hobbie. Ser un trotamundo es lindo, pero suele dejarte desamparado. No es lo mismo ser jugador, que entrenador. El futbolista va, pero el DT tiene más problemas, con su hogar, con su trabajo formal, con sus chicos al cambiar de escuelas. Mi mirada fue siempre otra. No quise ni ir a Córdoba”.

“No cambio perder a mi familia por el fútbol. Mil veces me perdí los festejos de cumpleaños de mis hijos, pero siempre los pude disfrutar. Hoy son grandes y cumplí mis objetivos como DT. Siempre llegando a mi casa. Siempre con la seguridad de verlos después del pasatiempo del fútbol. Lo que he querido del fútbol lo hice”, dijo.

Boca: un sueño cumplido

Peñaloza confesó: “Dirigir la selección de la Liga fue un reconocimiento lindo. También como jugador fue muy especial. No me puedo quejar de algunos partidos, como aquel con Unión Central en 1984, cuando enfrentamos a Boca”.

“Ascendimos con Unión Central y Chicco era el presidente. Con mi compadre ‘Chito’ Rodríguez me dijeron: ‘Vamos a traer a Boca’. El contacto fue Miguel ‘Zurdo’ López, que dirigía al Xeneize”, afirmó.

Aclaró: “El 80% del equipo era del club. Fuimos a buscar a ‘Tula’ Curioni, que jugó desgarrado, a Ramón (Conti), Luis Carranza y ‘Turco’ Jaluf (ambos de Estudiantes de Río Cuarto). Del gol de Ramón Conti no se olvida nadie, pero no me puedo olvidar del gol de ‘Cali’ Maldonado, que gritaba como loco. No era para menos, le había convertido a Gatti. Y lo mismo pasó con Peralta, que selló el 4-3 aquella noche en la Plaza Ocampo llena”.

“Vinieron todos los jugadores de Boca, pero el partido se suspendió por lluvia y volvieron porque dirigía Miguel (López). Estaban con el calendario lleno y debió mechar algunos jugadores. Pero Boca es Boca y con sus figuras es muy difícil que vuelva a Villa María”, precisó.

“Una lesión de esos profesionales es un error grave. Por eso ya no vienen a Villa María, salvo por algún motivo especial. Me acuerdo que el utilero de Boca me dijo que quería ver a Curioni y se le caían las lágrimas cuando lo abrazó. ‘Tula’ era ídolo en Boca”, resaltó.

“Chacho” sostuvo: “La gente de Villa María quiere esos espectáculos también. Son inyecciones de motivación. Cuando era chico los equipos profesionales tenían la obligación de ir al interior. Yo jugué contra Central y Newell’s”.

Las canchas se llenaban

Peñaloza relató: “Con edad de Quinta, jugaba con el hijo de Víctor Argüello, que era presidente de la Liga. Por eso jugamos como preliminar de estos partidos contra equipos profesionales que venían a Plaza Ocampo”.

Subrayó: “Vi a Boca, River, Estudiantes, Huracán, Banfield, Ferro, Argentinos, los dos de Rosario, los de Córdoba. Todas las fechas patrias venía uno. Eso a los pibes del fútbol nos motivaba”.

“Los torneos Nacionales, la B Nacional y los ahora llamados Federales acabaron con esa mística. Me lo contó Roberto Perfumo en una charla en Córdoba. El interior ya tiene equipos profesionales”, remarcó.

Enfatizó: “Las canchas se llenaban. También se llenaban las canchas en la Liga, porque había otra pasión por ver al equipo del barrio o del pueblo. La afinidad era otra”.

Distinto que ayer, pero casi igual

La pandemia cambió la vida en todo el mundo. “Habrá que esperar que pase este ‘terremoto’ y ver cómo se sigue. El mundo no estaba preparado para esto. El fútbol no está ajeno y habrá que aprender a comenzar a caminar de nuevo”.

Explicó: “El deporte es muy necesario para la vida. Con cuidados, sin acelerar y sin correr riesgos innecesarios, respetando la vida, iremos aprendiendo a volver a entrenar y luego a jugar”.

Resaltó que “respetar las medidas y acatar los tiempos es algo clave. Tras esta pandemia, vendrá el miedo. Los mensajes para resolver esta situación deben ser claros”.

Aclaró: “Mandar a un chico a entrenar en grupos de 50 o 60, como pasaba antes, será imposible. Acondicionar no será fácil para nuestros clubes. Hacer fútbol para jugar a puertas cerradas tampoco se justifica. ¿A quién le vas a gritar un gol? El fútbol sin público es muy triste, es como ir a un cementerio”.

“El hincha y el entorno son fundamentales para una Liga. Movilizar a 60 personas merece una evaluación profunda. Entrenar es posible, pero si van a jugar torneos”, dijo.

Estimó que “entrenar para jugar. Perder un año en el fútbol no es bueno, pero perder vidas es peor”.

Remarcó: “El baby antes se jugaba en torneos comerciales nocturnos. Yo jugaba en dos baby y me buscaron de Unión Central para las inferiores. Recuerdo que la Quinta íntegramente subió a Primera porque en un clásico con Central Argentino echaron a 6”.

“En el debut me tocó marcar a Berterame, que era un gran jugador de River Plate. Me dijo: ‘Pibe, no me pegue, que hoy me despido del fútbol’. Ganamos y fue un gran recuerdo, porque se la jugaron con esos pibes. Reinaldi era el único que había debutado. Siempre hizo goles. Fue un fenómeno”, subrayó.

“Yo me fui a Central Argentino y fui campeón en el 71. No fue fácil volver en el 72, pero fuimos campeones con Mario Requena. Era un adelantado, un técnico entrenador que enseñaba mucho más que a jugar al fútbol. Nos hizo crecer”.