La estimación indica que cada año se concretan más de 250.000 procedimientos en salas de hemodinamia. De ese total, alrededor de 150.000 corresponden a estudios diagnósticos, mientras que entre 100.000 y 115.000 son intervenciones terapéuticas destinadas a tratar enfermedades ya detectadas.
El dato cobra relevancia en un país donde las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte. Durante 2024 provocaron 105.130 fallecimientos, equivalentes al 30,3% de las muertes por causas definidas, de acuerdo con las últimas estadísticas oficiales mencionadas en el informe.
La especialidad permite abordar diferentes patologías mediante técnicas mínimamente invasivas, evitando en determinados casos cirugías convencionales de mayor complejidad. Entre los procedimientos más conocidos se encuentra la angioplastia coronaria, utilizada para restablecer el flujo sanguíneo cuando una arteria se encuentra obstruida.
Durante esa intervención se introduce un catéter por una arteria, generalmente desde la muñeca o la ingle, hasta alcanzar la zona afectada. Allí puede utilizarse un pequeño balón para reabrir el vaso y, en la mayoría de los casos, colocar un stent, una diminuta malla metálica que ayuda a mantener la arteria abierta.
Los registros del CACI señalan que en Argentina se realizan entre 65.000 y 75.000 angioplastias coronarias por año. Como promedio se implantan 1,38 stents por procedimiento, la estimación alcanza unos 105.000 dispositivos anuales, es decir, aproximadamente uno cada cinco minutos.
El desarrollo de esta tecnología también tiene una historia argentina. El médico Julio Palmaz patentó en 1988 en Estados Unidos, junto con Richard Schatz, uno de los primeros modelos de stent. Desde entonces, estos dispositivos evolucionaron y aparecieron versiones capaces de liberar medicamentos para reducir el riesgo de un nuevo estrechamiento arterial.
La cardioangiología intervencionista, además, amplió su campo de acción. Actualmente permite tratar válvulas cardíacas, patologías de la aorta, arterias periféricas y determinadas cardiopatías congénitas, entre otras afecciones que anteriormente podían requerir intervenciones quirúrgicas de mayor complejidad.
En el caso de un infarto, los especialistas remarcan la importancia de actuar con rapidez. El concepto de que “el tiempo es músculo” resume el riesgo que representa mantener una arteria obstruida: cuanto más demora la recuperación del flujo sanguíneo, mayor puede ser el daño sobre el tejido cardíaco.
Por ese motivo, el reconocimiento temprano de los síntomas, la consulta inmediata y la disponibilidad permanente de equipos capacitados para realizar angioplastias de urgencia forman parte de una estrategia central para reducir las consecuencias de los eventos cardiovasculares.
La evolución de estas técnicas permitió que numerosos tratamientos puedan realizarse con menor invasividad, internaciones más cortas y recuperaciones más rápidas, ampliando las alternativas disponibles para pacientes con enfermedades cardíacas y vasculares complejas.