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Argentino pegó duro y se floreó

Goleó 4-0 a River en "El Pozo", donde defendió bien, no le dio opción al rival y golpeó en cada ataque. El gol de Franco Funes acabó con un partido. Luego el "lobo" aumentó con Ledesma, Aramburu y Tobías Ñañez

Argentino logró la victoria más contundente de los octavos de final del Torneo Clausura de la Liga Villamariense de Fútbol.

Goleó 4-0 a River en “El Pozo”, donde defendió muy bien y al convertir su primera oportunidad a través de Franco Funes, se floreó ante un elenco “millonario” que se fue desangrando en su desesperación y lo pagó caro en su arco.

Facundo Ledesma, de tiro libre, amplió antes del primer tiempo y los ingresados juveniles Benjamín Aramburu y Tobías Ñañez sentenciaron el duelo.

A uno se le dieron todas (Argentino) y al otro no le salió ninguna (River), por lo que al final la diferencia pudo ser mayor, pese a que el local llevó el peso todo el juego.

Ir no es llegar en el fútbol, ni buscar es sinónimo de encontrar. Los merecimientos muchas veces no alcanzan para explicar una victoria, porque durante 15’ al visitante le costó hacer pie y hasta que convirtió no parecía que se llevaría una ventaja tan abultada como para considerar que hasta pudo sentenciar la serie, más allá de la goleada conseguida en “El Pozo”.

Es que el próximo viernes a las 22.30, cuando se midan en el estadio del “lobo” en barrio Nicolás Avellaneda, el “millonario” necesitará una hazaña (ganar por 5 goles de diferencia) para avanzar a cuartos de final.

En el contenido básico del duelo, River no fue 4 goles inferior, pero en la concepción y en la definición de las jugadas, esa diferencia existió.

No necesitó brillar con continuidad Argentino para cerrar una actuación reconfortante en la que logró las 3G del fútbol. Fue muy duro el castigo para River, que venía dulce en el arco del frente, y no dudó en ir al frente, pero esta vez no le dieron opción, y en cada contra lo golpearon hasta noquearlo. En el fútbol nunca está cerrada una serie, pero el “lobo” se fue con aullido de felicidad de barrio Almirante Brown.

El “lobo” no perdona

Le llevó tiempo demostrar la diferencia que indicaba la tabla al segundo de la zona “A”, sobre el séptimo de la zona “B”, pero lo terminó plasmando en el marcador.

River presionó en terreno enemigo, procuró que el balón no le llegara a Díaz, y fue al frente con más empuje que juego, pero con insistencia. En el primer cuarto de hora al “lobo” le costó, porque no pudo manejar el balón, que López y Berterame intentaban jugar con criterio, por izquierda, para sorprender por derecha con el tándem De Castro y Gigena.

No pudo con una defensa rival que tuvo buenas respuestas, no arriesgó nunca, las sacó sin pudor, y se fue con el arco en cero. Es cierto que River tuvo un par de situaciones. La primera del partido en un tiro de esquina de Berterame que Marín frente al arco, elevó con el muslo (13’).

También con un cambio de frente de López para Brian Gómez (el delantero más activo en el inicio del juego) que forzó a actuar a Luciani (15’).

En cambio, el “lobo” hizo pie, equilibró el juego, amenazó con un desborde de Franco Funes, que a los 28’ convirtió tras un cambio de frente de Franco Ñañez, que el juvenil del “lobo” explotó ante el error de cálculo de Brian De Castro, quien no pudo despejar, y permitió que “Japonés” la bajara de pecho se acomodara y de volea enviara el balón contra la base del palo derecho de Oliva. 1-0.

El partido nunca volvió a ser el mismo para River, que insistió en empujar, pero se repitió en pelotazos previsibles para la firme defensa del “lobo”, que elevó en cantidad y calidad su acciones ofensivas.

Mientras Luciani sólo intervino para enviar al córner un centro de Gómez con los pies, Funes volvió a escapar por izquierda, tras recibir de Centeno, y mano a ano ante Oliva desvió al cruzar el remate.

En la siguiente, Oliva la fue a buscar al fondo el arco. Díaz protegió el balón de espaldas al arco rival, donde ganó un tiro libre. Lo ejecutó Facundo Ledesma, y aunque Mauro Fuente no alcanzó a cabecear, dejó parado al arquero, que vio cómo el balón viajaba a la red junto al palo izquierdo.

Para que quedara en claro que a partir del primer gol la serie le favoreció nítidamente al visitante, Díaz llevó el balón al área, donde Fuente escapó con un auto-pase y definió apenas desviado.

El 2-0 pareció demasiado amplio, pero la tendencia del juego ya había cambiado. Pese a que Burello excluyó a los amonestados Conchillo e Isaias Ñañez para no correr riesgos innecesarios, los ingresados juveniles Benjamín Aramburu y Tobías Ñañez liquidarían el pleito con poder de gol.

Todo le salió bien a Argentino, que con un River a contramano y jugado sin fichas al ataque, le cedió generosos espacios defensivos, que Claudio Díaz explotó al recibir de Aramburu, que inició la jugada que él mismo terminaría.

Es que Díaz se llevó el balón a campo rival, donde se conectó con Tobías Ñañez para dejarlo mano a mano ante el arquero, y aunque eligió dar el pase, y Franco Funes definió de tacó, en la línea salvaron, pero el despeje le quedó a Aramburu, que llegó hasta el borde del área para terminar lo que había empezado y con un remate potente decretó el 3-0 (7’).

Con el corazón, River cargó por el descuento hasta desangrarse, pero Argentino no le dio opción al defender muy bien. Sólo con un par de disparos desde afuera del área y desviados, de Marcos Velasco, el local se acercó.

En cambio, con otra contra bien iniciada por Claudio Díaz, y continuada por Mauro Fuente con una asistencia para Tobías Ñañez, el “lobo” volvería a lastimar. El pibe clase 2007 definió como los dioses contra el poste izquierdo de Oliva.

El 4-0 en 26’ era fiel reflejo de lo bien que defendió y atacó Argentino, en un desarrollo en el que no brilló. Muchas veces jugar bien, no es sinónimo de brillar. El fútbol suele ser duro con quienes buscan como River, que no ligó, no le salió una y se topó ante un encendido “lobo”, que pegó duro y se floreó.