Deportes | Argentino

"En mi equipo juegan mis amigos"

Christian Romero habló de fútbol. No eludió los temas tabú, las frases hechas y las grandes mentiras. "Tengo una gran virtud que es no mentirle al jugador, y una gran falencia: pongo a mis amigos. Juegan mis amigos, no los mejores"
En el banco, acompañando a Claudio Díaz (DT de inferiores). Christian Romero dijo: “No tiene precio ver llegar a un pibe que dirigiste de chico”.   

Christian Romero es uno de los pocos futbolistas que fue campeón con Alem y con Alumni.

También jugó en el baby fútbol en All Boys y Asociación Bancaria. Llegó a jugar en Huracán y en Deportivo Independiente Medellín de Colombia, antes de cerrar su carrera en Argentino a los 27 años.

No quiere, ni le gusta hablar de eso. El actual DT del “lobo” habla sin cassette, aporta sorprendentes frases, curiosas anécdotas, y por su forma de sentir, ver y disfrutar el fútbol “atacó sin piedad” a las frases de cabecera de los DT.

Indicó que “tengo una virtud que es no mentirle al jugador. Y tengo una falencia: en mis equipos juegan mis amigos”.

Los temas tabú del fútbol se estrellaron con sus declaraciones.

“Dejé de jugar al fútbol joven, porque yo nunca me sentí futbolista, y siempre me sentí técnico. Yo terminaba de practicar con el ‘Inglés’ Babington en Huracán, y me ponía a escribir todos los trabajos que él realizaba, especialmente los tácticos en campo. Mis compañeros soñaban con hacer un gol, y yo con interpretar los motivos del trabajo táctico”, comenta.

Afirma que “rescaté lo mejor de todos los DT, pero mi maestro fue el ‘Cholo’ (su padre Carlos Romero). Somos distintos, pero él es mi espejo y aprendí de él. Es el DT más ofensivo que tuve, sabe un montón y es muy carismático”.

Formador junto a su padre de una camada de estupendos jugadores en Argentino, donde impusieron un estilo, señala que “al jugador del club hoy le ponés una camiseta de otro equipo y sabés que se formó en Argentino. De la misma manera que el de Alem traba con la cabeza, y el de Alumni es disciplinado y trabajador”.

En el “lobo” dirigió, y en muchos casos formó y acompañó a las pruebas profesionales a Fabricio Bustos (Independiente), Germán y Gonzalo Berterame (San Lorenzo), Dino Castagno y Gastón Negro (Boca), Lucas Melano (Belgrano, hoy en Atlético Tucumán), y varios pibes más. “Todos queremos ganar, pero ver crecer a un jugador que tuviste a los 5 o 10 años y verlo llegar al profesionalismo, ver que un equipo juega como te gusta, no tiene precio. No me interesó que me dieran un peso por llevarlos. Mi orgullo es formarlos para que ellos lleguen. Ese es mi trabajo”.

“A Fabricio (Bustos) lo traje de Ucacha, y se merece todo lo que logró y mucho más. Fue goleador siempre en el Baby con Argentino. El sacrificio de venir todos los fines de semana fue tan grande como el que hizo en Independiente, donde llegó como delantero, siguió como 8, y se afianzó como 4”, dijo.

Sobre los hermanos Berterame dijo: “Eran delanteros desde los 5 años. Para mí el mejor de los tres hermanos era Gastón (clase ‘93), que jugaba de 3, pero no llegó. A Germán y Gonzalo los llevé a Boca, y se fueron luego a San Lorenzo, que mostró más interés”.

De Castagno consideró que “lo hizo debutar Bianchi. Lo representaba el hijo de Bianchi. Podés pensar que debutó porque estaba Bianchi, y se tuvo que ir porque a Bianchi le fue mal; o lo podés ver como que ser representado por el hijo de Bianchi le cerró la puerta”.

“Dejó un gran recuerdo en Boca. Lo quieren mucho, porque jugó los 5 años como capitán en inferiores, salió 4 años campeón, y fue abanderado en el colegio. Pudo irse a Francia, pero no quiso. Hoy está jugando en Gimnasia de Jujuy”.

Explicó que “hay varios que no llegaron que eran tan o más buenos que los que llegaron, porque no alcanza con jugar bien”.

Con respecto al jugador actual dijo: “No les interesa ver fútbol. A la mayoría los seduce otra cosa. Nosotros teníamos más hambre de gloria, veíamos todos los partidos posibles, leíamos de fútbol, mirábamos todos los goles. Ahora no”.

“A los pibes futbolistas hoy no les importa si yo jugué o no jugué, ni donde jugué, o si lo hice bien o mal. Ellos están en otra”, sostuvo.

Destaca que “como DT hay que adaptarse a la realidad. Si querés enseñarles diciéndole ‘yo jugué acá o allá, y le pegaba así a la pelota’, ellos te miran con una cara como diciendo ‘vos Gordo no jugás más, y yo juego mejor que vos’. Entonces hay que introducirse en su mundo. Veo lo que ellos ven en la TV, me intereso por los videojuegos que ellos juegan, y en cómo hablan y qué les gusta”.

Amplió: “Empecé dirigiendo en el baby a los pibes de clases ‘93 a ‘97. Como tarea los hacía mirar los partidos para que me los contaran, les hacía escribir los resultados. Hoy si hacés eso, nadie va a entrenar, te quedás solo en la cancha”.

“Hay que ponerse a la altura de los jóvenes en muchas cosas. No es resignación, sino que el DT tiene que convencer al jugador de lo que quiere de un equipo, de los hábitos de entrenar, de las tácticas, respeto, orden, disciplina y juego. El fútbol no es dirigir el sábado o el domingo, sino convencerlo en la semana acerca de lo que se busca o se quiere”, manifiesta.

Insiste en que “no hay que resignarse a que el chico miré poco fútbol. Sí adaptarse, y aconsejarlo de la mejor manera. Yo veía fútbol todo el día. Hoy los pibes cambiaron. Sin negociar nuestros principios, hay que adaptarse”.

Antes para llegar te subían en un tren con un bolsito y te paseaban por 4 o 5 equipos, sin que nadie te conozca. Ahora te vienen a buscar a tu casa, te ven, te conocen y te llevan

“No negocio que no vean a la Primera, y les pido que vayan a la cancha. Y le pido a los de Primera que vean a los de inferiores. Eso otorga sentido de pertenencia, y esa idiosincrasia del club se transmite. Los más chicos tienen que mirar a los más grandes para copiar algo, porque en un mismo club tenemos que jugar a lo mismo, y trabajar juntos como si fuera un solo equipo. Pero quiero que vayan con ganas, con gusto a ver un partido, no porque yo los obligo”, aclaró.

Sin hambre de gloria no alcanza

Romero destacó que “antes para llegar te subían en un tren con un bolsito y te paseaban por 4 o 5 equipos, sin que nadie te conozca. Ahora te vienen a buscar a tu casa, te ven, te conocen y te llevan. Ahora les falta el hambre de gloria que tenía mi generación, que te bancabas las presiones, comer arroz un mes, maltratos, dormir en cualquier lugar... Hoy los pibes van en moto o auto, mientras se cambia están mirando el celular, tienen algún juego. Sin hambre es difícil, porque no alcanza con jugar bien”.

En su opinión, “tampoco alcanza con ser el mejor de su equipo, el mejor de su categoría o el mejor de su Liga. Porque cuando vas a un club hay que aguantar un millón de cosas, y si no tenés carácter o personalidad fuerte, no es fácil aguantar la soledad, la humillación de compañeros y técnicos, la comida. Si no hay mucha hambre de gloria, no alcanza con jugar bien. Hay muchos factores más importantes”.

La culpa es de los DT

Romero confiesa que “todo ha cambiado en el fútbol, y llegan más rápido los pibes a Primera. Es así, y se ha perdido jerarquía. Esa es la realidad. No se trata de poner por poner a un pibe, para que debute. Hay que ponerlos cuando se lo ganan, y después bancarlos”.

Insiste en el mensaje: “En Argentino desde que empezó a trabajar mi papá juegan todos los equipos a lo mismo. Entonces el de quinta o sexta sube a primera, y tiene que hacer lo mismo. Perderá por razones físicas, por fuerza o velocidad, va a cumplir un poco menos que el titular, pero va a cumplir. Hoy veo que antes había 7 u 8 jugadores de jerarquía por equipo, y un par que rellenaban. Y ahora es al revés: 2 o 3 de jerarquía, y el resto rellenan”.

En Argentino lo que se busca es hacer un gol más todo el tiempo. Estamos convencidos que es la mejor forma de cerrar un resultado. Respeto al resto, pero la culpa es de los DT que buscan un resultado para asegurarse que no los echen, en vez de mejorar al chico, y al equipo que dirigen

Esto obedece a que “los DT piden otras cosas. Somos nosotros los DT los que tenemos la culpa. En mi humilde opinión se forma mal”.

Agrega que “se juega menos, y se busca el resultado al formar. Sacan al enganche y ponen a un 5. Los DT quieren cerrar un partido sacando a delanteros y poniendo a defensores. ¿Por qué no cerrás el partido haciendo un gol más y sacando defensores para poner delanteros?”.

Confesó que “en Argentino lo que se busca es hacer un gol más todo el tiempo. Estamos convencidos que es la mejor forma de cerrar un resultado. Respeto al resto, pero la culpa es de los DT que buscan un resultado para asegurarse que no los echen, en vez de mejorar al chico, y al equipo que dirigen”.

“No quiero vender humo. Yo no cambio un doble 5 por un enganche. Hay enganches, hay chicos que juegan bien, pero hay que formarlos, y al DT le tiene que interesar que el chico crezca día tras día, que el equipo mejore todos los partidos, y no le debe interesar el resultado. Siempre se juega para ganar, pero el tema es la forma”.

Estimó que “la presión es parte del juego, pero primero decime cómo formás un mediocampo. Si tenés un triple 5, y dos rápidos por afuera, ya sabés lo que te va a costar jugar. Presionar con Usain Bolt sería bárbaro, pero ¿sabe jugar?”.

Lanza una anécdota: “Un pibe en el baby se cansaba de hacer goles cuando el arquero se la dejaba picando en su medialuna. Salió campeón y goleador. Cuando fue a cancha grande no sabía cortar a los costados, no sabía barrer, no salía jugando, no tenía precisión, no sabía a quién dársela. A los 16 años estaba en la tribuna viendo al suplente. No le enseñaron nada”.

Insistió en que “ser campeón en el baby no era el objetivo, sino que aprendiera a jugar”.

Explicó que “¿cómo lo vas a retar porque quiso salir jugando, perdió la pelota y le hicieron un gol? ¿Y después lo felicitás porque la tiró afuera? No es que haga cualquier cosa tampoco, sino decirle dónde y cómo debe hacer las cosas para aprender a jugar. Pero debe jugar”.

Ni temas tabú, ni frases hechas

“Yo no muero con la mía. Prefiero vivir con la tuya, y no morir. Pero no ‘ganar como sea’. Ofrezco variantes dentro de lo que yo quiero que jueguen mis equipos. Hay sistemas diferentes, pero Argentino juega siempre a lo mismo. No existen los números 4-1-4-1 o 3-3-2-2, hay que recuperar para jugar. Mis equipos se arman de atrás hacia adelante, pero si a un chico lo llevás a la plaza y le ponés dos arcos, ¿qué quiere hacer?: Un gol. Entonces por qué vamos a jugar a que no nos hagan goles. Vamos a jugar a hacer goles. Hay que ir a buscar el gol”, manifiesta con convicción.

“Todos saben cómo juega Argentino. Juego con las cartas sobre la mesa, pero juego a ganar siempre, y a hacer goles. Si voy ganando 1-0, pongo un delantero por un volante para hacer el segundo gol. Ojo, no como vidrios. Tengo que explotar las virtudes de mis jugadores: Si tengo más dinámica para quitar, o más pausas y tenencia para jugar. Pero como DT tengo que trabajar para que los chicos que tengo ahora jueguen mejor que los que dirigí en el Federal. En mis equipos no juegan los mejores. Juegan mis amigos. Sí, en mis equipos juegan mis amigos”. Fútbol sin trampas.