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“No sentís lo que es ser bombero hasta que empezás a vivenciarlo”

Así lo expresó el jefe del cuerpo de servidores públicos de Villa María, Gustavo Nicola, quien además habló sobre la responsabilidad que implica, entre otras cosas, estar a cargo de 150 personas

Está anocheciendo y aún hace calor. Afuera hay algunos jóvenes —no más de diez—. Algunos están apoyados sobre la pared en silencio. Otros están sentados con sus celulares en una pequeña vereda que hay en el acceso al edificio ubicado en General Paz al 358. Los menos fuman. Unos pocos conversan. Sólo hay dos mujeres. Son aspirantes y se están habituando, tal vez sin saberlo, a la vida de aquellos hombres y mujeres sin tiempo: los bomberos voluntarios.

La oficina es amplia y ordenada. Está muy iluminada. A sus espaldas, el símbolo de Bomberos Voluntarios se extiende sobre casi toda la pared, acompañado por la ya reconocida inscripción: Abnegación – Lealtad – Sacrificio. Hay dos computadoras sobre el escritorio y varios papeles. A un costado también está su celular que, durante nuestra conversación, no atenderá. 

Actualmente es el jefe del cuerpo de Bomberos Voluntarios de Villa María. Pero no sólo se desempeña en ese rol, sino que también es el director de Operaciones de la Provincia de Córdoba y el director nacional de Operaciones del Sistema Nacional de Bomberos Voluntarios. “Mi día transcurre dentro de la institución”, dice. Si no hay sobresaltos, Gustavo Nicola se dirige temprano al cuartel. Allí permanece hasta las 13. Luego va a su casa y a las 17 regresa para terminar con las distintas tareas. Su jornada, normalmente, termina aproximadamente a las 21. Pero otras tantas, a las 22, a las 23. O no terminan.

“Cuando entrás a Bomberos no sabés por qué lo hacés. Realmente no sentís lo que es ser bombero hasta que empezás a vivenciarlo: el trabajo, la camaradería, ayudar al prójimo”, explica. Pero detrás de esa frase, según comenta Gustavo, se escondan escenas, historias, recuerdos: niños que vieron, un verano cualquiera, una autombomba avanzar a toda velocidad por las calles de su barrio y desaparecer con un destino incierto, uniformados trabajando en un accidente que enlutó una madrugada lejana o apagando las llamas que invadieron el cuarto de cualquier hogar que, en segundos, quedó desolado. Escenas, sí, que se transformaron en impulsos. Impulsos, sí, que mutaron en caminos. Caminos, sí, que hoy transitan y aún, quizás, sin saberlo como cuando eran pequeños y tomaron una decisión que jamás abandonarían.

Aspirantes

Anualmente, son entre 15 ó 20 los aspirantes. Y el dato radica en que solamente 5 o 6 se convierten en bomberos voluntarios. 

“Eso demuestra que no saben a qué entran acá. Inclusive hay gente que ingresa y pregunta cuándo cobramos el primer sueldo. Son todos voluntarios. Creo que ser bombero es una mística que únicamente el que la ejerce la conoce. Es inexplicable”, expresa, en este sentido, Nicola con cierta costumbre.

En otra dirección, hizo referencia a la conformación del cuartel: 15 miembros integran la comisión directiva, 16 son oficiales y suboficiales, 90 son bomberos y alrededor de 20 los aspirantes.

 Responsabilidades y desafíos

A los 13 años Nicola ingresó como aspirante y recién cinco años después, a los 18, ascendió a bombero. Posteriormente, después de casi un lustro se convirtió en suboficial y, finalmente, llegó a la jefatura un 2 de junio de 2011.

Hoy, luego de una considerable trayectoria, está a cargo de 150 hombres y 23 unidades. Al respecto, el jefe cuenta que deben acudir a cada siniestro rápidamente, procurar que no se golpee ningún bombero y tratar bien a la víctima. “Son muchas las responsabilidades, además de llevar adelante toda esta institución que es una de las más grandes de la Argentina”, destaca.

Por otra parte, y en relación a los desafíos con los que se encuentra estando al frente, habla de la importancia de los recursos económicos. “A veces los bomberos no llegan con los subsidios tanto nacionales como provinciales para poder subsistir a todo un año de trabajo”, resalta.

Cuando hay un siniestro, por ejemplo, Nicola hace hincapié en que el presupuesto que reciban va a ser lo que determine que estén capacitados y que cuenten con el equipamiento necesario.

A pesar de todo

Nicola tenía 13 años. Se inscribió como aspirante. Pero nunca le llegó la citación para que se presentara y comenzara a dar sus primeros pasos. Algunos días después vio cómo sus compañeros, los del barrio —unos diez—, se encaminaban al cuartel. “¿Cómo es? ¿Por qué a mí no me citaron?”, se preguntó. Entonces, con la incertidumbre en la garganta, fue hasta la institución y se enteró: le habían enviado la carta de citación. Y también se enteró que su padre le había roto la suya por los riesgos que implica la profesión.. 

Pero no importó. Porque, a pesar de todo, Nicola ya sabía. Ya sabía, como alguna vez, probablemente, supo Juan Carlos “Mula” Mulinetti, a quien tiene, ineludiblemente, como referente.



Franco Gerarduzzi.  Redacción Puntal Villa María

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