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Riego: una buena opción para dar impulso a la producción agrícola

La demanda de alimentos y los problemas climáticos promueven la adopción de esa tecnología. En el INTA Manfredi se presentaron herramientas para expandir la frontera productiva

Aunque todavía falta recorrer un largo camino para consolidar el riego suplementario en Argentina, necesidades productivas, agronómicas y de mercados lo impulsan. Y si bien es cierto que existen limitaciones importantes, como el costo y disponibilidad energética y el financiamiento, la rentabilidad que ofrece el uso de esa tecnología más temprano que tarde potenciará su despegue. 

Esa sensación se vivió en el INTA Manfredi, que cobijó pocos días atrás la 6° Reunión Internacional de Riego. Disertantes y empresas del sector mostraron al importante número de profesionales y productores que se dieron cita en la Estación Experimental las principales tecnologías disponibles, que buscan maximizar los rendimientos de los distintos cultivos.

Martín Giletta, especialista en economía agropecuaria que se desempeña en ese organismo, marcó el escenario que estimula la adopción del riego.

“A nivel internacional las proyecciones dicen que hacia el 2050 habrá un crecimiento poblacional muy importante, que va presionar a la demanda de alimentos, fundamentalmente de proteínas animales. La capacidad de respuesta del mundo desde la oferta es muy acotada, con muchas restricciones. Está claro que la tecnología del riego complementario, especialmente en cultivos extensivos, marcará en gran parte lo que pueda expandirse la oferta de alimentos en el mundo”, explicó. 

Agregó que otra tendencia se relaciona al cambio climático. 

“Quienes analizan específicamente este tema advierten que una característica es la alta probabilidad que ocurran con más frecuencia eventos extremos, tanto inundaciones como sequías. Entre los dos fenómenos, que son malos, en el agro las sequías tienen un efecto más profundo y extendido. Se está viendo que la frecuencia de los eventos Niña, asociados a la sequía, son cada vez más seguidos. Prueba de ello es el último ciclo agrícola, que generó una pérdida neta estimada del orden de los 6000 millones de dólares. Esto no solo significa un altísimo costo en el bolsillo del productor sino que tiene efectos macroeconómicos severos, como el agravamiento de la situación fiscal y externa de Argentina”. 

Más allá del incremento de la demanda esperada en el mediano plazo como las cuestiones relacionadas con el clima, el negocio de las commodities experimenta cambios importantes, caracterizados por el estrechamiento de sus márgenes.

“Medidos en moneda constante, en dólares o en pesos, existe una marcada tendencia hacia la baja. No solamente que se recortan los márgenes, que es la naturaleza del negocio agrícola en el mundo, sino que además notamos una gran variabilidad de rendimientos por zonas, consecuencia también del cambio climático. Cuando se miden diferenciales de rendimiento dentro de una misma zona entre ciclos agrícolas ese desvío, como lo llamamos en términos estadísticos, tiende a crecer con el tiempo. Márgenes agrícolas a la baja y mayor variabilidad climática constituyen un combo preocupante”, subrayó.

En el caso puntual de nuestro país, Giletta señaló que “el nivel de adopción del riego es muy bajo;  el país tiene un importante margen de superficie que podría incorporar a esta tecnología y que, sin embargo, por varias cuestiones hoy no está siendo adoptada. Observando las tendencias del mercado en lo que respecta al precio de las commodities y la evolución de los márgenes agrícolas, uno empieza a entender que los sistemas productivos tendrán que planificarse de un modo distinto, incorporando nuevas tecnologías, entre ellas el riego”.

Tres factores

El profesional marcó tres factores que conspiran contra su adopción.

“Una tiene que ver con una cuestión muy estructural del sector agropecuario pampeano, que es la alta incidencia de los alquileres en la superficie trabajada. Un productor que siembre en campo alquilado no tiene grandes incentivos para hacer inversiones de mejora. En segundo lugar esta tecnología tiene altos requerimientos de inversión y, como bien sabemos, hay pocas opciones en el sistema para acceder a financiamiento con tasas y plazos razonables. El tercer aspecto es la energía. En Argentina se riega en base a energía eléctrica o combustibles fósiles, cuyos precios son y serán en el futuro altos”, expresó. 

Frente a esas restricciones, Giletta sostuvo que la respuesta para por buscar soluciones innovadoras.

“Hay que explorar alternativas de financiamiento por fuera de las líneas convencionales de los bancos; las obligaciones negociables son un ejemplo. También acogerse a regímenes particulares, como la Ley Pyme, que otorga beneficios para que el pequeño y mediano productor acceda a líneas diferenciales. Además se deben analizar opciones más sofisticadas, pero que en el mundo se ponen en práctica y funcionan, como los activos compartidos. De esa manera no necesariamente el productor tendrá que afrontar toda la inversión. Se trata de una tecnología que tiene rentabilidad; estando eso la cuestión pasa por conseguir el capital”, destacó.

Frente al escenario descripto, Eduardo Martellotto, referente del INTA en riego, indicó que en la entidad se encuentran desarrollando un proyecto, en conjunto con empresas del sector, para incorporar nuevas tecnologías y sistemas productivos bajo riego.

“Desde la institución venimos trabajando prácticamente desde los inicios del riego suplementario en cultivos extensivos en la provincia de Córdoba. Y hemos podido realizar, a través de las jornadas que se concretan cada dos años, una puesta a punto de todas las tecnologías disponibles y las que nosotros hemos desarrollado en Manfredi, junto a empresas, para poder brindarle información al productor de granos. Como siempre, tratamos de tener la mirada larga sobre lo que se viene en el futuro y así determinar lo qué podemos aportar desde el punto de vista de las recomendaciones”.

En sentido, el nuevo proyecto pone el foco en el costo y la disponibilidad de energía, ya que “hay muchos lugares con potencial para regar, porque tienen suelo, productores, agua y ambiente, pero no cuentan con energía. Por eso la idea es que el proyecto tenga su propia energía renovable, fotovoltaica. Y además se suman innovaciones interesantes, como un nuevo equipo de riego en donde el pivote no se quiebra sino que se mueve de manera continua y a alta velocidad, que nos permite incorporar otras herramientas de agricultura de precisión”. 

Pablo Correa.  Redacción Puntal Villa María.

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