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Cómo será el "día después" para los adolescentes

Nos acercamos al último trimestre del año, con casi 7 meses de aislamiento a causa de la pandemia, nos la pasamos readaptando nuestra rutina al año escolar, laboral y demás actividades. Cuando el año calendario ya transita sus últimos meses, sin darnos cuenta comenzamos a pensar en vacaciones y nos preguntamos qué será del 2021.

El encierro genera ansiedad, angustia y estrés. El adolescente sufre mucho, se siente no entendido, no comprendido. Y, si bien ya de por sí vive encerrado (en su habitación, por ejemplo), en estos meses la angustia surge por no ver a sus amigos, no ir a la escuela o a la facultad, por perder sus vínculos, sumado a que la mayoría padece la convivencia con sus padres y familia.

Pensando en la apertura de la cuarentena, el miedo a salir de casa en los próximos tiempos les preocupa y ocupa a los adolescentes de forma distinta al resto. No olvidemos que el sentimiento constante durante esta etapa es no encajar con nadie ni en ninguna parte. El refugio más buscado y elegido por ellos es estar con sus pares. La salida de casa para nuestros jóvenes es, en este punto, menos temerosa que para el resto de las edades. Saldrán corriendo a buscar a sus amigos y compañeros.

Habrá adolescentes con mucha ansiedad o no, otros quizás con baja autoestima o con gran necesidad de reconstruir vínculo con sus padres, que fue involuntariamente dañado por la "hiperpresencia" en más de ciento cincuenta días de convivencia. Otros estarán estresados y otros tantos con tristeza o alegría, por qué no, por la llegada del final de una cuarentena estricta. Otro mundo les espera, con lo bueno y lo malo nuevamente.

No hablamos de normalidad, sino de volver a lo que estábamos habituados y acostumbrados.

Se espera que ese futuro que muchos ansían sea a corto plazo. Pero vendrá acompañado de muchos interrogantes, incertidumbre y preguntas sin respuestas. La manera de ir andando este camino que se nos presentó de repente va a depender de la capacidad que tenga cada uno de adaptarse a lo nuevo.

Los jóvenes cuentan con flexibilidad. Se adaptan fácilmente. Son enérgicos y tienen muchas ganas de reencontrarse con sus pares lo antes posible. Por otro lado, en general, se frustran rápidamente, están muy ansiosos y poco tolerantes. Por eso, es importante ir preparándolos sin apuro, a través de diálogos en familia, terapias, talleres de contención y prevención de situaciones poco felices, entre otras propuestas.

El foco estará en ayudarlos a esclarecer el miedo a ese “no sé qué” como a veces manifiestan, teniéndoles paciencia y brindándoles en casa un refugio donde puedan expresarse y canalizar su angustia y estrés.