Cine.ar y Cine.ar Play estrenan hoy El maestro, ópera prima de Cristina Tamagnini y Julián Dabien, que narra los conflictos que un docente vive con la escuela y los padres, luego de que el rumor de su homosexualidad se confirma y la intolerancia e incomprensión se apoderan de la razón y el cariño que antes reinaba.
"La idea surge de una conversación con mi amigo Cristian -dijo la realizadora a Télam-, donde nos acordábamos de lo que había sucedido con quien fuera nuestro maestro y comentábamos lo injusto de la situación que vivió. La película está inspirada en Eric Sattler, que fue mi maestro en la escuela primaria y un gran hacedor de la cultura en mi pueblo, Ucacha (Córdoba)".
El camaleónico Diego Velázquez encarna a Natalio, profesor de escuela primaria de un pueblo, quien vive con su madre y su vida fluctúa entre la escuela y el hogar, hasta que recibe el llamado de un amigo que necesita hospedaje.
A partir de allí, las miradas en el pueblo comienzan a cambiar. Natalio, primero, lo recibe en su casa y, luego, le alquila una casa en la que suele pasar el tiempo.
Mientras que sus amigos del bar y de paddle se lo toman casi con gracia, sin dejar de hacer chistes discrimatorios y machistas, los padres ponen el grito en el cielo.
Ese mundo que en la primera parte del filme lo abraza con amor, es el mismo que luego lo quiere linchar. Las personas que lo consideran su amigo son las que, por la presión social, lo niegan.
La cámara de Dabien y Tamagnini, quien estuvo a cargo del guion, muestran con precisión el dolor, el cariño y la hidalguía con las que Natalio acepta y vive su vida.
-¿Por qué eligieron contar la película desde su perspectiva "exterior a la condición sexual"?
-Julián Dabien: Porque pensamos que eso no debería condicionar de ninguna manera su profesión, él en ningún momento comete un acto por el cual merezca ser juzgado y sin embargo la sociedad lo condena.
-Cristina Tamagnini: La película va más allá de la elección sexual del maestro, nosotros miramos desde afuera esta situación. El maestro no tiene ningún problema, al problema lo tenemos nosotros con él, como sociedad homopatriarcal.
-La película está ambientada en los 90 ¿Hoy la sexualidad se vive de la misma manera en los pueblos?
-JD: En ciertos aspectos solo cambiaron los modos de discriminación. Todavía sigue existiendo esa hipocresía; está instaurada en la sociedad en general, en los pueblos y en las ciudades, aunque se empiecen a ver los cambios, es un proceso largo que debemos seguir transitando.
-CT: Cuando creíamos que si no ambientábamos la historia en los 90 quedaría desactualizada, nos encontramos en el momento del rodaje (2018), con la noticia de que un maestro era apartado de su cargo en una escuela en Salta por ser homosexual y padres que sacaron a sus hijos del casting por la temática de la película. Nos queda mucho por recorrer en cuanto al respeto y la tolerancia.
-¿Se pueden iniciar acciones legales por la discriminación o la presión social es tan fuerte no se puede?
-JD: Es muy fuerte la presión social y también la institucionalizada. Él sabe que es injusto lo que le está pasando, pero prefiere no defenderse, para no perjudicar a la escuela. La directora se muestra apenada por la situación, pero no hace nada por frenarla.
-¿Cuánto de culpa y cuánto de egoísmo hay en las actitudes de ella y otros personajes?
-CT: En todos nosotros hay contradicciones, la directora se ve entre la espada y la pared, y decide por lo que la institución manda, más allá que perjudique a su amigo; lo mismo que Susana, que actúa por coacción, se ve desorientada por lo que sucede, porque además está su hijo en medio, y aunque ella no duda, se deja llevar por los rumores del pueblo. Duda y contradicción tenemos todos.
-Miguel, el hijo de Susana, vive una situación de violencia y abuso de su padrastro. En sociedades tan pequeñas, ¿esto se puede denunciar o son cuestiones que las familias prefieren dejarlo adentro por, también, la presión social?
-JD: Cada casa es un mundo. Hoy hay más posibilidades y acceso a la información, por lo tanto la educación sexual integral gana terreno y surgen más maneras de denunciar un abuso. Igualmente, a veces va más allá de eso. La presión puede venir dirigida de múltiples lugares.
-CT: No creo que se restrinja sólo a las sociedades pequeñas, coincido con Julián con que hay más herramientas de comunicación y que con la ESI en las aulas, más niños y padres son conscientes de las situaciones de abuso. No obstante, vencer el núcleo familiar y el entorno social para denunciarlo, va a llevar tiempo.
-¿Qué similitudes ven entre la ciudad y un pueblo como el de la película?
-JD: Es la misma porque estemos donde estemos, vamos a relacionarnos con personas, la diferencia es la espacialidad en la que te movés.
-CT: En la ciudad te puede desconocer la gente cuando te alejas de tu casa, pero en tu entorno, las personas de tu cotidiano saben de vos, te conocen, por lo que creo la presión social es similar.

