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"El objetivo siempre ha sido estar y ahora más que nunca"

A pesar de los obstáculos impuestos por el coronavirus, el comedor de barrio La Calera no se rindió e hizo frente a las trabas y se transformó para seguir cumpliendo su función principal: ofrecer un plato de comida a quienes más lo necesitan

Marisa Sánchez es la figura visible del espacio dedicado a los niños y niñas de Villa María, pero detrás de ella permanecen ocho personas que ayudan día a día. Además, están los donantes que hacen posible el funcionamiento del comedor con sus colaboraciones. “En cada cosa que pido, la gente está”, mencionó tras destacar que se sienten queridos en la ciudad.

Entre las medidas que Caritas Felices tomó para subsistir, aparece la implementación de viandas, se trata del almuerzo y la merienda que se recogen al mediodía. Durante la pandemia, el número de personas que se acerca al comedor aumentó. De 90 niños que asistían por la noche a cenar, se pasó a 150. Y ya no son sólo niños. Marisa resaltó que empezaron a llegar adultos y adultos mayores, que, imposibilitados por el contexto, de pronto no pueden salir a trabajar. De esta manera, argumenta que la enseñanza que le dejó esta crisis es tristeza. La mujer, que se enfrenta a la realidad día tras día, expresó que “hay muchos niños que no tienen un celular paraa hacer las tareas, a las mamás se les complica, no tienen internet. Entonces, da mucha tristeza, no tener comida, no poder estudiar, no tener un calzado, no tener ropa”.

Además de los cambios que se vieron obligados a concretar, el Covid-19 truncó los planes que el comedor tenía para este año. Entre ellos, los talleres que brindaba la Municipalidad en el lugar, como apoyo escolar y danza folclórica.

Cuando le preguntamos a la referente social, sobre cómo proyecta la organización pospandemia, dejó en claro que son muy conscientes del trabajo que llevan, que lo que han hecho hasta ahora es poner el pecho y salir y que lo seguirán haciendo. “El objetivo siempre ha sido estar y ahora más que nunca”, aseguró. No obstante, si hablamos de sueños, Marisa expresa lo mucho que le gustaría que Caritas Felices deje de existir como comedor, que se convierta en un espacio de aprendizaje y que cada niño pueda comer en su casa.

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