En épocas turbulentas, cuando el dólar se calma en la city porteña baja el estrés social. Eso se observó en la primera semana de vacaciones invernales, aunque la economía real cruje por todos lados. Casi sin excepciones los indicadores van en ese sentido. Como se sabe, el último dato del Estimador Mensual Industrial del Indec –correspondiente al mes de mayo- marcó una caída del 1,2 por ciento frente al igual mes del año anterior, cerrando una etapa de crecimiento de 12 períodos consecutivos. Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came) las ventas de comercios minoristas cerraron junio con una caída de 4,2 por ciento y las miradas ahora están puestas en la encuesta de supermercados, que el organismo encargado de las estadísticas nacionales dará a conocer la próxima semana; no se trata de un tema menor, ya que por esas cadenas pasa el 65 por ciento del consumo nacional. Todos esos datos van configurando un combo complejo que, por lo menos por ahora y más allá de las opiniones voluntaristas de funcionarios, no se sabe cuál será su piso.
Por Pablo Correa. "Todos esos datos van configurando un combo complejo que, por lo menos por ahora y más allá de las opiniones voluntaristas de funcionarios, no se sabe cuál será su piso".
Por razones internas y externas los sectores ligados a la producción regional siguen el mismo derrotero. El salto cambiario golpeó fuerte a las actividades ganaderas y los productores ya están visibilizando sus problemas, mostrando un camino que tenderá a agravarse en los próximos días. En ese sentido, dos manifestaciones públicas lo demuestran.
La Mesa Nacional de Producción Porcina, creada recientemente y que nuclea a un número importante de entidades, emitió un comunicado en donde además de exhibir datos del sector (como el crecimiento logrado en los últimos 15 años y el empleo que genera) solicita, en lugar de subsidios o protección, “reglas claras y justas para producir”. Precisamente aquello que, en teoría y discursos de campaña, el gobierno nacional busca plasmar.
Los pedidos son conocidos para quienes siguen el día a día de las actividades productivas, pero no para el gran público. Uno de ellos apunta contra la venta en góndola, como carne fresca, de cortes importados que llegan congelados, en flagrante contradicción a las reglamentaciones vigentes. En ese sentido, los cañones apuntan a la cadena de supermercados que maneja la familia del secretario de Comercio de la Nación, Miguel Braun, que según voceros del sector opera de esa manera en forma habitual. Además de ese tema, más útil para la chicana que para explicar la compleja situación que vive la producción porcina, aparecen otros problemas que merecen atención urgente. Entre ellos se destaca la cuestión tributaria, en donde la diferencia entre la alícuota del IVA para compras y ventas está generando un saldo técnico que impacta directamente en los costos; la falta de financiamiento accesible a partir de tasas de interés imposibles de convalidar y servicios caros y malos. El documento cierra haciendo mención a la necesidad de que el Estado plantee un programa que incluya a los pequeños y medianos productores del sistema, que representan el 90 por ciento del universo porcino.
Lechería
Los productores se están moviendo y el gobierno nacional no parece tomar nota de la situación. Las palabras del ministro de Agroindustria, Luis Etchevehere, difundidas luego del encuentro de la Mesa de Competitividad Lechera concretado el martes de la semana pasada, instando a que sean “protagonistas del cambio” parece una broma de mal gusto en medio de las restricciones que soporta la actividad.
En ese marco, las dos cámaras provinciales que explican la mayor parte de la leche del país, Córdoba y Santa Fe, no participaron y además amenazaron con dejar de concurrir a las reuniones que, aunque periódicas, aportan pocas soluciones. El secretario de la entidad de la provincia vecina, Marcelo Aimaro, expresó el ánimo de los productores ante la requisitoria de PUNTAL VILLA MARIA: “Alguna vez alguien tenía que dejar de aplaudir porque sí y decir las cosas como son, que es que no se quiere hablar de precios al productor”. Según el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), el promedio de precios se ubicó en junio en $6,75, muy lejos todavía del piso de $7 que desde el mismo organismo calcularon para dejar de perder.
Pareciera que los productores no se quedarán esperando la lenta recomposición de precios y pasarán a exigir resultados concretos a corto plazo. Si eso ocurre probablemente comiencen las reuniones y los prolegómenos de un plan que exprese el descontento que cada vez se palpa más. Y, frente a la disconformidad y el enojo, el Estado sigue sin reaccionar. Desde la Dirección de Lechería de la Nación, que dirige Alejandro Sammartino, han dicho innumerables veces que no recurrirán a medidas ensayadas en el pasado, como los subsidios por litro de leche; pero deberían mostrar algo más que datos. La competitividad no se construye sólo con información, que sin dudas es necesaria para la toma de decisiones, sino también con caminos rurales que puedan ser transitados cuando llueve; con políticas tributarias que premien la inversión y no la castiguen; con servicios que además de costosos sean eficientes.
Pero no todo tiene que ver con ruidos internos. Los coletazos de la guerra comercial entre Estados Unidos y China tiran para abajo al precio internacional de la soja, que sólo en un mes y medio perdió 80 dólares en el Mercado de Chicago. En Argentina los valores de la oleaginosa mostraban una dinámica propia por la merma que produjo la sequía más el cotidiano sube y baja del dólar. Los cambios de un día a otro son bruscos y obligan a los corredores a apelar a toda su experticia para amortiguar las pérdidas y potenciar ganancias. Pero la imposición de aranceles a la soja proveniente del país del norte, que impone China, configura un escenario nuevo y diferente en todo el mundo.
La respuesta a los precios que exhiben las pizarras, como lo explicó en este medio el analista Enrique Erize, no está en el mercado. Por eso es imposible predecir qué sucederá. El último informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) aporta más leña al fuego. El organismo incrementó el stock disponible de soja americana, descontando que ya no irá a China en las actuales circunstancias. Y ya se sabe qué pasa cuando aumenta la oferta.
En el actual contexto la recomendación que dio el especialista en una reunión con productores llevada a cabo en un hotel de la ciudad fue simple y conocida: “Ni se les ocurra vender”. Otro golpe más a una economía necesitada de dólares genuinos.
A pesar de ello la apuesta continúa. El viernes pasado la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) estimó que para la campaña 2018/19 se sembrará un millón de hectáreas más que en la anterior. “Suponiendo rindes tendenciales, la producción total de granos en argentina se prepara para aumentar un 22 por ciento, hasta los 120 millones de toneladas. Un cifra realmente importante. Se sembraría más en casi todos los cultivos. A precios de hoy, el valor bruto de la producción primaria podría alcanzar los U$S 23.200 millones y las exportaciones 25.500 U$S millones”, sostiene el trabajo.
Una buena en tantas malas. Sin un manual de instrucciones, o por lo menos una leve señal que indique el camino a seguir, igual la máquina sigue marchando.
Comentá esta nota
La Mesa Nacional de Producción Porcina, creada recientemente y que nuclea a un número importante de entidades, emitió un comunicado en donde además de exhibir datos del sector (como el crecimiento logrado en los últimos 15 años y el empleo que genera) solicita, en lugar de subsidios o protección, “reglas claras y justas para producir”. Precisamente aquello que, en teoría y discursos de campaña, el gobierno nacional busca plasmar.
Los pedidos son conocidos para quienes siguen el día a día de las actividades productivas, pero no para el gran público. Uno de ellos apunta contra la venta en góndola, como carne fresca, de cortes importados que llegan congelados, en flagrante contradicción a las reglamentaciones vigentes. En ese sentido, los cañones apuntan a la cadena de supermercados que maneja la familia del secretario de Comercio de la Nación, Miguel Braun, que según voceros del sector opera de esa manera en forma habitual. Además de ese tema, más útil para la chicana que para explicar la compleja situación que vive la producción porcina, aparecen otros problemas que merecen atención urgente. Entre ellos se destaca la cuestión tributaria, en donde la diferencia entre la alícuota del IVA para compras y ventas está generando un saldo técnico que impacta directamente en los costos; la falta de financiamiento accesible a partir de tasas de interés imposibles de convalidar y servicios caros y malos. El documento cierra haciendo mención a la necesidad de que el Estado plantee un programa que incluya a los pequeños y medianos productores del sistema, que representan el 90 por ciento del universo porcino.
Lechería
Los productores se están moviendo y el gobierno nacional no parece tomar nota de la situación. Las palabras del ministro de Agroindustria, Luis Etchevehere, difundidas luego del encuentro de la Mesa de Competitividad Lechera concretado el martes de la semana pasada, instando a que sean “protagonistas del cambio” parece una broma de mal gusto en medio de las restricciones que soporta la actividad.
En ese marco, las dos cámaras provinciales que explican la mayor parte de la leche del país, Córdoba y Santa Fe, no participaron y además amenazaron con dejar de concurrir a las reuniones que, aunque periódicas, aportan pocas soluciones. El secretario de la entidad de la provincia vecina, Marcelo Aimaro, expresó el ánimo de los productores ante la requisitoria de PUNTAL VILLA MARIA: “Alguna vez alguien tenía que dejar de aplaudir porque sí y decir las cosas como son, que es que no se quiere hablar de precios al productor”. Según el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), el promedio de precios se ubicó en junio en $6,75, muy lejos todavía del piso de $7 que desde el mismo organismo calcularon para dejar de perder.
Pareciera que los productores no se quedarán esperando la lenta recomposición de precios y pasarán a exigir resultados concretos a corto plazo. Si eso ocurre probablemente comiencen las reuniones y los prolegómenos de un plan que exprese el descontento que cada vez se palpa más. Y, frente a la disconformidad y el enojo, el Estado sigue sin reaccionar. Desde la Dirección de Lechería de la Nación, que dirige Alejandro Sammartino, han dicho innumerables veces que no recurrirán a medidas ensayadas en el pasado, como los subsidios por litro de leche; pero deberían mostrar algo más que datos. La competitividad no se construye sólo con información, que sin dudas es necesaria para la toma de decisiones, sino también con caminos rurales que puedan ser transitados cuando llueve; con políticas tributarias que premien la inversión y no la castiguen; con servicios que además de costosos sean eficientes.
Pero no todo tiene que ver con ruidos internos. Los coletazos de la guerra comercial entre Estados Unidos y China tiran para abajo al precio internacional de la soja, que sólo en un mes y medio perdió 80 dólares en el Mercado de Chicago. En Argentina los valores de la oleaginosa mostraban una dinámica propia por la merma que produjo la sequía más el cotidiano sube y baja del dólar. Los cambios de un día a otro son bruscos y obligan a los corredores a apelar a toda su experticia para amortiguar las pérdidas y potenciar ganancias. Pero la imposición de aranceles a la soja proveniente del país del norte, que impone China, configura un escenario nuevo y diferente en todo el mundo.
La respuesta a los precios que exhiben las pizarras, como lo explicó en este medio el analista Enrique Erize, no está en el mercado. Por eso es imposible predecir qué sucederá. El último informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) aporta más leña al fuego. El organismo incrementó el stock disponible de soja americana, descontando que ya no irá a China en las actuales circunstancias. Y ya se sabe qué pasa cuando aumenta la oferta.
En el actual contexto la recomendación que dio el especialista en una reunión con productores llevada a cabo en un hotel de la ciudad fue simple y conocida: “Ni se les ocurra vender”. Otro golpe más a una economía necesitada de dólares genuinos.
A pesar de ello la apuesta continúa. El viernes pasado la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) estimó que para la campaña 2018/19 se sembrará un millón de hectáreas más que en la anterior. “Suponiendo rindes tendenciales, la producción total de granos en argentina se prepara para aumentar un 22 por ciento, hasta los 120 millones de toneladas. Un cifra realmente importante. Se sembraría más en casi todos los cultivos. A precios de hoy, el valor bruto de la producción primaria podría alcanzar los U$S 23.200 millones y las exportaciones 25.500 U$S millones”, sostiene el trabajo.
Una buena en tantas malas. Sin un manual de instrucciones, o por lo menos una leve señal que indique el camino a seguir, igual la máquina sigue marchando.

