La política y los audios
Por Martín Alanis
En Argentina, pensar en escenarios y candidatos de cara a una elección de cualquier índole, más cuando falta entre 9 meses y un año, resulta más una actividad esotérica que periodística. En sólo una semana el micromundo de la política puede cambiar y desechar todo lo que se dijo apenas horas/días atrás. Y, como dice el dicho, para muestra un botón.
El Partido Justicialista de Villa María se mostró unido el 26 de julio, fecha que se recuerda la muerte de Eva Duarte de Perón. Allí se habló de unidad, la palabra más repetida en el acto y en horas posteriores. En el mismo espacio físico, la sede del partido, convivieron gillistas y accastellistas, fundamentalmente, aunque también pudo haber una minoría que responda a otro sector. No obstante, en la ciudad está claro que hay dos expresiones bien marcadas de lo que se conoce como los “ismos”, el gillismo y el accastellismo.
Esa paz y armonía que se intentó mostrar no duró ni 24 horas. Al otro día, Accastello siguió caminando los barrios. Un día después lo hizo Gill. “Es inexplicable que un propio compañero nos camine los barrios, nosotros no lo hubiéramos hecho nunca si Accastello sería ahora el intendente”, afirmó una alta fuente del gillismo, que no dudó en aseverar que el exmandatario “está muy mal asesorado”. Del otro lado, responden que seguirán con la campaña y ratifican una y otra vez que el exjefe comunal peleará por el Sillón de Viñas en 2019.
En definitiva, es política. Con dos referentes fuertes en cada sector, ya subidos al ring, buscan imponer su condición por sobre la del otro y así alzarse con la corona. Pero el grado de complejidad de la interna peronista tomó otro cariz esta semana. Eso que llamamos “el barro” de la política, ensuciarse en la peor discusión, con operaciones de poca monta, pero de alto impacto; con acusaciones cruzadas; comunicados de por medio; off de record con todo tipo de descalificaciones. La unidad, que tanto se habló hace una semana, hoy parece más una puesta en escena que una praxis política. “En estos términos no sé cómo vamos a establecer negociaciones, es muy difícil. Pero confío que terminaremos todos abrazados”, dijo esta misma fuente, tras el escándalo de los audios.
Y a eso nos referimos con el cambio de escenario de una semana a otra. Los famosos audios de Giliberti que desnudan una operación sin sentido, con el solo objetivo de dañar una persona y una gestión. Giliberti habría reconocido ante otro medio que él hablaba en el audio, su tono de voz no dejaría lugar a dudas. Allí cuenta como organizó la denuncia contra la secretaria de Economía y Finanzas, Daniela Lucarelli, y que él cobró o cobraría en el futuro por hacerla. “Accastello está detrás”, le admitió a la persona que lo grababa sin que este lo supiera, y hasta le reconoció que también pensaban denunciar a Gill. Finalmente, la presentación en Comodoro Py fue solo contra Lucarelli.
Cuando se conoció la noticia, hace un par de meses, la funcionaria se presentó rápidamente en la Justicia ordinaria y entregó toda la documentación del plan 250 Viviendas. Giliberti la había acusado de desvío de fondos públicos. En ese momento, el oficialismo dijo que ya sabía el contenido de la denuncia y preparó toda la documentación para abortar cualquier escándalo.
Justamente, conocían la denuncia por escuchar los mismos audios que esta semana aparecieron en el sitio villamariaya.com. Solo que lo guardaron “bajo siete llaves”, como dijo un funcionario, hasta que esta semana se filtró y desató el escándalo. “Estamos buscando la unidad y filtran estas cosas. Todos sabemos que dividimos perdemos”, afirmó también otro importante dirigente cercano a Gill.
El sector accastellista lanzó un comunicado oficial en el cual desmentían las acusaciones y hablaron de una operación del gillismo. Hasta difundieron un audio del jefe de Gabinete, Héctor Muñoz, hablando con Giliberti, aunque en realidad el audio no tendría nada que ver con cuestiones políticas, sino laborales. Pero de allí se agarró el accastellismo para denunciar una operación, habló de “trolls” de Gill para desprestigiar a Accastello y hasta criticó a la propia gestión: “Es evidente un cierto nerviosismo e inusitada violencia entre quienes escribieron estos ‘comentarios’, aludiendo a cuestiones electorales en un momento tan lejano al inicio de una campaña, durante la que incluso sería escandaloso que surgieran este tipo de operaciones. Es lamentable que, en lugar de salir a dar explicaciones y demostrar transparencia ante la más mínima sospecha, se recurra a ‘operar’ en prensa y redes. Ante las fallas de gestión, eligen subestimar y manipular la opinión de los villamarienses”.
Lo que hasta la semana pasada era unidad, ahora no le es tanto, la semana que viene puede serlo de vuelta y así sucesivamente hasta el momento de definirse las candidaturas. “Los dirigentes van a arreglar, los que van a quedar pedaleando son los que conspiran para que no se dé la unidad”, manifestó otra fuente del peronismo local, que sabe de estas refriegas. “El candidato se va a definir un día antes de la inscripción”, sostuvo otro importante dirigente, siempre en off. No es de extrañar, el PJ siempre espera a último momento.
En primera fila
Del otro lado, en Cambiemos, miran la novela sentados en primera fila. Una división en el oficialismo los dejaría a tiro de ganar la intendencia. Por supuesto, antes también deberán resolver la propia interna opositora, acordar el candidato a intendente entre las tres fuerzas y esperar que la economía macrista no se los lleve puesto.
El presidente del PRO de Córdoba, y precandidato a intendente, Darío Capitani, se refirió a los audios y auguró un triunfo opositor en 2019: “Nosotros no tenemos nada que ver con un conflicto de intereses donde el escándalo, las discusiones del peronismo y las cuestiones de corrupción que se hablan, dejan a las claras el modelo que se agota tras 20 años. Nosotros vamos con la otra alternativa, generar un espacio abierto, franco, concreto. Sería muy bueno que la Justicia villamariense resuelva sobre los aberrantes hechos políticos que vivimos”.
Y cuando se le preguntó si el peronismo terminará unido de cara a las municipales, respondió que sí, y que vencerán “a ambos” en las urnas, es decir, a Gill y Accastello. “Estoy convencido que vamos a ganar”, remató, confiado.
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El Partido Justicialista de Villa María se mostró unido el 26 de julio, fecha que se recuerda la muerte de Eva Duarte de Perón. Allí se habló de unidad, la palabra más repetida en el acto y en horas posteriores. En el mismo espacio físico, la sede del partido, convivieron gillistas y accastellistas, fundamentalmente, aunque también pudo haber una minoría que responda a otro sector. No obstante, en la ciudad está claro que hay dos expresiones bien marcadas de lo que se conoce como los “ismos”, el gillismo y el accastellismo.
Esa paz y armonía que se intentó mostrar no duró ni 24 horas. Al otro día, Accastello siguió caminando los barrios. Un día después lo hizo Gill. “Es inexplicable que un propio compañero nos camine los barrios, nosotros no lo hubiéramos hecho nunca si Accastello sería ahora el intendente”, afirmó una alta fuente del gillismo, que no dudó en aseverar que el exmandatario “está muy mal asesorado”. Del otro lado, responden que seguirán con la campaña y ratifican una y otra vez que el exjefe comunal peleará por el Sillón de Viñas en 2019.
En definitiva, es política. Con dos referentes fuertes en cada sector, ya subidos al ring, buscan imponer su condición por sobre la del otro y así alzarse con la corona. Pero el grado de complejidad de la interna peronista tomó otro cariz esta semana. Eso que llamamos “el barro” de la política, ensuciarse en la peor discusión, con operaciones de poca monta, pero de alto impacto; con acusaciones cruzadas; comunicados de por medio; off de record con todo tipo de descalificaciones. La unidad, que tanto se habló hace una semana, hoy parece más una puesta en escena que una praxis política. “En estos términos no sé cómo vamos a establecer negociaciones, es muy difícil. Pero confío que terminaremos todos abrazados”, dijo esta misma fuente, tras el escándalo de los audios.
Y a eso nos referimos con el cambio de escenario de una semana a otra. Los famosos audios de Giliberti que desnudan una operación sin sentido, con el solo objetivo de dañar una persona y una gestión. Giliberti habría reconocido ante otro medio que él hablaba en el audio, su tono de voz no dejaría lugar a dudas. Allí cuenta como organizó la denuncia contra la secretaria de Economía y Finanzas, Daniela Lucarelli, y que él cobró o cobraría en el futuro por hacerla. “Accastello está detrás”, le admitió a la persona que lo grababa sin que este lo supiera, y hasta le reconoció que también pensaban denunciar a Gill. Finalmente, la presentación en Comodoro Py fue solo contra Lucarelli.
Cuando se conoció la noticia, hace un par de meses, la funcionaria se presentó rápidamente en la Justicia ordinaria y entregó toda la documentación del plan 250 Viviendas. Giliberti la había acusado de desvío de fondos públicos. En ese momento, el oficialismo dijo que ya sabía el contenido de la denuncia y preparó toda la documentación para abortar cualquier escándalo.
Justamente, conocían la denuncia por escuchar los mismos audios que esta semana aparecieron en el sitio villamariaya.com. Solo que lo guardaron “bajo siete llaves”, como dijo un funcionario, hasta que esta semana se filtró y desató el escándalo. “Estamos buscando la unidad y filtran estas cosas. Todos sabemos que dividimos perdemos”, afirmó también otro importante dirigente cercano a Gill.
El sector accastellista lanzó un comunicado oficial en el cual desmentían las acusaciones y hablaron de una operación del gillismo. Hasta difundieron un audio del jefe de Gabinete, Héctor Muñoz, hablando con Giliberti, aunque en realidad el audio no tendría nada que ver con cuestiones políticas, sino laborales. Pero de allí se agarró el accastellismo para denunciar una operación, habló de “trolls” de Gill para desprestigiar a Accastello y hasta criticó a la propia gestión: “Es evidente un cierto nerviosismo e inusitada violencia entre quienes escribieron estos ‘comentarios’, aludiendo a cuestiones electorales en un momento tan lejano al inicio de una campaña, durante la que incluso sería escandaloso que surgieran este tipo de operaciones. Es lamentable que, en lugar de salir a dar explicaciones y demostrar transparencia ante la más mínima sospecha, se recurra a ‘operar’ en prensa y redes. Ante las fallas de gestión, eligen subestimar y manipular la opinión de los villamarienses”.
Lo que hasta la semana pasada era unidad, ahora no le es tanto, la semana que viene puede serlo de vuelta y así sucesivamente hasta el momento de definirse las candidaturas. “Los dirigentes van a arreglar, los que van a quedar pedaleando son los que conspiran para que no se dé la unidad”, manifestó otra fuente del peronismo local, que sabe de estas refriegas. “El candidato se va a definir un día antes de la inscripción”, sostuvo otro importante dirigente, siempre en off. No es de extrañar, el PJ siempre espera a último momento.
En primera fila
Del otro lado, en Cambiemos, miran la novela sentados en primera fila. Una división en el oficialismo los dejaría a tiro de ganar la intendencia. Por supuesto, antes también deberán resolver la propia interna opositora, acordar el candidato a intendente entre las tres fuerzas y esperar que la economía macrista no se los lleve puesto.
El presidente del PRO de Córdoba, y precandidato a intendente, Darío Capitani, se refirió a los audios y auguró un triunfo opositor en 2019: “Nosotros no tenemos nada que ver con un conflicto de intereses donde el escándalo, las discusiones del peronismo y las cuestiones de corrupción que se hablan, dejan a las claras el modelo que se agota tras 20 años. Nosotros vamos con la otra alternativa, generar un espacio abierto, franco, concreto. Sería muy bueno que la Justicia villamariense resuelva sobre los aberrantes hechos políticos que vivimos”.
Y cuando se le preguntó si el peronismo terminará unido de cara a las municipales, respondió que sí, y que vencerán “a ambos” en las urnas, es decir, a Gill y Accastello. “Estoy convencido que vamos a ganar”, remató, confiado.