Al final del fin de semana, antes de arrancar la última de esta Copa del Mundo, PUNTAL se encuentra, como ustedes, de cara a una mini Eurocopa. A un torneo entre cuatro equipos europeos entre los cuales no están ni Italia (que no vino), Alemania, España y el Portugal de Cristiano Ronaldo. Están otros, catalogados por todos nosotros como posibles sorpresas o “enemigos” según el término burrero, pero cuatro, los cuatro finalistas, dentro de esa “calificación” parece mucho. Y extraño. Y lindo a la vez.
Ahora bien, hay que hablar del NO rotundo de este Mundial a los equipos sudamericanos, de los que siempre decimos tienen jugadores desparramados por el mundo, para hacer dulce, y un rasgo competitivo que los pone por encima del resto del orbe. Al menos, eso parece, y a veces ha quedado demostrado.
Se fueron Perú, Argentina, Colombia, Uruguay y Brasil. En ese orden.
Y sea cual fuera la cronología de los hechos, Argentina fue el peor de todos los conjuntos de esta parte del mundo, representantes de la Conmebol, en la Copa.
Argentina jugó mal, fue mal dirigida y sus dirigentes hicieron y hacen lo posible para que, al menos, por un rato, la mayoría del pueblo futbolero nacional sienta vergüenza propia por la AFA y sus alrededores.
Algo que ya estará pasando. Porque todo pasa. La vigencia del anillo del Don es extraordinaria. Y curiosamente aplicable al fútbol como a la sociedad toda.
No encontramos el rumbo en la cancha. Ni siquiera con Messi, el mejor del mundo.
No logramos superar a Islandia, perdimos feo ante Croacia y la victoria agónica ante Nigeria nos ilusionó, pensando en que desde allí comenzaría para los argentinos un nuevo Mundial. Pero Francia nos puso en nuestro lugar, más allá del 4-3 exiguo del marcador final en Kazán.
Kazán, esa ciudad que se cargó a Alemania, Argentina y Brasil. Un “cementerio de los elefantes” mundialista. Pero salvo lo de Brasil, si es por Alemania y Argentina, ambas selecciones se fueron haciendo méritos para ello. Esto es no haciendo algo para que uno diga: “Debieron quedarse”.
Argentina fue una lágrima. Mucho menos de lo que, al menos, yo esperaba. Y jamás caería encima de los jugadores solamente. Hay en ellos defección, claro. Son los que juegan. Los que deben rebelarse si la mano viene cambiada, por ejemplo. Pero esta generación, de la cual se intentó el recambio, desde su técnico, sin lograrlo (terminaron jugando los mismos de siempre en estos años), la misma que logró tres subcampeonatos (lo que no es poco), esta vez derrapó en el verde césped.
Está claro que Jorge Sampaoli no fue el “payatécnico”, del cual hablábamos en el momento en el que asumió como conductor de la selección. Ese hombre que necesitaban los muchachos para que se les removiera el alma luego de las derrotas dolorosas en las tres finales a las que hacíamos referencia.
Muchachos que tal vez no aceptaron jamás esa figura histriónica, con características de “saltimbanqui”, que venía a tratar de “domar” a un grupo cerrado, mimado a sí mismo, con cierto engreimiento rodeando a Messi y con una dirigencia que desde hace tiempo está rendida a sus pies.
Recordemos aquella negativa a cambiar de hotel en la Copa América de Chile, cuando por haber clasificado, a Argentina le correspondía jugar en Viña del Mar y dejar La Serena y por la preferencia de algunas de las señoras, de los “mejores”, se cambió toda la logística del campeonato, desairando a la organización y a Viña del Mar, con el apoyo de la dirigencia afista.
Ese grupo cerrado jamás se abrió. Apenas una puerta para Pavón, por mérito propio y el gusto de Messi. Entonces, lo de Sampaoli fue malo. Erróneo. Improductivo.
Tanto es así que se aferra a su contrato y pide a gritos continuidad, para, cambiando las caras, empezar de nuevo.
De los dirigentes para qué abundar. Si en medio del papelón habitual, el presidente de AFA fue recibido en Ezeiza como si fuera Manuel Belgrano después de una batalla emancipadora. Eso somos. Capaz Tapia da muchas “propinas”, para buscarle una virtud solicitada por cierto sector oficialista del gobierno nacional.
El Perú de Gareca se fue rápido debiendo quedarse. La derrota inmerecida ante Dinamarca lo condicionó para jugar ante Francia y ya no le alcanzó con ganarle a Australia. Fue muy bueno lo de los incaicos, dentro y fuera de la cancha, con una cantidad de seguidores en Rusia, inesperado e impresionante.
Colombia, de menor a mayor, cayó en penales sin ser menos que Inglaterra y con un arbitraje, al menos, polémico. Hizo una buena primera ronda y el gol de Mina lo metió en el alargue y tiros desde los once metros, momento en el cual la fortuna juega.
Uruguay tiene pocos habitantes, algo poco proporcional a sus milagros futboleros. Estos últimos son contados, pero escriben una historia especial de la Celeste. Fue mucho no contar con Cavani ante Francia. Muchísimo. Y Francia lo aprovechó. Fue superior, aunque si el cabezazo de Cáceres, poco después del gol de Francia se metía (gran atajada de Lloris y posterior defección de Godín en la definición), tal vez la historia hubiese sido diferente. La soledad de Suárez y el error de Muslera completaron el cuadro de la eliminación de Uruguay.
El golpe, para Sudamérica, fue la eliminación de Brasil. Sensacional primer tiempo de Bélgica, con un Lukaku intratable, De Bruyne en el mejor nivel, la experiencia de Kompany y Fellaini y el fútbol total de Hazard, quien fue el encargado de enfriar a Brasil en la parte final del partido. Nada de esto hubiese sido útil sin el trabajo estupendo de su arquero Courtois, la figura junto Hazard.
Al hablar del arquero belga como lo mejor, decimos que Brasil estuvo muy cerca de igualarlo. Falló mucho en la definición, algo curioso. Y Neymar, que recibió durante el Mundial, más de 30 faltas, no pudo. A pesar de ello, es de las figuras que llegaron para ser estrellas definitivas en Rusia, de los mejores.
La mini Eurocopa definirá el Mundial. Incluso, sin los presuntamente mejores de Europa. Los nuestros se volvieron antes. Más o menos antes. Sí, insisto, los sudamericanos aprobaron en general su actuación en el Mundial.
Un solo equipo de nuestro lugar en el mundo se lleva un aplazo y tiene que volver a rendir. Lamentablemente es Argentina. Esa asociación de dirigentes, técnicos y jugadores que vienen sembrando vientos y por estos días cosecharon una tempestad que a lo mejor ni mojó a los que los cultivaron.
Osvaldo Alfredo Wehbe. Enviado especial.
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Se fueron Perú, Argentina, Colombia, Uruguay y Brasil. En ese orden.
Y sea cual fuera la cronología de los hechos, Argentina fue el peor de todos los conjuntos de esta parte del mundo, representantes de la Conmebol, en la Copa.
Argentina jugó mal, fue mal dirigida y sus dirigentes hicieron y hacen lo posible para que, al menos, por un rato, la mayoría del pueblo futbolero nacional sienta vergüenza propia por la AFA y sus alrededores.
Algo que ya estará pasando. Porque todo pasa. La vigencia del anillo del Don es extraordinaria. Y curiosamente aplicable al fútbol como a la sociedad toda.
No encontramos el rumbo en la cancha. Ni siquiera con Messi, el mejor del mundo.
No logramos superar a Islandia, perdimos feo ante Croacia y la victoria agónica ante Nigeria nos ilusionó, pensando en que desde allí comenzaría para los argentinos un nuevo Mundial. Pero Francia nos puso en nuestro lugar, más allá del 4-3 exiguo del marcador final en Kazán.
Kazán, esa ciudad que se cargó a Alemania, Argentina y Brasil. Un “cementerio de los elefantes” mundialista. Pero salvo lo de Brasil, si es por Alemania y Argentina, ambas selecciones se fueron haciendo méritos para ello. Esto es no haciendo algo para que uno diga: “Debieron quedarse”.
Argentina fue una lágrima. Mucho menos de lo que, al menos, yo esperaba. Y jamás caería encima de los jugadores solamente. Hay en ellos defección, claro. Son los que juegan. Los que deben rebelarse si la mano viene cambiada, por ejemplo. Pero esta generación, de la cual se intentó el recambio, desde su técnico, sin lograrlo (terminaron jugando los mismos de siempre en estos años), la misma que logró tres subcampeonatos (lo que no es poco), esta vez derrapó en el verde césped.
Está claro que Jorge Sampaoli no fue el “payatécnico”, del cual hablábamos en el momento en el que asumió como conductor de la selección. Ese hombre que necesitaban los muchachos para que se les removiera el alma luego de las derrotas dolorosas en las tres finales a las que hacíamos referencia.
Muchachos que tal vez no aceptaron jamás esa figura histriónica, con características de “saltimbanqui”, que venía a tratar de “domar” a un grupo cerrado, mimado a sí mismo, con cierto engreimiento rodeando a Messi y con una dirigencia que desde hace tiempo está rendida a sus pies.
Recordemos aquella negativa a cambiar de hotel en la Copa América de Chile, cuando por haber clasificado, a Argentina le correspondía jugar en Viña del Mar y dejar La Serena y por la preferencia de algunas de las señoras, de los “mejores”, se cambió toda la logística del campeonato, desairando a la organización y a Viña del Mar, con el apoyo de la dirigencia afista.
Ese grupo cerrado jamás se abrió. Apenas una puerta para Pavón, por mérito propio y el gusto de Messi. Entonces, lo de Sampaoli fue malo. Erróneo. Improductivo.
Tanto es así que se aferra a su contrato y pide a gritos continuidad, para, cambiando las caras, empezar de nuevo.
De los dirigentes para qué abundar. Si en medio del papelón habitual, el presidente de AFA fue recibido en Ezeiza como si fuera Manuel Belgrano después de una batalla emancipadora. Eso somos. Capaz Tapia da muchas “propinas”, para buscarle una virtud solicitada por cierto sector oficialista del gobierno nacional.
El Perú de Gareca se fue rápido debiendo quedarse. La derrota inmerecida ante Dinamarca lo condicionó para jugar ante Francia y ya no le alcanzó con ganarle a Australia. Fue muy bueno lo de los incaicos, dentro y fuera de la cancha, con una cantidad de seguidores en Rusia, inesperado e impresionante.
Colombia, de menor a mayor, cayó en penales sin ser menos que Inglaterra y con un arbitraje, al menos, polémico. Hizo una buena primera ronda y el gol de Mina lo metió en el alargue y tiros desde los once metros, momento en el cual la fortuna juega.
Uruguay tiene pocos habitantes, algo poco proporcional a sus milagros futboleros. Estos últimos son contados, pero escriben una historia especial de la Celeste. Fue mucho no contar con Cavani ante Francia. Muchísimo. Y Francia lo aprovechó. Fue superior, aunque si el cabezazo de Cáceres, poco después del gol de Francia se metía (gran atajada de Lloris y posterior defección de Godín en la definición), tal vez la historia hubiese sido diferente. La soledad de Suárez y el error de Muslera completaron el cuadro de la eliminación de Uruguay.
El golpe, para Sudamérica, fue la eliminación de Brasil. Sensacional primer tiempo de Bélgica, con un Lukaku intratable, De Bruyne en el mejor nivel, la experiencia de Kompany y Fellaini y el fútbol total de Hazard, quien fue el encargado de enfriar a Brasil en la parte final del partido. Nada de esto hubiese sido útil sin el trabajo estupendo de su arquero Courtois, la figura junto Hazard.
Al hablar del arquero belga como lo mejor, decimos que Brasil estuvo muy cerca de igualarlo. Falló mucho en la definición, algo curioso. Y Neymar, que recibió durante el Mundial, más de 30 faltas, no pudo. A pesar de ello, es de las figuras que llegaron para ser estrellas definitivas en Rusia, de los mejores.
La mini Eurocopa definirá el Mundial. Incluso, sin los presuntamente mejores de Europa. Los nuestros se volvieron antes. Más o menos antes. Sí, insisto, los sudamericanos aprobaron en general su actuación en el Mundial.
Un solo equipo de nuestro lugar en el mundo se lleva un aplazo y tiene que volver a rendir. Lamentablemente es Argentina. Esa asociación de dirigentes, técnicos y jugadores que vienen sembrando vientos y por estos días cosecharon una tempestad que a lo mejor ni mojó a los que los cultivaron.
Osvaldo Alfredo Wehbe. Enviado especial.

