El primero de mayo de 1890, miles de personas se lanzaron a las calles en la Argentina para celebrar el "Día del Trabajador". Fue la conmemoración inicial en el país luego del establecimiento de esa fecha a nivel internacional en homenaje a los Mártires de Chicago, ejecutados en 1886 en castigo por haber impulsado una huelga metalúrgica en reclamo de la jornada laboral de ocho horas.
Bahía Blanca y Chivilcoy, en la provincia de Buenos Aires, la hoy Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Rosario, en Santa Fe, vieron desfilar a muchos manifestantes en cada una de ellas.
La convocatoria surgió como consecuencia de la pauta fijada un año antes por la Segunda Internacional Socialista, en 1889, durante un encuentro desarrollado en París al que asistiera como único representante latinoamericano el argentino Alejo Peyret.
Por entonces ya se habían ido desarrollando en la Argentina varios conflictos de importancia, anteriores inclusive al de los Mártires de Chicago. Tal fue el caso ocurrido en Rosario en 1877, cuando los aguateros dejaron sin abastecer la ciudad durante varios días. La Unión Obrera Tipográfica, en 1878, fue el primer sindicato en convocar a un paro.
No faltaron tampoco reclamos como el de los empleados de comercio que pedían el descanso dominical y, entre otros, los de los albañiles, los cigarreros, las costureras y los yeseros. Ya eran muchos los que habían participado en conflictos cuando ese primero de mayo en 1890 se agruparon para cantar "La Internacional".
Los dos mil asambleístas que participaron en el Prado Español en la Ciudad de Buenos Aires, los otros mil en la intersección de Entre Ríos y Urquiza en Rosario y en una cifra similar en Bahía Blanca y Chivilcoy, que escucharon a oradores en alemán, castellano, francés e italiano, terminaron por crear la Federación Obrera de la Argentina y un periódico representativo.
También acordaron solicitar al Congreso de la Nación la sanción de leyes protectoras de los trabajadores. Una iniciativa que no tuvo éxito, al punto de que nuevas protestas desarrolladas en los años posteriores, impulsadas generalmente por inmigrantes, dieron lugar a graves represiones por parte de los sucesivos gobiernos que se enfrentaron con ellas.
Una dura lucha
En 1904, la conmemoración, realizada en Plaza Mazzini, tuvo como respuesta dos muertos y 24 heridos; en 1905, en Plaza Lavalle hubo otros dos muertos y 20 heridos; en 1909 hubo ocho muertos y 105 heridos, lo que dio lugar a que entre el 3 y el 8 de ese mismo mes se produjera la huelga general de la "Semana de Mayo".
En el ínterin, en 1902, se sancionó la Ley de Residencia, impulsada por el escritor Miguel Cané. La norma, que tuvo vigencia hasta 1958, sirvió para asegurar la deportación a sus países de origen de aquellos extranjeros considerados revoltosos.
Más tarde, durante la presidencia de Juan Domingo Perón, la misma ley se aplicó a comerciantes acusados de "agio y especulación".
La ley que declaró feriado nacional el Primero de Mayo fue impulsada en 1924 por el presidente radical Marcelo Torcuato de Alvear y aprobada en 1925. Señalaba que esa conmemoración, auspiciada por el Estado, implicaba que "era deber de los poderes públicos propender a que fuese ese día sereno y auspicioso, de solidaridad social y paz espiritual".
Tal conmemoración, coincidente con la de la sanción de la Constitución Nacional en 1853, fue propiciada tras los graves sucesos de 1919, cuando se produjo la masacre conocida como la "Semana Trágica", en los Talleres de Vasena, hoy Plaza Martín Fierro, que impactaron en el partícipe Perón, que intervino como teniente en la represión, para su luego impulsar su política pro-operario.
También por esa época se produjeron las huelgas de la "Patagonia Rebelde", a las que el gobierno del presidente Hipólito Yrigoyen respondió con una dura represión. El giro dado por Alvear hizo que el propio Yrigoyen en 1929 aceptara la instrumentación de la jornada de ocho horas, que ya a comienzos de siglo aplicara Horacio Anasagasti en su fábrica de autos.
En 1946, Perón convirtió al Primero de Mayo en una jornada de festejos. Él informaba a la multitud acerca de sus logros y ésta le respondía agradecida con sus vítores.
Fue el final de las batallas callejeras que se daban entre trabajadores y fuerzas represoras. Sin embargo, la conmemoración tuvo también sus retrocesos, como cuando fue prohibida en 1966 por Juan Carlos Onganía.
* Historiador y periodista.
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La convocatoria surgió como consecuencia de la pauta fijada un año antes por la Segunda Internacional Socialista, en 1889, durante un encuentro desarrollado en París al que asistiera como único representante latinoamericano el argentino Alejo Peyret.
Por entonces ya se habían ido desarrollando en la Argentina varios conflictos de importancia, anteriores inclusive al de los Mártires de Chicago. Tal fue el caso ocurrido en Rosario en 1877, cuando los aguateros dejaron sin abastecer la ciudad durante varios días. La Unión Obrera Tipográfica, en 1878, fue el primer sindicato en convocar a un paro.
No faltaron tampoco reclamos como el de los empleados de comercio que pedían el descanso dominical y, entre otros, los de los albañiles, los cigarreros, las costureras y los yeseros. Ya eran muchos los que habían participado en conflictos cuando ese primero de mayo en 1890 se agruparon para cantar "La Internacional".
Los dos mil asambleístas que participaron en el Prado Español en la Ciudad de Buenos Aires, los otros mil en la intersección de Entre Ríos y Urquiza en Rosario y en una cifra similar en Bahía Blanca y Chivilcoy, que escucharon a oradores en alemán, castellano, francés e italiano, terminaron por crear la Federación Obrera de la Argentina y un periódico representativo.
También acordaron solicitar al Congreso de la Nación la sanción de leyes protectoras de los trabajadores. Una iniciativa que no tuvo éxito, al punto de que nuevas protestas desarrolladas en los años posteriores, impulsadas generalmente por inmigrantes, dieron lugar a graves represiones por parte de los sucesivos gobiernos que se enfrentaron con ellas.
Una dura lucha
En 1904, la conmemoración, realizada en Plaza Mazzini, tuvo como respuesta dos muertos y 24 heridos; en 1905, en Plaza Lavalle hubo otros dos muertos y 20 heridos; en 1909 hubo ocho muertos y 105 heridos, lo que dio lugar a que entre el 3 y el 8 de ese mismo mes se produjera la huelga general de la "Semana de Mayo".
En el ínterin, en 1902, se sancionó la Ley de Residencia, impulsada por el escritor Miguel Cané. La norma, que tuvo vigencia hasta 1958, sirvió para asegurar la deportación a sus países de origen de aquellos extranjeros considerados revoltosos.
Más tarde, durante la presidencia de Juan Domingo Perón, la misma ley se aplicó a comerciantes acusados de "agio y especulación".
La ley que declaró feriado nacional el Primero de Mayo fue impulsada en 1924 por el presidente radical Marcelo Torcuato de Alvear y aprobada en 1925. Señalaba que esa conmemoración, auspiciada por el Estado, implicaba que "era deber de los poderes públicos propender a que fuese ese día sereno y auspicioso, de solidaridad social y paz espiritual".
Tal conmemoración, coincidente con la de la sanción de la Constitución Nacional en 1853, fue propiciada tras los graves sucesos de 1919, cuando se produjo la masacre conocida como la "Semana Trágica", en los Talleres de Vasena, hoy Plaza Martín Fierro, que impactaron en el partícipe Perón, que intervino como teniente en la represión, para su luego impulsar su política pro-operario.
También por esa época se produjeron las huelgas de la "Patagonia Rebelde", a las que el gobierno del presidente Hipólito Yrigoyen respondió con una dura represión. El giro dado por Alvear hizo que el propio Yrigoyen en 1929 aceptara la instrumentación de la jornada de ocho horas, que ya a comienzos de siglo aplicara Horacio Anasagasti en su fábrica de autos.
En 1946, Perón convirtió al Primero de Mayo en una jornada de festejos. Él informaba a la multitud acerca de sus logros y ésta le respondía agradecida con sus vítores.
Fue el final de las batallas callejeras que se daban entre trabajadores y fuerzas represoras. Sin embargo, la conmemoración tuvo también sus retrocesos, como cuando fue prohibida en 1966 por Juan Carlos Onganía.
* Historiador y periodista.

