Con el tétrico escenario de fondo de las más de 20 muertes y 80 hospitalizaciones por el consumo de cocaína adulterada en la ciudad bonaerense de Hurlingham, el secretario de Prevención y Asistencia de las Adicciones de Córdoba, Darío Gigena Parker, advirtió que “no hay una manera segura” de utilizar esa sustancia. También indicó que se encendieron luces de alerta por la gravedad del hecho y ante la posibilidad de que alguno de los elementos “de corte” sea opiáceo, mucho más peligroso que la droga orginal.
“Esto se produce por el hecho de que no hay una manera segura de consumir cocaína, que usualmente viene con contaminantes, muchas veces con objeto de aumentar el valor, porque la materia prima es importada y eso significa un costo adicional. Agregar productos de corte para aumentar el valor de reventa complejiza más el problema. De por sí, la cocaína tiene un potencial adictivo y efectos como aumento de tensión, peligro de ACV, convulsiones y otros muchos problemas con riesgo para la vida.
Las sustancias “de corte”
En el caso de los contaminantes -aclara Gigena Parker- se abre una incógnita, pero en general se los clasifica entre “inertes” y “activos”.
“Entre los inertes, está la fécula de maíz, que se asemeja físicamente a la droga. Y entre los activos, se suele usar lidocaína, un anestésico, con un efecto parecido al de la cocaína, al menos localmente. Pero también otros, como la estricnina, un tóxico contenido en el veneno para ratas que, en dosis bajas, no tiene consecuencias fatales. También tiene sabor amargo y simula ser cocaína”, indicó el funcionario.
Pero las alternativas para “estirar” el volumen de la droga no terminan allí. En el mundillo narco, también suelen echar mano de las anfetaminas, un fármaco de efecto estimulante similar al de la cocaína hasta cierto punto.
Síntomas no habituales
Sin embargo, para el secretario de Prevención y Asistencia de las Adicciones, los síntomas que han experimentado los consumidores intoxicados de Hurlingham no son ninguna de las sustancias mencionadas arriba, sino más bien con un tipo de opiáceo poco habitual en las calles.
“El fentanilo, que se usa en contextos médicos, quirúrgicos, que asegura una rápida anestesia de la persona. Es un fármaco seguro, siempre y cuando esté supervisado por un profesional”, indicó Gigena Parker.
Y rápidamente aclaró que “en el uso casero o callejero, puede conducir a una insuficiencia respiratoria y provocar la muerte en cuestión de minutos. Esto pasa en Europa, Estados Unidos y Canadá, cuando el fentanilo pasó del mercado legal al ilegal”.
El fentanilo es un problema de salud pública grave en el primer mundo, donde su uso recreativo provoca una cantidad significativa de muertes y serios problemas de adicción.
Sin embargo, Gigena Parker aclaró que “no es lo que ocurre en Argentina, donde se respeta la trazabilidad, y no hay reportes de este tipo de contaminación en los secuestros e incautaciones de cocaína”.
Fármaco de uso restringido
En el mismo sentido, detalló que, en nuestro país, el fentanilo y otros opiáceos son de uso exclusivo hospitalario, lo que significa que no se venden al público en farmacias.
El funcionario aseguró que, al menos en la red de atención de adicciones de Córdoba no hay pacientes que consulten por consumos problemáticos de fentanilo o de otros opiáceos, “salvo un grupo muy reducido de profesionales de la salud y de personas con dolores fuertes y crónicos”.
Más allá de que una de las hipótesis de lo que ocurrió en Hurlingham con la cocaína adulterada es que pudo tratarse de un sabotaje entre narcos enfrentados, Gigena Parker plantea que hay que prestarle atención a la circulación de fentanilo en el mercado negro, “una droga varias veces más potente que la heroína, y que se produce en el mercado ilegal en algunos países americanos y en Asia”.
-Este tipo de situaciones parecen plantear el desafío de intervenir en plazas ilegales, que el Estado tampoco puede avalar.
-Hay que entender que no existe ningún país del mundo que haya legalizado la cocaína. Y la ilegalidad trae aparejado que la gente no sabe lo que consume. Pero no basta con saber qué es lo que toma, porque igual lo seguirá haciendo, por la compulsión adictiva. La cocaína lleva consumidores a las salas de emergencias, pero no deriva en muertes, al menos no significativamente. Pero el fentanilo sí provoca muchas muertes. Habrá que tender redes para rápidamente detectar a los consumidores. Para salvarles la vida, que es la prioridad número uno, y después empezar su tratamiento para salir de la adicción.

