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El Gobierno sigue concentrado en su andamiaje

Una abrumadora mayoría cree que el rumbo del país es el equivocado, mientras el deterioro económico sigue profundizándose. La gestión de Alberto Fernández no logra sortear las diferencias internas y dar señales claras

Hay un diagnóstico evidente que atraviesa transversalmente el país: una situacion de fragilidad económica que preocupa fuertemente a los argentinos y en particular, pero no de forma excluyente, a aquellos que tienen un empleo en el sector privado o a los empresarios pymes. Pero además, hay una mayoría que considera claramente que el escenario a futuro puede ser peor, y eso agrava más aún las cosas. Primero porque a la sensación de mochila pesada y de dificultad para caminar se le suma la idea de que a la vuelta de la esquina aparecerá una montaña. Eso no sólo inquieta y agrega malhumor, sino que lleva a tomar ciertas actitudes o conductas que en economía suelen asociarse a la contracción de gastos o inversiones. Los agentes económicos adoptan una posición más defensiva.

Hubo, en este sentido, un par de datos surgidos de este domingo. Primero la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came) dio a conocer su habitual informe de consumo, en este caso correspondiente a mayo. Y allí se observó algo que se venía anticipando a partir de la evolución ascendente de la inflación: que el consumo se iba a cansar en un momento. Fue lo que ocurrió. En la carrera de ingresos y precios, los primeros suelen ganar la carrera hasta el primer piso al ir por la escalera; pero si la meta es más prolongada, el que va en el ascensor se impone con comodidad. Y esta es una de las carreras más largas que se recuerden, lo que explica también el abrumador agobio.

El 71,8% de los argentinos dijo que el rumbo del país está mal orientado y más de la mitad de los votantes de Alberto comparte ese diagnóstico.

El costo de esto es que la inflación puede generar su propio remedio -que deberá evaluarse si no es peor que la enfermedad- porque al no detenerse la escalada de precios el daño sobre los ingresos crece y en un punto empieza a erosionar el consumo por el deterioro marcado del poder de compra. Si el consumo cae mucho, en parte puede desacelerar la inflación, aunque esto no siempre ocurre de esta manera.

Lo cierto es que la Came dio a conocer un informe en el que mostró que las ventas minoristas cayeron 3,4% anual en mayo, medidas a precios constantes, y un 8,9% frente a abril. “Todos los rubros relevados vieron retroceder sus ventas, tanto en la comparación anual como mensual. El mercado de consumo notó el menor poder de compra del ingreso familiar y las menores propuestas de financiamiento”. Una situación de manual que explica el malestar general surgido de la situación económica.

En este marco, también ayer se conoció un relevamiento de la consultora Zuban-Córdoba y Asociados en el que, además de la imagen de los políticos e intenciones de voto para el año próximo, se preguntó sobre el rumbo del país. La respuesta fue contundente: 71,8% dijo que está mal orientado. Pero un dato adicional es que entre los votantes de Alberto Fernández hay más que comparten esa visión que los que responden que está bien la dirección del Gobierno.

Scioli tiene en agenda la caída del consumo, la mayor importación con escasez de dólares y las restricciones energéticas durante el invierno.

Naturalmente que por todo este escenario, y el calendario que ya muestra el tránsito por la mitad del año y una mayor cercanía con 2023, el Gobierno está también contra la raya. Y las señales que da lejos están de sumar certidumbre. La salida del ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, un hombre de diálogo con el mundo empresario y afín al Presidente, aportó un gramo más de dudas, aunque su reemplazante no es alguien que asuste a esos sectores sino más bien lo contrario. La llegada de Daniel Scioli intenta no romper esos puentes de diálogo que mantenía Kulfas. Los empresarios pidieron rápidamente mantener el rumbo de esa cartera, transparentando su cercanía con el ahora exministro.

Scioli deberá lidiar con varios temas de agenda y no tendrá demasiado tiempo para calentar. La producción hoy tiene la alarma de la caída del consumo en todos los rubros durante mayo, las dificultades por la importación creciente de bienes que impide la acumulación de dólares en el Banco Central al tiempo que obliga al Gobierno a administrar el ingreso de bienes de consumo y de capital ante la escasez de reservas, y la amenaza del faltante de energía en los próximos 60 días, entre otros fantasmas.

Un párrafo aparte merece, ante ese cuadro, la gira del gobernador Juan Schiaretti con empresarios de Córdoba por el País Vasco. El mandatario provincial intenta así seguir contrastando su situación y sus vínculos con la tensa relación que mantienen los empresarios con la Nación. Junto a Schiaretti hay representantes de la agroindustria, de los clusters tecnológicos, biocombustibles, representantes de cámaras de comercio exterior, entre otros.

Lo cierto es que el cuadro de situación muestra una complejidad extrema con un nivel de ingresos que sigue en caída libre, una inflación que no se detiene y que en mayo habría rondado el 5%, y ahora el retroceso del consumo como consecuencia primaria y el malhumor y la preocupación social, como secundaria. Esto le mete presión al ministro Martín Guzmán, que con la salida de Kulfas seguramente deberá apurar resultados en ese sentido antes que le golpeen la puerta. Porque además el Gobierno, en un instinto de supervivencia, sabe que así no será posible encarar con éxito el 2023.

Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal